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domingo, 13 de octubre de 2024

La gasolinera onírica (Kenai Zupe)

Entrada del blog escrita a mano, nada de IA
HECHO A MANO POR HUMANO.
En este blog todas las entradas se escriben a mano, 
sin intervención de inteligencias artificiales. 

En aquel tiempo, hace más de veinte años, no solía viajar solo y me gustaba realizar los trayectos largos de madrugada, al menos desde que descubrí que —con las gafas puestas— podía ver bastante bien la carretera y enfocar apropiadamente las luces de los coches. 

Por algún motivo que no alcanzo a recordar en aquella ocasión viajaba solo y pese a haber abandonado Madrid rumbo al sur, hacía más de cuatro horas, aún no era medianoche. Debió ser casi en Navidad, en fechas muy próximas al solsticio invernal. Transitaba por esas enormes rectas de la llanura de Antequera. Me salí de la autovía que llevaba a Sevilla y puse rumbo a Ronda tomando el desvío hacia Jerez. Tenía ganas de estirar las piernas y no quedaba demasiado combustible, así que cuando vi a lo lejos, a la derecha, las luces de aquella gasolinera tan solitaria, poco antes de llegar a Campillos, decidí parar a repostar. 

Gasolinera onírica

En principio, no aparecía nadie y pensé si acaso estaría cerrada la estación de servicio, pero había luces encendidas y al rato asomó por la puerta un tipo vestido con los colores de una célebre compañía petrolera. No vino hacia mí, sino que desde donde estaba, sin entusiasmo, dijo algo que no conseguí entender. 

Me llevé expresivamente la mano hasta la oreja preguntando: 

—¿Cómo dice? 

El tipo siguió sin acortar su lejanía y gritó una frase ininteligible, que escuché que sonaba algo así como: 

—¡Kenai zupe! 

No era capaz de atribuirle ningún significado lógico a su mensaje que, más que una frase con su sujeto, predicado y demás avíos, parecía el nombre y apellido de algún amigo subsahariano de Orzowei. 

—Disculpe, no le entiendo —volví a gritar sin acercarme yo tampoco a él. 

Pero el hierático individuo, en vez de reformular su mensaje de manera más comprensible, volvió a repetir su críptico conjuro: 

—¡Kenai zupe! 

En mitad de ese paraje solitario, en horas limítrofes con la medianoche, tras una larga travesía solitaria apenas acompañado por la música radiofónica, aquella situación parecía constituir una extraña pesadilla. Miré dos veces la hora en mi reloj Casio digital, por si acaso, pero en ambas ocasiones vi las veintidós cincuenta y nueve, así que no me encontraba soñando, aquel suceso era real pese a su apariencia onírica. 

—Perdone, ¿qué decía? —insistí gritando más. 

El señor puso cara de resignado fastidio y, como si hablara con un tontito, gritó bien alto y más despacio: 

—¡Kenai zupe! ¡Ke-naaai zuuupe! —repitió abriendo los brazos como alejando de sí cualquier responsabilidad.

IA hermosa imagen artística en acuarela de una gasolinera onírica en mitad de un hermoso paisaje semidesértico

Me quedé un rato quieto, pensativo, intentando desentrañar el esotérico mensaje que trataba de transmitirme, pero no fui capaz de desencriptarlo, así que volví a subir al coche y seguí rumbo hacia Ronda sin repostar, dándome por vencido. 

Unos kilómetros más adelante seguía dándole vueltas al incidente, pensando seriamente en si acaso aquel señor le había dado un ictus que no supe diagnosticar y quizá debería haber llamado a una ambulancia. 

En eso pensaba cuando al fin vi la luz y de repente conseguí descodificar el mensaje que aquel señor me intentaba transmitir. Llegué a la conclusión de que la primera frase que no le entendí debió ser: 

—No hay súper. 

Refiriéndose a “gasolina súper”, porque había detenido mi vehículo junto al surtidor de súper, en el que —por cierto— no había ningún cartel avisando de la carestía de tal combustible.

Y cuando me llevé la mano a la oreja para indicarle que no le había entendido su respuesta, traducida al castellano de Valladolid, la expresión 'kenai zupe’ debía significar: 

—Que no hay (gasolina) súper.

Me partía de risa yo solito al percatarme del malentendido tan tonto. 

En años sucesivos he circulado un montón de veces junto a esa gasolinera y siempre recordando la curiosa anécdota al pasar por allí bajo la ventanilla y grito: 

—¡Kenai zupe! 

No hace mucho, al regresar del disfrute de unos días de vacaciones de verano en la Serranía de Ronda, volví a pasar junto a la gasolinera y observé que estaba cerrada porque se encontraban allí en pleno rodaje. Había un montón de gente, furgonetas, camiones, cámaras, iluminación adicional, micrófonos de pértiga y demás, todo un impresionante despliegue técnico. Me pregunté con curiosidad qué sería eso que estaban rodando: acaso un anuncio publicitario, quizá una película o puede ser que una serie de televisión. No tenía ni idea, no había leído nada al respecto ni allí encontré pista alguna que pudiera esclarecer la intriga. 

Poster de la serie Kaos, de Netflix

En los meses siguientes estuve atento a ver si localizaba aquella gasolinera en algún anuncio publicitario, en alguna película o en alguna serie. Busqué en internet a ver si hallaba cualquier información al respecto, pero no encontré absolutamente nada. Para alguien tan maniático y obsesivo como yo para con los misterios resultaba bastante frustrante llevar un par de años sin haber averiguado nada respecto a ese enigma.

Mas hete aquí que la otra noche nos pusimos a ver en Netflix la serie Kaos, una estupenda producción basada en la mitología griega en la que Jeff Goldblum  interpreta a Zeus.

Desde el principio tuve claro que se rodó en buena parte en la geografía española porque se reconocían muy fácilmente localizaciones en Sevilla, Málaga, Almería y Madrid.

Y al fin, al arrancar el tercer episodio, aparecen las tres Furias (las Erinias mitológicas), en plan moteras y llegan a una gasolinera para cumplimentar una venganza tras una maldición. Y tardé unos segundos, pero antes de que las motoristas justicieras abandonaran la estación de servicio que presuntamente se ubicaba en Creta retrocedí con el mando a distancia para cerciorarme bien y exclamé:

—¡¡Es la gasolinera de Kenai Zupe!!

GASOLINERA  Tyndareus al principio del tercer episodio es la Cepsa La Colonia de la carretera A384 cerca de Bobadilla

Y, efectivamente, lo es. Aquí una web con muchas de las localizaciones de la serie: 



jueves, 28 de enero de 2021

Magister docet

 El noble arte de la enseñanza y la importancia de la buena educación

A los quince años bastante preocupación tiene uno lidiando con la adolescencia como para tener que enfrentarse a complicaciones adicionales. Por lo que sea, decidieron los dioses que a esa edad me viese forzado a abandonar el cálido nido para irme a estudiar a un internado en tierras lejanas.

Aquel tren expreso que se arrastraba lento durante la madrugada me escupió en mi nuevo destino tras una docena de horas descubriendo exóticos olores en compañía de desconocidos en un reducido compartimento de segunda clase: ya sabías cuál era tu sitio.

He perdido la cuenta de las distintas reformas educativas, pero sí recuerdo que entonces —iniciando los ochenta, cuando la palabra SIDA era aún tan desconocida como COVID-19— se estudiaba lo que se denominaba BUP; yo cursaría el segundo curso de aquel Bachillerato Unificado Polivalente..

Teníamos una asignatura llamada Latín.

—¿Quién nos da Latín? —preguntó un veterano con el miedo esbozado en su rostro.

—¡Uf, nos ha tocado La Tapona!

El mote no era excesivamente ingenioso: le venía por su complexión física —bajita y gorda— pero el verdadero problema era el miedo que infundía en los alumnos. Pronto pude sentirlo en primera persona del singular. Más que clases educativas aquello parecían interrogatorios de la Gestapo en los que vivías en un continuo estrés por si no sabías declinar correctamente algún sustantivo o conjugar un verbo, nadie se libraba de las preguntas sorpresa ni de los irónicos comentarios hirientes si fallabas.

La vida de Brian

Años después, cuando vi la película La vida de Brian me dio un ataque de risa en la mítica escena en la que un guardia romano sorprende al protagonista haciendo pintadas en un edificio y en vez de detenerlo lo regaña y le tira de las orejas porque había escrito incorrectamente: "Romanos fuera". Me recordó a La Tapona.

En aquel curso, sintiéndome abandonado en un lugar lejano e inhóspito, tiré de rebeldía juvenil y me refugié en las novelas de evasión. Como solía decirse de los malos estudiantes: suspendí hasta el recreo.

Al año siguiente a mis traumas antiguos sumé uno nuevo: el estigma del repetidor, pero —sabedor de que si volvía a repetir me expulsarían— no comencé el curso tan desanimado.

Entonces era yo el veterano que le preguntó a un compañero:

—¿Quién nos da Latín?

—Un profe nuevo, viene de fuera, ni idea.

Me alegré,  porque no era partidario del más vale malo conocido y sí del hemos venido a jugar.

Llegó a clase con la máxima expectación entre el alumnado por ver qué nos esperaba. Por la puerta apareció un individuo delgado, bajito, con el pelo muy corto y algo escaso, con pinta de curilla y sin embargo con cara de buena gente. Lo primero que hizo fue decir que no tuviéramos miedo de la asignatura porque era apasionante y lo íbamos a pasar muy bien aprendiendo. Además nos contó que era nuestro tutor y que podíamos contar con él para lo que quisiéramos. ¡Y no era mentira!

Don Manuel Olea, mi mejor maestro

En solo unos meses don Manuel Olea consiguió que esa clase que el año anterior me resultaba odiosa me pareciera agradable y que disfrutase traduciendo a los clásicos. El Latín, que era el "coco" para los infortunados alumnos de La Tapona, era una asignatura agradable con don Manuel.

Cuando alguien llegaba tarde a clase en vez de regañarlo le pedía que pidiera permiso para entrar en latín:

Patetne aditus? —decíamos.

Recta introea —respondía sonriente.

Siendo yo elegido como director de la revista literaria del instituto él se ofreció a ayudarme y cuando le presenté las primeras ideas y bocetos me dio un gran consejo: la gente está más cómoda leyendo líneas cortas, por eso los periódicos publican en varias columnas. Entonces decidimos que nuestra revista en formato A4 se editaría en dos columnas, lo que la hizo mucho más vistosa y atractiva.

Revista Fenix, Ronda, Patronato Militar
Un día se jugó un partido de fútbol sala de profesores contra alumnos. Nuestro tutor no era diestro con el balón en los pies, pero se le veía asfixiado al pobre. Un alumno le dio una patada en un lance del juego y era tal el cariño que suscitaba que el alumno fue abucheado por nosotros, sus compañeros.

En clase nos burlamos cariñosamente de su escasa habilidad balompédica:

—Sé que juego mal, por eso me esfuerzo mucho en correr a atacar y defender, para suplir con entrega mi impericia.

Un día no pudo atendernos para una reunión de la revista y nos invitó a ir a su casa el sábado por la mañana. Los tres alumnos que llevábamos el peso principal de la publicación fuimos allí y nos sorprendió comprobar que vivía muy humildemente con su mujer y un montón de hijos y que trabajaba en un pequeño rinconcito sobre una mesita redonda (me recordó un poco a Antonio Gamboa).

Un par de años después obtuvo otro destino y se marchó, pero dejó su huella.

A mediados de los noventa coincidimos cuatro amigos que habíamos sido alumnos de don Manuel y nos enteramos de que estaba de director en un instituto en Coín y decidimos ir a visitarlo.

—¿Pero cómo vamos a encontrarlo en un fin de semana? —objetó una de las compañeras.

—¡Seguro que lo conocen!

Efectivamente: nada más llegar al pueblo, al primero que le preguntamos por el director del instituto nos indicó dónde vivía. Qué ilusión nos hizo volver a verlo, estaba igual de afable y sonriente, se notaba que se alegraba sinceramente de vernos.

No lo entretuvimos mucho porque es un hombre muy ocupado, pero pasamos algo más de una hora agradable poniéndonos al día.

Me trasladé por trabajo muy lejos de allí y no volví a saber de él hasta que en 2003 —inesperadamente— lo reconocí en las noticias en la televisión.

el asesino de Sonia Carabantes

Fue un suceso que entonces impactó a España: el asesinato de la joven Sonia Carabantes, que estudiaba en el instituto que dirigía don Manuel.

Aquel terrible crimen había dejado trastornados a sus compañeros de instituto… se puede uno imaginar la magnitud del alcance emocional para los chavales, pero supe que don Manuel era la persona más apropiada para gestionar un hecho tan brutal y desconcertante.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Ocoño

Nos hemos plantado ya en noviembre de este 2020 tan sobradamente aborrecible, a ver si acaba pronto y en 2021 empezamos a ver la luz al final del túnel vírico.

mierda de año 2020

Tengo el blog medio abandonado y es que resulta complicado animarse para emprender cualquier cosa, por pequeña y simple que sea, como este tontorrón diario de a bordo en el que a veces escribo.

* * * * *

Novacaciones. En este año de mierda no se puede ni hablar de disfrutar vacaciones, pero al menos tuvimos unas mini-no-vacaciones. 

Dispusimos de una semanita entera para irnos mi señora y yo con nuestras dos criaturillas —bien crescidas— ancá mis suegros: lo que viene siendo el paradigma absoluto de unas vacaciones de ensueño, vaya.

Al menos sirvió para hacerle una pequeña despedida y homenaje a mi padre.

Tributo doble: mediante una buena comida (la celebración predilecta de mi padre) y mi ocurrencia de arrojar parte de sus cenizas en una de sus playas favoritas en las que se podía pasar horas buceando (una vez sufrió un incidente y regresó ya de noche, con mi madre asustada).

Una maravillosa noche de agosto en el recomendable Mesón Carmen la de Ronda, sito en la hermosísima Plaza Duquesa de Parcent, en la parte antigua de Ronda (Málaga), junto a Santa María la Mayor, al aire libre —sin mascarillas— pudimos al fin hacer la cena en recuerdo de mi padre: mi hija, su novio, mi hijo, la Sra. Maif y yo.

   

Y al día siguiente fuimos a la costa, a esa playa que tanto le gustaba cerca del límite entre las provincias de Cádiz y Málaga, desde donde se divisa a lo lejos el Peñón de Gibraltar, y pudimos esparcir allí sus cenizas.

Playa de los Toros

* * * * *

Desde ahí nos fuimos a comer al pueblo donde vivimos cuando mi padre estuvo destinado en el grupo de misiles del estrecho, en San Roque

Tuvimos que comer en el restaurante de La Alameda (solo recomendable por su hermosa ubicación) y en el que nos cobraron hasta por una cesta de pan que no pedimos, pues todos (menos yo) pidieron hamburguesas —con buen criterio— al ver la calidad del lugar. 

Así que al mirar la factura y fijarme en ese detalle, pillé todo el pan de la cesta y aproveché para echarle de comer al mogollón de palomas que había junto a la fuente.

Por cierto, no me extraña que los viejos se pasen el día alimentando a las palomas: es algo de lo más divertido, te crees Dios.

Dando de comer a las palomas en la Alameda de San Roque
 
* * * * *

Así que tras esas mini-mierdi-vacaciones en mi querida Andalucía nos volvimos a casa de vuelta a la rutina. Al menos agradecí mucho el momentáneo cambio de aires tras tanto tiempo confinado, porque he estado prácticamente todo el año sin salir de casa.

* * * * * 

Y así sigo: al trabajo y a comprar de vez en cuando, poco más salgo del piso, tengo el coche abandonadito.

Así que ahora me ha dado por las plantas. Ya tengo tres bonsáis, una tradescantia, un poto, una planta del dinero, otra de Madagascar cuyo nombre no recuerdo y varios cactus y suculentas.

Cactus y suculentas

Y hemos adoptado un nuevo gatito. Había aquí abajo una camada múltiple, pero uno de los cachorritos se ve que era el más torpecete y mientras los demás ganaban peso él estaba en los huesecillos, con heridas feas, muy sucio, con las orejas infestadas de parásitos y medio ciego, con los ojos turbios y cerrados. 

Ya ni siquiera huía de los perros ni de las personas, se quedó quietecito sin fuerzas... hasta que mi hijo lo llevó al veterinario. 

Les presento al tercer gato de la familia: Miwi.

 

  * * * * *

Es curioso que en este año tan rarísimo no sabe uno bien decir dónde ha empleado el tiempo. Se supone que debería uno haber podido leer mucho, ver muchas pelis y series, escribir más... pero nada de eso ha ocurrido. Tampoco es que vea la tele porque me dan alergia los telediarios  y ni me acerco a ningún programa de actualidad.

Si he visto varias series interesantes como:

La conjura contra América

Devs

La línea invisible

The Mandalorian

Mrs. America

Perry Mason

Unorthodox

la inglesa Back To Life  

o la danesa Sex.


También me falta por ver el último capítulo de la interesante serie española Patria y también el último de la estupenda Gambito de dama.

Y estoy viendo Ratched, Nasdrovia, Emily en París y la deliciosa comedia Schitt's Creeks.

 * * * * *

Hoy he visto con mi hijo el último Informe Robinson, en el que se homenajea tras su muerte al ex-futbolista y comentarista televisivo Michael Robinson.

Mi hijo no ha podido evitar que se le humedeciesen un poco los ojos; a los dos nos caía de putísima madre "nuestro guiri", pero yo he resistido sonriendo y riéndome con su delicioso humor, porque sé que es lo que él querría.

Michael Robinson con la Copa de Europa que ganó con el Liverpool

A mí me pasa igual: si supiese que iba a fallecer pronto (¡y tengo taaantas papeletas!) me horrorizaría pensar que me recordasen con pena o lágrimas, querría ser recordado por lo cabroncetemente bromista que he sido siempre, por disfrutar de las risas como de lo más sagrado de este mundo, que hiciesen chistes sobre mi resurrección o de lo que estaré haciendo en el infierno.


* * * * *

Indiana Jones y la última cruzada, escena en el Cabo de Gata en la playa de Mónsul

Otro fallecido reciente ha sido el actor Sean Connery. Recuerdo que cuando íbamos a la playa mi señora y yo en Marbella, pasábamos siempre al lado de un chalet y mi entonces novia me informaba: este chalet es de Sean Connery.

Solía mirar a ver si lo veía, algo que nunca ocurrió. De hecho se ve que no fui el único: el actor confesó que vendió esa casa en los noventa porque mucha gente se congregaba alrededor de su chalet en la playa para cotillear y estaba harto de que la gente le viera en ropa interior en su propia casa (tampoco entendí nunca que el tipo no ocultase el casoplón con un muro o unos setos... quizá quería ver el mar, pero el mar también le vería a él).

Sean Connery interpreta al monje franciscano Guillermo de Baskerville en la adaptación al cine de la novela de Umberto Eco El nombre de la Rosa

Mi personaje favorito de su carrera fue interpretando al monje franciscano Guillermo de Baskerville en la adaptación al cine de la novela de Umberto Eco El nombre de la Rosa

También me encantó en Indiana Jones y la última cruzada, me gustaba más de mayor que de joven. La escena con el paraguas en la playa almeriense de Mónsul en el Cabo de Gata es de mis favoritas, toda esa peli es de lo mejor del cine comercial familiar de entretenimiento.

Pero mi homenaje al nonagenario no consistió en volver a ver una peli suya que me gustase, sino en descubir alguna nueva para mí. Finalmente me decidí por una que rodó antes de mi llegada al mundo: La colina de los hombres perdidos de Sidney Lumet ("The Hill", 1965). Anoche me acomodé yo solito en el sofá de madrugada y la disfruté en Filmin. Fue una experiencia de lo más agradable disfrutar de aquel actor de jovencito, en un papel tan distinto de sus jamesbonds con los que triunfaba.

La historia no me impactó especialmente por ser conocedor de eso mundos militares y sus castillos, pero aún así el libreto (mejor guion en Cannes aquel año) me sorprendió favorablemente. Y es que el escritor se basó en hechos reales que vivió en primera persona.

La peli está rodada en Málaga y en Almería. Aquella fue su primera visita a Almería, que en aquellos tiempos era casi como ir a África, o peor: la carretera de Málaga a Almería —desde donde llegó— era un infierno de curvas y travesías (y lo siguió siendo hasta no hace mucho). Una década después volvió a la tierra de los legañosos para rodar El viento y el león [The Wind and the Lion, 1975]  y se sorprendió de que aquel lugar siguiera tan atrasado. Me imagino que cuando volvió en 1988 a rodar la de Indiana Jones ya habría mejorado algo, yo me fui a vivir allí cinco años después.

Es un placer descubrir pelis antiguas, con cualquier excusa, una sensación maravillosa y a la vez perturbadora si piensas un poco en toda esa gente joven y bella... como estarán ahora, si es que "están". De hecho de los actores de esta peli quedaban dos vivos. Ahora solo uno... sic transit gloria mundi.

martes, 24 de julio de 2018

Días de cervecita artesanal y Netflix

Aquí me encuentro, de repente solo: la muchacha en Santorini de vacaciones, el muchacho de veraneo en Málaga y mi sufrida esposa trabajando. A mí aún me queda esta semana...

Vistas de Santorini y de Málaga capital.


El lado bueno de verse abocado a semejante soledad es que al fin te percatas de que no eres en absoluto imprescindible, ni siquiera mínimamente necesario y da un cierto alivio pensar que al fin podría uno amochar sin que sus deudos lo notaran mucho, quedando más o menos ellos en buena posición. Total: moriremos igualmente en una cantidad de tiempo ridículamente minúscula, al menos que pueda uno dejar de sufrir jodidos dolores sin miedo a dejar a la tropa en orden.

Pasamos en familia una semanita juntos

He ido a ver la Alhambra cuatro o cinco veces, pero nunca había llevado a mis hijos por la cosa aquella de que cada año pasamos por allí al menos dos veces... ya la veremos. Y así van pasando los años y al final no la ves nunca. Lo mismo nos pasaba con los dólmenes de Antequera.

Dólmenes de Menga, Viera y el Romeral en Antequera... con la montaña mágica al fondo y la Alhambra de Granada


Como quiera que uno va intentando tachar cosas de la lista de pendientes, este año saqué entradas para que un día fuésemos expresamente a ver la Alhambra. Y ese mismo día, como nos pillaba de camino desde Ronda, visitaríamos los conjuntos megalíticos antequeranos.

Y eso hicimos, con gran estusiasmo. Por la mañana los monumentos megalíticos (los dólmenes de Menga y Viera están juntos en el mismo complejo, para llegar al dolmen del Romeral hay que desplazarse... está a cinco minutos en coche de los otros).Tras la visita nos fuimos a Granada a comer. Teníamos visto un sitio recomendado en tripAdvisor, pero estaba a tope y tuvimos que ir a otro aleatoriamente, que resultó ser bastante decente. Y por la tarde la Alhambra, a dejarse embargar por esa belleza inasumible que te acaba desbordando.

Venía con nosotros el novio de mi Chiqui, que nos invitó a pasar unos días en una villa en Chiclana, así que gracias a su generosidad he podido tachar otra cosa de mi lista: veranear en el litoral Atlántico (casi siempre acabamos en el Mediterráneo).

Villa con piscina privada, jacuzzi y cama balinesa y la impresionante playa de La Barrosa


Impresionante la playa de La Barrosa, de una belleza descomunal, pero uno siempre tiene esa desazón perezosa por tener que andar cien metros para mojarse los pinreles...

La villa estaba situada unos kilómetros hacia el interior, en un lugar silencioso, salvaje y despoblado. Gracias a ello una noche pude contemplar el espectáculo acongojante del firmamento estrellado. No había luna nueva, pero casi y al tumbarme en la cama balinesa del jardín pudiendo ver con tanta claridad las estrellas experimenté una sensación jodidamente mística, o lo que sea, un puntazo, vaya. 

La hermosura de un cielo nocturno plagado de estrellas


Pensaba haber ido el último día entero de visita al Parque Nacional de Doñana, pero —por circunstancias ajenas a TVE— no pudo ser: otro apunte pendiente de tachar de la lista.

Cervezas artesanales (Rondeña y La Sagra de Castilla) y Netflix...¡buen verano!


Pero ahora estoy solo en casa. No diré que aburrido porque suelo aburrirme muy raramente, pero sí bastante ocioso. Me traje de Ronda unas cervezas artesanales la mar de buenas que elaboran allí. Y aún me quedaban en la nevera algunas birras artesanales madrileñas y toledanas. Así que, bien pertrechado, trato de ponerme al día con Netflix.

Tenía un perturbador problema potencial... sospechaba que, como últimamente duermo tan mal, tan poco y despertándome cada dos por tres, había perdido la capacidad de soñar. Me paraba a pensar y no recordaba ningún sueño en muchos meses atrás. Parecerá una gilipollez, pero el asunto me preocupaba. ¿Te vuelves loco si no sueñas? ¿Hace tiempo que estoy chiflado? Es más... ¿realmente hace tiempo que no sueño o simplemente es que no recuerdo ningún sueño porque hace años que aprendí a someter las pesadillas nocturnas?

Ayer estuve concienciándome, como cuando me dio por los sueños lúcidos, por intentar recordar si soñaba algo. Me concentré y me obsesioné lo suficiente como para obligarme a recordar cualquier sueño.

De hecho fui a más. Pensé en volver a tener un sueño lúcido y me empeñé en darme cuenta de que estaba soñando para poder conducir mi sueño hasta donde yo quisiera. Me concentré en el infalible método de consultar el reloj dos veces seguidas y estar atento a cualquier situación extraña para tomar el control. 

¿Qué hacer con el control de mi sueño? Pues... lo siento, pero a mi mente sencilla y lujuriosa tan solo se le ocurrió tener sexo con quien yo quisiera.

Joder, ¿a vosotros no os pasa que de pronto os planteáis que os toca la lotería y pensáis qué hacer esa misma noche o al día siguiente y no se ocurre nada especialmente memorable? A mí sí, y acabo pensando que en ese momento no merezco que me toque la loteria (porque yo soy de los que siempre juegan, en las fronteras de la ludopatía).

Pues con esto me pasaba igual: esta noche podría tener sexo con la mujer que yo quiera, incluidas las famosas... cualquier actriz: Emily Ratajkowski, Jennifer Lawrence, etc. ¡Y no se me ocurría nada! 

Emily Ratajkowski y Jennifer Lawrence... bah, no tienen morbo


Qué penoso, en serio. Al final empecé descartando a las famosas, porque yo soy más de morbo que otra cosa, así que mejor con alguien a quien conozca de la vida real. Finalmente me decidí por una escultural cuarentona a la que hace nueve largos meses que no tengo el gusto de ver.

La noche se ha saldado como en aquellas viejas situaciones: una noticia buena y una mala.

La mala es que no he podido volverme lúcido y no he podido tener sexo vicario con mi diosa, pero la buena noticia es que sí... sigo soñando por las noches.

Pese a despertarme varias veces, pasadas cuatro o cinco horas del sueño primero profundo, una de las veces que me desperté me obligué a permanecer un rato despierto concentrándome de nuevo en la tarea de recordar cualquier sueño que pudiera tener.

Y así ocurrió que la primera vez que me desperté tras eso, hora y media después... pude recordar vagamente un extraño sueño en el que un enemigo mío ¿¿?? salía herido accidentalmente, aún así corrí a su lado a ayudarle, pero cuando me acercaba a él me di cuenta de que me estaba esperando con un hacha enorme, así que me largué corriendo de allí y luego seguí soñando no recuerdo qué cosas.

Al despertarme traté (sin mucho éxito, como se puede ver) de recordar bien todo el sueño y, como aún estaba somnliento, me propuse volver a soñar. Y así fue, al despertarme un par de horas más tarde empecé a recordar otro sueño, que por no apuntarlo se me ha olvidado, aunque recuerdo que mi mujer aparecía en él: quiere uno soñar con que se acuesta con otra y acaba soñando con su mujer de toda la vida... ay, para todo soy igual de bobo.

En fin, ojalá me duren los botellines y las buenas series en Netflix.

Me he pasado unos meses meneando el avispero de mi novela con bastante saña. Al final, malherido,  he dejado reposar ese universo y espero el momento en el que un inflatón cualquiera ponga en marcha un bigbang literario que te cagas que expulse violentamente todo ese material ahora tan calmo, tan ajeno a espacio y tiempo. Ojalá sea pronto y me pille boli en mano.


lunes, 20 de noviembre de 2017

Persebú

Hace un puñao de años tremendo tuve una "casera" en cierta población de la provincia de Málaga, que al verme sacar del maletero del coche tantas cajas con libros encontró un buen tema del que hablar conmigo: Literatura.

La señora empezó a hacer toda una apología de la lectura de lo más loable. Me preguntó por mis gustos y tal.

Al final me confesó que su autor favorito era "Persebú".

—¿Quién?

Persebú, ¿no lo conoce?

—Ahora no caigo... ¿qué ha escrito?

—Muchos libros muy famosos como "Viento del este, viento del oeste"...


Recuérdenme que otro día les cuente otra anécdota que tengo con Pearl S. Buck, en concreto con "La buena tierra".

Saluti a tutti!

domingo, 26 de julio de 2015

Gratitud en vídeo

Desde siempre me había hecho ilusión postear una entrada haciendo un vídeo en vez del clásico texto, pero —dado que no he contado con los medios ni el talento para ello— hasta el momento me ha resultado imposible.

Ahora, en cambio, aunque sigo sin contar con los medios adecuados y continúo careciendo del talento necesario, he decidido suplir todo eso con improvisación ensayo-error y con mucha osadía para así poder perpetrar mi primera video-entrada. Ustedes sabrán disculparme.



Saluti a tutti!

¿Y si Dios nos está entrenando? La teoría que une el DMT, el karma y los ángeles

Un cerebro humano fabrica, en su propia glándula pineal, una molécula capaz de abrir la puerta a un mundo poblado de seres. No fantasmas dif...