Mostrando entradas con la etiqueta humor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta humor. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de febrero de 2024

El gato gordo de Schrödinger-Maif

El gato gordo de Schrödinger, experimento teórico y real

 Aquí replicando el célebre experimento científico teórico, pero en el mundo real: el gato Miwi ha conseguido —contra todo pronóstico— meterse en tan estrecha caja del último paquete de Amazon. 

La duda es ¿conseguirá salir?

viernes, 29 de septiembre de 2023

Malos tiempos para la comedia

 Ayer nos fuimos a ver la grabación del programa de televisión LA RESISTENCIA al teatro Príncipe, junto a Gran Vía. Ya habíamos asistido como público en una ocasión anterior en la segunda temporada, cuando se grababa en otro teatro madrileño.

Logo del programa de televisión de Movistar + La Resistencia con David Broncano Ricardo Castella Grison y Jorge Ponce

La diferencia principal es que ahora vino Lady Maif, que en la vez anterior no pudo asistir.

Nos citan a la entrada del teatro a eso de las 17:20 horas. La espera la ameniza el señor Lorenzo, o sea que pegaba bien el sol mientras hacíamos la fila, jodido cambio climático.

Tras enseñar las entradas e identificarnos nos van pasando al teatro. Me toca un asiento justo en el pasillo principal por el que entra David Broncano, bien.

Al principio al empezar el programa es costumbre insultar a grito pelao al presentador. Como no tengo nada contra él lo único que se me ocurre como insulto es "abraza montañas", por el tema de su afición al montañismo: al igual que a los ecologistas les insultan llamándolos "abraza-árboles". 

El programa muy divertido como siempre, no me he perdido ni uno solo desde el principio. Para mí es algo terapéutico, necesito siempre unas dosis de risas para sobrevivir en este mundo que a menudo se pone tan dificilito de cabalgar. Suelo verlo siempre en compañía. Mi hijo Óscar es un fijo cómplice co-espectador y a veces se apunta la señora Maif. Es importante sentirse en comunión con alguna comunidad buenrollista. Durante lo peor de la pandemia se agradeció especialmente que siguiera el programa adelante.

Movistar + La Resistencia escenario y público teatro Príncipe Gran Via David Broncano Ricardo Castella Grison Jorge Ponce Sergio Bezos

Primero nos habla la simpática Saray a los asistentes para darnos unas cuantas consignas sobre cómo comportarnos durante el show. 

A continuación hace el pre-show Sergio Bezos, que me gusta más de lo que esperaba porque a mí me gustaba mucho el murciano que había antes en su puesto, Jaime Caravaca

Luego sale un momento el loco de Grison, que se marca un momento super marchoso para subir la temperatura de las gradas y al fin comienza el espectáculo.

Pasa Broncano a mi lado tan simpático y no me pide el cuerpo murmurarle ningún insulto, como hacen otros de manera inquietante, así que me quedo calladito y aplaudiendo sin más.

Tuvimos la inmensa suerte de que ayer nos tocó contemplar en vivo la actuación del genial cómico Pablo Ibarburu, mi favorito en el panorama actual. Luego actuó Jorge Ponce, desde la calle, con sus paridas desde la Gran Vía.

El invitado fue Álvaro de Luna, un cantante del que no tenía noticia, que acabó cantando un tema suyo.

Nos reímos mucho, siempre disfrutas más in situ, donde se sincronizan risas y corazones humanos, que viéndolo desde casa.

Al salir nos fuimos a cenar a un restaurante cercano y comentamos entre risas detalles.

Durante el espectáculo a Broncano se le ocurrió una felicitación múltiple de cumpleaños: que Juanjo (que es el Jefe de producción del programa) felicitase a la chica de la piscina de bolas (la que tiene la foca que estuvo en la Antártida), que esta, a su vez, felicitase el cumple al cantante y por último que el cantante felicitase al padre de David Broncano, que también cumple años el 28 de septiembre. Así que les conté durante nuestra cena que en ese momento, Miguel Campos, —que se dedica a poner mensajitos y fotos en una pantalla que yo miraba de reojo constantemente (por que me parece un tremendo cachondo)— puso una imagen de la película The Human Centipede (El ciempiés humano), esta:

The Human Centipede el ciempiés humano Miguel Campos

Esa fue una de las muchas cosas que no se pusieron, parece que la corrección lo apesta e infecta todo últimamente.

Al salir del restaurante nos dirigimos de vuelta a Sol pare pillar el tren de regreso a casa y al pasar de nuevo por la puerta del teatro se burla mi hijo llamándome gallina en plan Regreso al futuro:

—Al final no llamaste a David Abrazamontañas.

Levanto la vista y casualmente veo frente a mí en ese instante a David Broncano, que acababa de separarse de un grupo en el que estaban Ricardo Castella, Grison y Jorge Ponce, y cual Marty McFly le digo a mi hijo:

—Pues se lo digo ahora: ¡David, eres un Abrazamontañas!

—Buen insulto, me gusta —contesta cordialmente el aludido con su clásico gesto de aprobación.

Óscar le pidió hacerse una foto y la verdad es que Broncano fue muy amable y simpático, pues imagino estarán hartos de que los paren por la calle constantemente para lo mismo. Un diez para David Broncano, majísimo, cordial y cercano.

Oscar con David Broncano en la puerta del teatro Príncipe Gran Vía

En cuanto al título de esta entrada del blog... me explicaré.

Lo pasamos en grande y hubo especialmente tres momentos que me parecieron los más incorrectos y los más graciosos. Pues bien, al llegar a casa y ver la emisión del programa comprobé con tristeza como la jodida estúpida censura se había cargado esos tres mejores momentos del show al editar. 

Dos momentos simplemente desaparecieron cortados por la tijera censora y otro fue aun peor porque editaron hasta la voz de Broncano poniendo en su boca algo que él no dijo, tremendísimo me parece.

Y no, no era nada escandaloso, cortaron cuando el invitado le regaló a Grison un porro (no se ve en pantalla).

También eliminaron un inocente —pero muy gracioso— chiste de Ibarburu sobre ETA. 

Y editaron a saco una simpática confusión de David sobre el 15M y el 11M que solventó el siempre atento Ricardo Castella. Lo arreglaron enmendando el error editando en sonido las palabra del presentador. 

Me parece muy triste privar a la gente normal de unas risas sanas solo porque esto se ha puesto hasta arriba de ofendiditos y de gilipollas, fatal.

¡Va a haber que crear locales clandestinos de comedia!





martes, 19 de noviembre de 2019

OK, Boomer

OK Boomer, Peter Griffin
Le estaba dando una ligera chapa a mi hijo sobre épocas pretéritas, pero me ha soltado un lacerante "Ok, Boomer" con tal vigor que se ha activado el reconocimiento de voz de mi móvil android...
Ok Google reconocimiento de voz de android

Emoticono de whatsapp

martes, 29 de octubre de 2019

¿Sagaz o mamón?¿Culo o codo?

Recuerdo que hace años, un día cualquiera, estaba trabajando en la oficina y me levanté para ir al baño. Cumplimentadas mis necesidades fisiológicas, mientras me lavaba las manos mirándome en el espejo pensé que no le vendrían mal a mis gafas una limpieza. Así que las puse bajo el grifo, con las yemas de los dedos extendí jabón sobre las lentes, las enjuagué y finalmente las sequé con papel higiénico. Los cristales quedaron relucientes.

Volví a mi puesto en la oficina tan ufano y cuál no fue mi sorpresa cuando al sentarme me miró mi compañero de negociado y dijo, como sin darle importancia a la cosa:

—Vaya, Maif, ya era hora de que limpiaras las gafas...

Me quedé ciertamente alucinado. Confieso que durante unos minutos llegué a admirar a mi compañero, por su increíble capacidad de observación. Oigan, yo no soy ningún guarro y mis gafas suelen estar limpias, había que ser un tipo con una retentiva espectacular para apercibirse de que había limpiado mis gafas.


Empecé a pensar que lo mío era un problema, porque yo soy una persona muy distraida y nunca me fijo en nada. De hecho mi compi de negociado podía haberse cambiado de corte de pelo y lo mismo ni me enteraba. En cambio, las personas como él que se fijan tanto en los pequeños detalles tenían mucho ganado, pareciéndome aquello digno de admiración.

En esos pensamientos positivos me hallaba inmerso cuando pasó a mi lado otro compañero y me dijo:

—Anda, Maif, quítate eso que te cuelga antes de que aparezca alguien.

 
Miré hacia donde señalaba y fue entonces cuando me di cuenta de que de una de las patillas de mis gafas colgaba un enorme trozo de papel higiénico que se había quedado enganchado al secar los cristales... Qué mamón mi compi, Patiño, el hioputa.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Improvisando chistes laterales

Ayer, mientras veía el fútbol en la tele con la siempre agradable compañia de mi hijo, en un momento dado la realización se centró en la zona de los banquillos y se escuchó un absurdo gritito extraño y ridículo que no supimos identificar. 

Nos miramos sincronizadamente, con extrañeza, el uno al otro, como compartiendo un reciente "déjà vu".

¿Pero qué puñetas está haciendo tu neumólogo ahí? —logré anticiparme.

Saluti a tutti!

viernes, 21 de febrero de 2014

Puñado de Post It

He pasado la gripe Z como un campeón: cigarrillo, ventolín, cigarrillo, ventolín, e-cig, aerososol de pulmicort, e-cig, hierba, codeína...

***

Uno de lo problemas de comprar por internet es que no calibras bien los tamaños reales con una foto, así que cuando me llegó el paquete con el cigarrillo electrónico dije: mierda, qué grande. Aquello más que un piti parecía el flasheador de «Men in Black» (mola).

***

Toda la vida descojonándome de lo no científico y de las terapias alternativas y resulta que lo único que me está consolando de los jodidos dolores de espalda y cuello en estos últimos años es la acupuntura, y eso que antes hasta me daban miedo las agujas.


***
Agotado, al final de la semana pude valorar plenamente toda la enormidad de aquel e-cigarrón vicario cuando telefoneé a mamá, sorprendiéndome su largo silencio al otro lado de la línea (tal cual si me estuviese entrevistando Jesús Quintero).
Hasta que caí en la cuenta de que estaba intentando darle una calada al celular y al observar —incrédulo— que tenía el e-cig en la oreja .

***

En la Baja Edad Media la edad media era baja.

***

Gasté todas mis balas. Contaron el la tele que una persona puede enamorarse hasta en una docena de ocasiones durante su vida. Recuerdo que cuando vivía en Madrid, cada vez que me pillaba atasco en la M-30 me enamoraba tres o cuatro veces diarias de las distintas conductoras cercanas.

***

Qué rara casualidad que en un folleto publicitario que me colocan en el limpia del coche se anuncie una academia de una ciudad cercana, en la que viví anteriormente. Lo curioso e inquietante es cuando te das cuenta de que el número de teléfono de contacto es... tu antiguo número. 

Y antes de mí lo fue de un mamón que dejó a deber dinero a mucha gente, lo cual me incomodaba porque cuando llamaban y trataba de explicarles que ese número ahora pertenecía a otro abonado (yo) y no al tipo por el que preguntaban (el mamón), sospecho que se quedaban siempre con la sensación de que se trataba de una vulgar excusa del caradura anterior para no pagarles.


***

Del bacalao me gustan hasta sus nadares.

*** 


No me constan datos demográficos acerca de la Alta Edad Media.


***

Me imagino que aún hoy alguno llamará a la academia reclamando las deudas del mamón.

***

Zamburguesas tecnológicas. En "Humor amarillo" había una prueba en la que los concursantes tenían que cruzar una extensión de agua saltando de piedra en piedra, pero algunas eran falsas. Tal que así me siento tratando de ahorrar algún dinero y preservar una mínima privacidad: icq, messenger, whatsapp (resbalón), telegram...

***

Si yo fuese el cobrador del frac y me presentara en esa nueva academia para intentar cobrar la deuda del mamón... volvería sin el dinero y matriculado en un curso de pilates, fijo.

lunes, 10 de febrero de 2014

Carnavales de Cádiz

Con lo que llevo visto hasta ahora del carnaval gaditano —del COAC 2014—, en la categoría de chirigotas, ya tengo a mis tres candidatas para finalistas del concurso (aunque tampoco lo he visto todo).

Estas son:

1/ La chirigota del Canijo "Las divinas de la muerte"



2/ La chirigota del Selu "Pepe Trola"



3/ "¡Cogerlo ahi!"


domingo, 17 de febrero de 2013

El bichejo que emergió de mis sueños

Todos hemos podido experimentar en alguna ocasión –¡con asombro!– ese curioso fenómeno por el cual algo que sucede en el mundo exterior lo terminamos incorporandos a nuestros sueños. Es algo raro e inquietante, pero sabemos que sucede.

La otra mañana estaba yo tan a gustito soñando, cuando de repente un bicharraco volador empezó a golpearse en su torpe vuelo contra mi nuca, y lo hacía repetidamente, persiguiéndome, como esas moscas idiotas que entran en un bucle perpetuo de chocarse contra un cristal, llegó a hacerlo cuatro o cinco veces.

En ese momento me desperté, pero no con ese alivio que se siente al despertar de una pesadilla, sino más bien con un desasosiego como sospechando que nos hallásemos ante un caso de haber incorporado a un sueño algo que ha ocurrido realmente en la habitación en la que duermo.

Dada mi primitiva fobia a los bichos soy bastante cuidadoso de que no entren insectos en la habitación, las ventanas están "protegidas" por tupidas redecillas disuasorias, pero nunca se sabe, así que hice una inspección visual del dormitorio en busca de la indeseada presencia de algún posible insecto volador. Nada de qué preocuparse y sin embargo no me quedé muy convencido.

A lo largo de esa mañana de sábado no pude evitar preguntarle discretamente a mi mujer. 

– Oye, ¿tú esta mañana has intentado en algún momento despertarme dándome unos golpecitos con el dedo en la nuca?

Se me quedó mirando con perplejidad y me dijo que, claro, que no tenía ella nada mejor que hacer que eso. Así que, aunque no sacó el cartel de "ironía", entendí que ella no había tenido nada que ver con mi  desconcertante y prematuro despertar de aquel día.

Y ahí quedó la cosa, aunque yo seguí con la turbadora idea de que de verdad un insecto gordo chocó contra mi cabezota (que no tiene mucho que envidiar en cuanto a consistencia y volumen perimetral a la del entrenador interino del Barça: Jordi Roura).

***

En la tarde del jueves me hallaba tan tranquilitamente sentado frente al monitor del ordenador intentando lidiar con los varios cursos MOOC que realizo simultáneamente, cuando de repente, por detrás mío, a mi derecha, se escucha un perturbador zumbido provocado por el veloz aleteo de un insecto volante no identificado, el cual –absurdamente– cruza frente a mí para ir a impactar contra el monitor, pero pese a sonar un repugnante crujido como a roto, el bicho remontó de nuevo su sonoro vuelo en otra dirección. El insecto era casi del tamaño de un moscardón, pero lucía un color y "textura" de mantis. Se me puso la piel de gallina.
En estos casos suelo reaccionar nerviosa y cobardemente, como Woody Allen en la célebre secuencia de «Annie Hall» con las langostas en la cocina. 

Sali corriendo y tomé rápidamente del mueble bajo el fregadero un bote de insecticida. Crucé el pasillo velozmente como un relevista olímpico, con mi spray en la mano cual testigo, y me encerré valientemente en mi habitación: yo contra la bestia, como un torero que se enfrentara él solo contra seis toros seis.

De acuerdo: yo soy unas diez mil veces más grande y robusto que el insecto y vengo armado además con un arsenal químico, pero así es la vida (y él tiene superpoderes de los que yo carezco: puede volar). Empecé a seguir –a una prudente distancia– el vuelo del espeluznante  bichejo verde rociándolo sin descanso. Casi agotado el spray y en vista de que el bichejo no cesaba en su torpe vuelo miré el bote de insecticida por si había cogido el de "rastreros" en vez del de "alados" y cuál no sería mi sorpresa y decepción al comprobar que acababa de vaciar un inocuo ambientador.

En estas que entra mi señora a la habitación, olfatea –arrugando la nariz y echando la cabeza para atrás resoplando– mira mi mano con el spray, y me pregunta (sin necesidad de nuevo de mostrar el cartel de "ironía"):

– ¿No crees que se te ha ido un poco la mano?

– Es que creía que era insecticida y quería matar a ese bicho–
y señalo la cortina donde se acaba de posar.

– Pues vaya despedicio más tonto–
dijo, enarcando las cejas en su clásico mohín de "Dios mío, qué paciencia hay que tener", mientras se acercaba, zapatilla en mano, al bichejo y lo mandaba al cielo de los insectos de un certero golpe.

¿Y si Dios nos está entrenando? La teoría que une el DMT, el karma y los ángeles

Un cerebro humano fabrica, en su propia glándula pineal, una molécula capaz de abrir la puerta a un mundo poblado de seres. No fantasmas dif...