miércoles, noviembre 29, 2017

El hipoclorito

La vida secreta de los niños (Temporada 1)
Imagen de la promo en #0 de "La vida secreta de los niños" (Temporada 1)


Mi hija Marta me recomendó un programa de televisión que estaba haciendo una profesora suya (estudia Psicología en la Complutense) titulado "La Vida Secreta de los Niños". Es de Movistar+, así que me he bajado la primera temporada completa (seis capítulos de unos cincuenta minutos) para ver qué tal.

Al principio me parecía una especie de 'Gran Hermano en la guardería', pero al poco de empezar a verla acabas seducido por esos pequeñajos increíbles que con cuatro o cinco añitos ya son auténticos proyectos de personas mayores, con su personalidad bastante definida.

Ya me he acabado la temporada y he empezado con la segunda (aunque tiene peor pinta por ser los mocosos demasiado chiquitines).

Si quieren una cata del programa (que puede verse en Youtube) les dejo con este pequeño  fragmento con el niño de gafitas como protagonista, es el que más gracia me hace y me recuerda mucho a mi hijo Osquitar cuando tenía esa edad. La jartá de reir que me di con el puñeterillo pequeñajo con sus salidas para todo, especialmente con esta tan memorable del hipoclorito:



Saluti a tutti!

lunes, noviembre 27, 2017

Improvisando chistes laterales

Ayer, mientras veía el fútbol en la tele con la siempre agradable compañia de mi hijo, en un momento dado la realización se centró en la zona de los banquillos y se escuchó un absurdo gritito extraño y ridículo que no supimos identificar. 

Nos miramos sincronizadamente, con extrañeza, el uno al otro, como compartiendo un reciente "déjà vu".

¿Pero qué puñetas está haciendo tu neumólogo ahí? —logré anticiparme.

Saluti a tutti!

domingo, noviembre 26, 2017

A mi gata le gusta «Kedi» ("Gatos de Estambul")



Pues parece ser que a la crítica cinematográfica, al público en general y a mi gata y a mí en particular nos ha gustado bastante la película documental turca de 2016 de Ceyda Torun titulada «Gatos de Estambul» ("Kedi").



Saluti a tutti!

sábado, noviembre 25, 2017

Recomendaciones cinéfilas no tan obvias: «Morvern Callar», de Lynne Ramsay (UK, 2002)

Interior, noche.


Una cara de mujer —Samantha Morton— aparece y desaparece por efecto de las luces centelleantes de un árbol navideño. Es Nochebuena.

Un plano detalle nos muestra una mano femenina acariciando un cuerpo semidesnudo. La cámara se va moviendo despacio descubriéndonos poco a poco la escena: sobre el suelo del apartamento yace una pareja -inerte él, con profundos cortes en las muñecas- y desnortada ella sobre el charco de sangre, sólo acertando a acariciar el cuerpo frío de quien fue su pareja.


El plano se abre y al fondo vemos el monitor de un PC con una llamada: "Léeme". Es una moderna nota de suicidio. 



La veinteañera Morvern, protagonista de nuestra historia, se dirige a leerla y allí descubre los últimos deseos del finado: le lega una tarjeta de crédito -cuyo número secreto ella conoce- con un buen pellizquito y una novela que acababa de escribir el interfecto, con una lista de direcciones de editoriales a las que enviar el original, por estricto orden.

Cabe destacar una frase de la nota del suicida:
 

"No intentes comprender".

Advertencia que hago extensiva a cuantos espectadores se embarquen para disfrutar de este viaje en compañía de Morvern Callar.


Es lo mejor: no pararse a esperar una película policíaca ni nada convencional, no ensayen hipótesis para justificar el aparentemente extraño comportamiento de la protagonista, simplemente pónganse a su lado y vean cómo se conduce tras tan explosivo arranque.


Así lo hice yo y he disfrutado brutalmente de esta experiencia  cinematográfica titulada en España «El viaje de Morvern».



Al llegar a los créditos finales mi sorpresón fue comprobar que la historia esta basada... ¡en una novela! Y me pareció inverosímil porque la potencia que yo he visto en esta película radica en lo visual, en su peculiar narración cinematográfica más que en la historia en sí. Y la sorpresa llegó a su punto culminante al saber que la novela homónima de Alan Warner (¡¿un hombre?!) en la que se basa el guión está escrito... ¡en primera persona!

Lo mejor de la peli radica —e.m.h.o.— en la peculiaridad
cinematográfica de Lynne Ramsay, tan originalísima, con ese  delicado y delicioso gusto por los detalles anarrativos aparentemente intrascendentes: ese abrir los regalos navideños junto al fiambre que los acababa de envolver, ese jugar con el mechero, con los cierres de la cazadora, los momentos "voyeur" en la terraza del hotel. Asimismo un uso de planos muy cerrados durante buena parte del metraje resultan bastante agradables y apropiados para el mensaje que se pretende transmitir.

La cámara es muy ágil cuando acompaña a la/s protagonista/s, ya sea en las raves esas, donde la cámara se pasea como un invitado más del fiestorro electrosónico, o en el interior del coche con la familia española (¿cómo puñetas se puede meter una cámara así en un coche y que quede tan natural y real si que se note su presencia?).


Cuando la cámara -a menudo- se mueve junto a las protagonistas, ya sea en su caminar por las Tierras Altas escocesas o por los áridos desiertos almerienses, lo hace como acompañante (al hombro, supongo) pero sin molestos vaivenes mareantes de los Dardenne, igual que cuando entra en los interiores de las habitaciones del hotel o en los apartamentos, en el cuarto de baño y demás. Queda muy veraz sin ser un incordio en ningún momento, que para eso avanza tanto la tecnología de los estabilizadores. De hecho, las transiciones son bastante suaves entre las escenas de cámara al hombro a las de cámara fija.

Si alguien se anima a lanzarse a la caza y captura de esta peli para gozarla les anticipo un poquito más del argumento, si así lo desean: ¿Qué creen que hará Morvern tras hallar el cadáver de su amado? ¿Llamar a la policía, a una ambulancia, a algún familiar? ¿Quizá llorar amargamente y meterse en un convento de clausura? 

Pues no, toma del bolsillo del difunto una poco de dinero y se larga con su amiga —compañera del trabajo en un Súper en el que ella despacha verduras— a un fiestorro de Nochebuena para ponerse hasta arriba de pastillas. Y con la pasta se va a una agencia de viajes para pegarse unas estupendas vacaciones con su amiguita en España.

Ojo a la música y su importantísimo peso en la peli, impresionante BSO.







Una mención especial merece la enorme interpretación de la Morton, que si bien ya estuvo genial haciendo de chiquita  muda maravillosa en «Acordes y desacuerdos» y/o en su agradecido personaje en aquella pequeña odisea titulada «En América», con esta estupenda interpretación ya se ha ganado mi perdón por el sobresalto infartante que me dio al salir —cual sirenita calva— inesperadamente del agua de la piscinilla aquella de los precogs en su papel de Agatha en «Minority Report» (y grande tambnién en
«Code 46» bajo las órdenes de Winterbottom). Este peli es de hace quince años, hoy la Morton ya está para otros papeles, el último en el que la he visto hace de vieja cortesana en la serie "Harlots".


En la parte artística respecto a la iluminación, destacar esos contrastes entre la débil, tristona y grisácea luz escocesa versus la maravillosa, potente, vital y explosiva luz del Cabo de Gata: la obra maestra del mejor director de fotografía de toooodos los tiempos, esto es: Dios.

;-)

Hay algún fotograma que podría ser un cuadro, por ejemplo se me ocurre un plano de Morvern en el interior de una cabina telefónica con la playa al fondo (en España), es tan acojonantemente hermoso como el plano final de «Uzak».


Una escena memorable:


Cuando Morvern se sienta en el PC y va borrando (mal detalle por cierto el usar la tecla "Supr" cuando el cursor estaba al final de la línea y no al principio) el nombre de su pareja y lo sutituye por el suyo...

Otra escena memorable:


Al perseguir a la cucaracha por los pasillos del hotel, el conocimiento casual subsiguiente y el polvo consecuente (escena que valdría para ejemplificar ese uso de la cámara y de la música que tanto me ha complacido).

Les dejo con un trailer.

Saluti a tutti!


viernes, noviembre 24, 2017

¡Cuatro melones veinte duros!

Esta frase, debidamente entonada con su musiquita de vendedor ambulante mil veces oída durante mi adolescencia, es el paradigma absoluto de lo que para mí representa una buena oferta, un gran descuento... o sea: el mejor Black Friday posible.




Pues sí, señoras y señores. A principios de los ochenta, en los tiempos remotos de la peseta, una "fragoneta" se estacionaba ahí, entre López de Hoyos y Clara del Rey junto a la salida de la boca del Metro de Alfonso XIII, y entonaba aquel sugerente cántico tan profundamente seductor, cual de sirena homérica: 

Cuatro melones, veinte duros. Cuatro melones, veinte duros.

Aquello sí que era un 'Blas Fraideis'... cotidiano y auténtico.

Para las tiernas jóvencitas aclararé que veinte duros equivalen a 60 céntimos de euro.

P.S.- Pronto abordaré lo de "La buena tierra", no me olvido.

Saluti a tutti!


jueves, noviembre 23, 2017

Pesadilla antes de Navidad... y de Acción de Gracias

Hacía mucho tiempo que no lograba perturbarme una pesadilla.



En estos días, con mis defensas cerebrales débiles, he caído víctima de una de ellas. Como siempre ocurre en estos casos, parecía de lo más real.

Estaba en el coche, intentando sacar el vehículo de un aparcamiento. Una tarea que en principio debe ser sencilla, pero ya sabemos cómo se complican misteriosamente las cosas en los sueños... el caso es que al dar marcha atrás, por más que miraba por el retrovisor —o girando el pescuezo directamente— era incapaz de calcular la distancia, no lograba ver bien y en el sensor del aparcamiento trasero sonaban unos ruidos sin ningún sentido, unos pitidos que no aportaban ninguna pista con respecto a la distancia, era un sonar caprichoso como si de repente le diera por interpretar con pitiditos la música de la banda sonora original de "La guerra de las galaxias" o cualquier otra gilipollez por el estilo.

Ante este cúmulo de despropósitos decidí que tenía que bajar del coche para echar una mirada al aparcamiento desde fuera, con una visión global. Fue en ese momento, al apearme del coche, cuando me di cuenta de que había estado intentando conducir el coche todo el rato desde el asiento trasero... ¿¿¿???

¡Claro! —vi la luz—. Por eso me estaba resultando tan difícil una maniobra tan sencilla, porque estaba sentado en el asiento de atrás y apenas puedo llegar a los pedales o al volante, ni ver bien por los espejos.

Todo parecía tener su lógica dentro del sueño. En ese momento empezó a sonar mi móvil y recuerdo que pensé: "Debo estar borracho para no haberme dado cuenta de que estaba intentando conducir desde el asiento trasero, así que alguien (con lógica preocupación) me está llamando para interesarse por mi estado". 

Y en esas estaba cuando iba a responder al teléfono para tranquilizar a esa persona que se preocupaba por mí, cuando me di cuenta de que lo que sonaba era el despertador del móvil en la mesilla de noche porque era la hora de levantarme para ir a currar.

En fin, feliz día de acción de gracias, happy thanksgiving day, joyeux jour de l'action de grâce, que yo fiestas me apunto a todas.

P.S.- No me olvido de que tengo pendiente la anécdota de "La buena tierra".

Saluti a tutti!