miércoles, octubre 18, 2017

¡Libro de relatos a la vista!

Al fin, después de tantas horas de dedicación (muchas de ellas perdidas inútilmente, snif) he conseguido acabar mi libro de relatos. Lo voy a enviar a la plataforma online para su revisión y la próxima semana estará disponible, ya pondré aquí un enlace para los interesados.

Quiero agradecerle especialmente a mi amigacho Sap su generosísima colaboración, pues no sólo ha sido fundamental su ayuda para la corrección de los textos, sino que además me ha escrito un maravilloso prólogo, eso es un amigacho comme il faut.

Finalmente el libro recoge diez relatos, escritos en diferentes épocas, un total de 150 páginas. Primero sacaré la versión en papel y después haré una versión electrónica (¡no vale el mismo archivo para ambas!).

Les dejo con un pequeño adelanto del prólogo de Sap:

Un elemento, a manera de médula espinal cruza estos relatos y este no es otro que lo interno, lo cerrado. En efecto, jugando al psicoanalista de pacotilla, puede observarse  que en la gran porción biográfica con que se topará el lector en estos textos, es la experiencia del autor como estudiante en diversos internados la que impregna de manera significativa el libro, haciendo que los argumentos se desarrollen casi siempre en compartimentos estancos: el propio internado, un salón donde se organiza una cena tumultuosa, la celda de una cárcel, el vagón de un tren... Sea por ello que tal vez un eco de sus pasadas experiencias explique que el lugar que más feliz hace a Maif no sea otro que una sala de cine, el claustro de los sueños. De hecho, cinéfilo y cinéfago como es, Óscar Maif no deja duda a lo largo de los cuentos de su cinefilia y cinefagia, no solo por estar éstos rebozados de guiños peliculeros, sino por parecer escritos con un prurito de montador de celuloide. Al menos, a mí se me antojó reconocer entre sus páginas rastros de la comedia negra española de los 50 o niños que parecen sacados de la nouvelle vague francesa, sustentado todo, como no podía ser menos, por el ligero vuelo del humorismo.


martes, mayo 09, 2017

Revolviendo el pasado peligrosamente: heridas y alegrías

Han transcurrido un montón de años desde que empaqueté esas cajas y fueron al trastero. Desde allí acabaron yendo a otro trastero, este más pequeño, de tal manera que cada vez que echaba de menos algo del pasado y sospechaba que podía estar ahí guardado en alguna caja, la pereza podía más que las ganas de intentar rescatarlo. 

Llegó un momento en el que apenas podías abrir la puerta sin el peligro de que alguna de las cajas apiladas hasta el techo se te viniera encima. Y así se quedó durante lustros.

Mas hete aquí que un día caigo en la cuenta de que están a punto de cumplirse treinta años de la compra de mi primera videocámara y de que debería haber digitalizado ya esas antiguas cintas VHS que guardo en algún lugar del trastero o corro un riesgo grave de perderlas para siempre.

Al final un finde organizamos una excursión familiar al trastero y con cuidado y mucho tiempo fuimos recuperando cintas y carpetas antiguas que a saber lo que guardaban.

Tengo una capturadora baratilla que mi hijo usa para grabar videojuegos, pero necesitaba un reproductor VHS para poder pasar los vídeos al ordenador. Ya no se venden esas maravillosas antiguallas, así que tuve que recurrir a Wallapop. Y tuve suerte, bien cerquita de mí una joven ofrecía un reproductor "en buen estado". Como vi que llevaba tiempo intentando venderlo le apreté un poco el precio y al final se lo saqué por veinte pavos. Vino a la cita acompañada de un niño pequeño y me entregó el aparato asegurando que funcionaba perfectamente.

Me fui a casa tan contento, pero al conectar el vídeo comprobé que no entraban las cintas, las escupía antes de llegar a introducirlas del todo. 

—Ya te han timado —tuve que escuchar.

Entonces tuve un lejano déjà vu y, recordando al niño con pinta de travieso que acompañaba a la vendedora, me atreví a profetizar:

—No pasa nada, eso es que el niño pequeño ha metido ahí algún objeto y por eso no entran las cintas.

Y agarré el aparato, lo volqué y al rato cayó una pequeña moto de juguete del interior. Ahora sí entraban las cintas y se reproducían bastante bien para su avanzadísima edad.


Consecuencias inesperadas.


Desde hace casi treinta años arrastro la resolución de un enigma. Soy un jodido cabezón, así que nunca me rindo cuando se trata de algún misterio que resolver, así pasen treinta años.

Es una chorrada, pero es: se trata de un programa de televisión que vi a finales de los ochenta o principios de los noventa, de Canal Sur, de Jesús Quintero. En una de aquellas emisiones sonó una música que me gustó mucho. Quería saber el título de la canción y el autor, pero mi cultura musical es escasa y no conseguía hacer progresar mis averiguaciones. 

Años más tarde descubrí un programa de esos de radio en los que te ayudan a buscar canciones dándoles algunas pistas. Aporté todas las que pude, pero en la radio no supieron decirme de que canción ni cantante se trataba.

Tras aquel intento la cosa quedó aparcada hasta que años después se popularizó internet y la productora del Loco de la Colina tenía una web propia. A través de la misma trasladé mi pregunta, pero nunca obtuve una respuesta.

Años más tarde, cuando Google se convirtió en el gran buscador que es ahora hice otra intentona desesperada, interrogándole de mil maneras distintas. No anduve ni cerca de dar con la respuesta.

Reconozco que por entonces la cosa estaba tan en punto muerto que di por concluidas mis investigaciones.

Entonces comienzo a digitalizar las cintas de vídeo que subí del trastero y detrás de una grabación familiar, al final del cassette aparece ese fragmento del programa de Quintero en el que suena la canción de marras, que ya empezaba a odiar. Y entonces fue tan sencillo como subir bien el volumen, abrir Shazam en el móvil y ... ¡zas! ¡Te tengo, cabrona, título y autor!

Por supuesto ya está incluida en mi lista de canciones Maifísimas.

Naturalmente el reencontrarme con todas estas grabaciones antiguas ha sido harto gozoso y a veces deprimente (al comprobar lo cruel que puede ser el envejecimiento). Tengo muchas cintas, así que aún estoy en el proceso de seguir digitalizándolas.

Aunque ahora lo que más me ocupa es otra locura mía. Desde hace un tiempo me planteé el reto de ser capaz de autopublicarme un libro de relatos y una novela, pero con una condición imprescindible: ser yo el autor completo de absolutamente todo el proceso y sin que me cueste ni un euro. De momento cierto es que no me he gastado un euro, pero tiempo... ufff, hay que echarle un montón.

Lo primero es el libro de relatos, de los muchísimos que he escrito he conseguido seleccionar unos cuantos que considero tienen la calidad suficiente para merecer verse impresos, aunque por supuesto hay que ir corrigiéndolos y revisándolos uno a uno. Ya he conseguido darme de alta correctamente en CreateSpace, que es la plataforma de Amazon en la que lo publicaré en principio en papel y más tarde en formato digital (¡requiere una maquetación diferente!). No fue tan fácil como pensaba, está todo en inglés y hay que rellenar todo el lioso tema de los impuestos, etc, pero conseguí hacerlo bien.

Para mí lo más aburrido es el tema de la maquetación, y lleva un montón de horas. Corregir mucho texto también se hace pesado, pero ahí sigo como un valiente. Y no sólo corregir estilo, sino faltas y temas tipográficos. Y queda el espinoso tema de la portada,osadía no me falta.

En fin, a lo que iba. Comentaba que, además de las cintas, subí del trastero muchas carpetas con papelotes. Y lo que no me esperaba es que esto fuera a tener también relación con mi proyecto del libro de relatos.

Después de mucho pensar decidí cuál de mis relatos sería el primero que aparecería en la recopilación (cuyo título, a falta de otro mejor, va a ser: «Relatos con codeína»). 

Ya se sabe lo de los escritores y la ambiguedad de lo autobiográfico y sin duda prefiero que cada lector/a piense lo que le dé la gana sin aclarar nada, pero sí: aunque no estoy nada orgulloso, el relato está inspirado en sucesos que podían haber acontecido más o menos de modo parecido a como se narran en el relato que abrirá la recopilación.

El caso es que una carta de la que se habla ahí existe en la realidad y mira por dónde apareció inesperadamente entre los papeles de las carpetas que subí del trastero. ¿Casualmente? hacía justo un par de días que había revisado  y corregido ese relato, así que no pude evitar volver a releer aquella carta y repasar los hechos de aquel lejano año. La carta contenía una foto de ella, que volví a mirar con nuevos ojos.

Lo cierto —llámenme optimista o creído— es que siempre he estado seguro de que algún día acabaría publicando ese y otros relatos y recurrentemente he tenido la fantasía de que aquella chica lo leería y cuando fuese avanzando en la lectura del mismo se iría dando cuenta de que ella era la protagonista de la historia.

Ahora renovaba mi fantasía, pronto el libro será publicado y sé que ella es muy amante de la lectura y me la imagino leyéndolo y descubriéndose emocionada y secretamente como la protagonista y que, de algún modo, podría perdonarme.

Pero, tonto de mí, esta vez fui un paso más allá de la simple ensoñación y, como tenía la carta en mis manos con su nombre y apellidos y hace más de veinte años de aquello no pude evitar la maldita curiosidad de buscarla en Google...

El primer resultado en el buscador me contaba la peor noticia posible: acababa de fallecer de cáncer unas semanas atrás.


lunes, agosto 01, 2016

Un finde en los 80

Este fin de semana he decidido que, en vez de hacer un viaje a algún lugar, me trasladaría mejor a otra época. La elegida ha sido la década de los ochenta y el vehículo —dado que, por ahora, no dispongo de una Máquina del Tiempo de las buenas— ha sido doble: una novela y una serie de televisión, ambas plagadas de referencias musicales, así que ha sido una especie de inmersión ochentera tridimensional.

"Ready Player One" es una entretenida novelita ligera del debutante Ernest Cline cuya acción se sitúa en el año 2044 en un planeta Tierra echado a perder para entonces: la crisis es algo permanente, la desigualdad es brutal (¡peor que ahora!... si ello fuese posible) apenas quedan combustibles fósiles y las grandes corporaciones son todopoderosas... hummm.

Ante este panorama la gente apenas encuentra consuelo refugiándose en una especia de Second Life futura de Realidad Virtual llamada OASIS.

Y hete aquí que, para colmo de males, al fallecer el creador y propietario de OASIS, este último refugio se ve también en peligro puesto que el creador de ese universo virtual anuncia en su testamento que heredará OASIS aquel que logre encontrar el Huevo de Pascua que ha ocultado en el mundo virtual. Y aquí entran en juego un pequeño grupo de frikies amantes de la década de los ochenta que se las verán contra los Sixers de la terrible IOI. 

La foto que recrea una vieja cinta de VHS es obra de Steelberg (y puede verse, esta y otras, como la que pondré un poco más abajo, en su cuenta de Instagram ).

Como adelantaba anteriormente toda la novela se desarrolla haciendo constantes referencias a la cultura de los 80, con especial hincapié en los videojuegos, pero también en las películas y en las canciones de entonces.

Steven Spielberg compró los derechos de la novela para llevarla al cine (dirigida por él mismo). Actualmente la película se encuentra en fase de postproducción, aunque no se estrenará hasta marzo de 2018 para no competir con Star Wars.


Y el segundo vehículo utilizado este finde para viajar a los ochenta ha sido mucho más completo, se trata de la serie de Netflix «Stranger Things», escrita y dirigida por los hermanos Matt y Ross Duffer.

Lo mejor que puedo decir de esta serie es que he visto sus ocho capítulos casi seguidos en un solo fin de semana, lo cual hace muuuucho tiempo que no conseguía de mí ninguna otra serie, máxime teniendo en cuenta que duran unos 50 minutos cada uno.

No sé si ha sido por nostalgia, por el hermoso look conseguido al añadirle granulado cinematográfico sobre la filmación digital, por el terrible peinado de la resucitada Winona Ryder imitando al de Meryl Streep en la película de 1983 'Silkwood', por los cliffhanger constantes o simplemente porque la serie es muy completa y pese a sus múltiples referencias tiene una fuerte personalidad propia... el caso es que han caído los capítulos unos tras otro con gran goce por mi parte.

En esta serie de ciencia ficción ochentera tenemos a una pandilla de niños protagonistas —unos nuevos Goonies— centrados en buscar a uno de sus integrantes, misteriosamente desaparecido. Winona Ryder es la madre coraje del pequeño y no está dispuesta a rendirse en su búsqueda, pese a los obstáculos de todo tipo que encontrará. El sheriff del pueblo es un tipo con fama de borrachín malencarado, pero nos demostrará que ni está tan acabado ni se deja amedrentar fácilmente.

Aquí les dejo un vídeo donde se ven algunas de las múltiples influencias que se observan en la serie:


viernes, marzo 18, 2016

Cuando ya no esté

Esta noche, encantado tras haber disfrutado del nuevo programa de Iñaki Gabilondo en #0, se asoma uno a mirar las tendencias en Twitter y se encuentra con esto en los tres primeros puestos:



Y piensas... joder, qué triste, se lo están perdiendo, pero uno ya está un poco acostumbrado a todo y hasta resignado (como Iñaki con la muerte). Entonces rememoras las palabras del Dr. Cordeiro y te unes a él:

—¿Los que se quieran morir? ¡¡¡Que se mueran!!!

Dado que a mis amigos de este blog los quiero como a mí mismo —y ya que este programa se emite en un canal no disponible para todos— no puedo hacer otra cosa que ponerles el programa entero aquí, para que lo disfrute quien quiera (está dividido en dos partes).

NOTA: Estos son los enlaces correctos ;-).



martes, agosto 18, 2015

Nominaciones fanáticas

Hay que tener cuidado con el nombre que les ponemos a nuestros hijos.

Yo, en un rapto de inspiración grecorromana, quise poner a mi hija de nombre Clío. Menos mal que no lo hice porque poco después salió al mercado un modelo de coche con ese nombre.

Un vecino, muy forofo y fanático, madridista él, le puso a su hijo el nombre de Luis Enrique, cuando el célebre deportista asturiano era jugador del Real Madrid. 

Como dicen en el anuncio: ERROOOOORRRRRRRRRR

Como todos saben, poco después este jugador —con cuyo nombre había bautizado a su primogénito— fichó por el Barça. Y aún hoy el muchacho ha de ver cómo su tocayo epónimo es entrenador del F. C. Barcelona.


Leo hoy en la prensa una noticia que habla de cómo, en el Reino Unido, a muchos niños les ponen los nombre de los personajes de la serie de novelas "Canción de hielo y fuego" de George R. R. Martin, seguramente por la popularidad que ha alcanzado la serie de televisión «Juego de Tronos».

Niñas a las que llaman Daenerys, Arya Khaleesi... bueno, suenan bonito, pero ojo, aún no sabemos cómo acabarán evolucionando esos personajes.

En la noticia se menciona que uno de los nombres más puestos a los varones es Theon

¡¡¡ERROOOOORRRRRRRRRR!!! 

¿En serio? Me imagino que a estos les habrá ocurrido como a mi vecino, el que puso a su hijo Luis Enrique, eligieron este nombre en la primera o la segunda temporada. ¿Y ahora qué? ¿Les llamarán "Reek" (Hediondo)?

Pobres criaturitas...