domingo, agosto 05, 2007

«Leonard Cohen: I'm Your Man» [2005]


He estado a puntito de darme de baja de Digital +

Precisamente hoy he tenido una de esas recidivantes crisis de conciencia en las que te planteas para qué seguir malgastando pasta en ese absurdo capricho, ya que apenas me sirve para ver los partidos de fútbol, algún porno esporádico y poco más.

Pero hete aquí que la casualidad me ha presentado ad portas en Canal + esta magnífica película documental cuyo título encabeza este post.

Dios, qué experiencia sublime.

Es..., es... como asistir a tu propio funeral, es..., es... como miel calentada al humo de madera, es..., es... como una explosión brutal tras reprimir varios orgasmos. ¡Viva Australia!


Una frase que extraigo del documental:

«Mi reputación de mujeriego me parecía
un chiste del que me reía amargamente
las diez mil noches que pasé solo»
-- Leonard Cohen --

Etiquetas:

lunes, febrero 19, 2007

¿El nuevo oráculo tiene todas las respuestas?

sábado, noviembre 18, 2006

«El ilusionista», de Neil Burger [2006]

De qué va:
==========

Es, en difinitiva, una historia de amor. Un amor juvenil que resulta tempranamente abortado por causas externas, lo que nos lleva a sospechar que su reanudación será sólo cuestión de metraje.

El enamoradizo prota es un famoso ilusionista (Edward Norton), ella es -toma complicación- la prometida del heredero al trono.

El tiempo y lugar: la Viena de 1900 (aunque está filmada en Praga).

El reencuentro se produce durante una actuación del mago. El heredero del imperio le encarga a su jefe de policía (Paul Giamatti) que hunda al mago, pero el inspector no puede evitar sentir una cierta admiración y simpatía hacia el personaje que le encargan destruir...


Lo mejor:
=========

* Indudablemente: las muy notables interpretaciones de Norton y Giamatti. Y la "química" que se produce entre sus personajes.

* El hacernos caminar dubitativos -y con ojos hasta infantiles- en la frontera de la ilusión, al no saber como espectadores si estamos ante una historia fantástica y mágica o ante un ilusionista sublime; el director juega [hasta abusar un poco
con alguna trampa, cierto es] con nosotros aprovechando las posibilidades que le ofrece este tipo de historia.

* El hermoso aspecto visual de la película, con su lograda ambientación, esos exteriores de Praga, esos interiores en los teatros, me gusta hasta el maquillaje, ea: esos mofletes héidicos que le colocan a Jessica Biel tras el fornicio la hacen delicadamente refollable.


Lo peor:
========

* Las "trampillas" antes insinuadas.

* Contraindicaciones: puede producir algún pequeño, leve y pasajero sarpullido a espectadores/(im)pacientes hipersensibles a la "melazina" de etiología cupídica.

* Yo -que disto mucho de ser un espectador "avisado"- pude anticipar con cierta facilona previsibilidad el final de la historia.


Una frase/diálogo:
==================

Nada especialmente memorable. Destaco, en la presentación de uno de los números de Eisenheim, el prólogo de su mánager:

«Vida y muerte. Espacio y tiempo. Destino y casualidad. Estas son las fuerzas del universo»



Estrellitas: [ * * 1/2 ]

viernes, abril 28, 2006

Foto con mi nueva media naranja


La foto es de hoy mismo, espero que os guste tanto como a mí...

martes, diciembre 06, 2005

«TIERRA HELADA» ["FROZEN LAND"] 'MAHA PAA'

[Finlandia, 2005, Aku Louhimies]

A menudo hemos escuchado decir: "Es una de esas películas que te reconcilian con la vida".

Pues bien, olvídense de ello: quien quiera ver «Tierra helada» que sepa que camina hacia el abismo, se dará de hostias con la puta vida y lo mismo le entran ganas hasta de coquetear con la de la guadaña.

Estaba yo hambriento de cine finlandés y para amenizar la espera hasta la nueva entrega de Aki Kaurismaki -será en la próxima primavera-, decidí hincarle el diente a la obra de este paisano suyo.

No, no tiene absolutamente nada que ver el cine de Aku con el de Aki, de hecho Louhimies es bastante "convencional" formalmente, no en vano estudió en los USA y ha mamado de los pechos de la televisión. Y que conste, para que nadie se llame a engaño: esta película ha sido taquillera en su país y por lo visto se va a vender bastante bien internacionalmente, de hecho circula por festivales con bastante éxito.

Si tuviera que definirla con rapidez y precisión -para transmitirles de qué va la peli- diría, simplemente, que es la «Vidas cruzadas» o la «Magnolia» finlandesa, sólo que en vez de exceder su metraje las tres horas... dura dos y pico/poco.

El filme transmite un cierto mensaje sobre la venganza -aunque como un ingrediente más- que [sin entrar en destripadoras profundidades] han pretendido transmitir muchos títulos estadounidenses, pero he de reconocer que sólo dos títulos europeos «El hijo» de los Dardenne y ésta «Tierra helada» han logrado verdaderamente impregnar mi ánimo.

Parece ser que Aku Louhimies tuvo que amenazar al productor de la peli con llevarle ante la justicia porque no sé si llegó -o estuvo a punto de hacerlo- a estrenarla con un final alternativo, por considerar el suyo inviable comercialmente por su dureza. Parece que al final se llegó a un mágico acuerdo intermedio, porque la película es deprimente de cojones, pero funciona en taquilla...

Una escena:
^^^^^^^^^^^
La del vendedor de aspiradoras en su juerga con su nuevo patético amigo, cuando se van con una moza a la habitación de un hotel de carretera. Ellos dos se lo montan allí ante sus ojos mientras el alcohólico vendedor -sentado en una butaca- mira alternativamente cómo follan ellos dos y los de la peli X que emiten por el cable del hotel, y sin saber muy bien con qué imagen quedarse se levanta al minibar a por unos tragos.


Un fotograma:
^^^^^^^^^^^^^^
Éste mismo, extraído de la escena antes comentada:


Lo mejor:
^^^^^^^^^
Ese fluido entrelazado de historias diversas a partir de un billete de 500 euros falso.

Lo peor:
^^^^^^^^
Lo deprimente que llega a ser la película y la frialdad y naturalidad con la que el director conduce al espectador hasta ese mismo estado.

Una frase:
^^^^^^^^^^
[No es una peli de grandes frases, pero me quedo con la frase circular que abre y cierra el filme]

- Nunca quise que esto sucediera ¿Recuerdas las preguntas que nos hacíamos cuando éramos niños? ¿Cómo de grande es el espacio? ¿Dónde acaba el cielo? ¿Dónde empieza el mar? ¿Por qué no puedo gritar cuando me siento mal? ¿Qué sentido tiene vivir si esta vida es un infierno? Pero tenemos que confiar en que al final las cosas van a mejorar. Si no, nada tiene sentido...


---> Calificación en la escala decimal: [ 7,25 ]
---> Calificación en la escala estelar: [ * * * ]


Enlaces:
^^^^^^^^

Ficha en IMDB

[DVDripeo excelente en V.O.]:
CD1 CD2 Subtítulos (en castellano)


miércoles, octubre 26, 2005

Pusqui



Mi memoria nunca se ha caracterizado por ser demasiado fiel ni tener un lejano alcance, pero creo poder ubicar mis primeros recuerdos del “Pusqui”.

Tendría yo unos cinco o seis años quizá y le pedía “un calorcillo”.

Él armaba su rostro con un mohín de desaprobación, pero la sonrisa implorante de un niño rinde a cualquiera, así que -con fingida resignación- desenroscaba el tapón de la bota, elevaba su barbilla y dibujaba una “O” con los labios para que yo le imitara. Y al convertirme en su imagen especular al fin alzaba el odre y dejaba derramarse en mi boca un minúsculo hilillo de vino tinto que me producía una agradable sensación a la que yo, descriptivamente, denominaba “calorcillo”.

Ya sabemos que en realidad son las mujeres quienes gobiernan el mundo, así que como el Pusqui y su mujer –alias “la Musca”- eran mis abuelos por parte de madre... pues les veíamos mucho más a menudo que a “los otros”, a los padres de mi padre.

Ya imaginarán que los nombres de mis abuelos no eran aquellos, sino que eran los cariñosos motes que les puso mi tío a su regreso de un osado viaje a Rusia -que entonces aún era la URSS- en los años 70 a bordo de un Seat 600 con unos amigos, loca juventud, pero esa es otra historia.


El caso es que ya saben lo que ocurre con los motes, que llegan a suplantar al nombre verdadero. Y al igual que mi abuela me sigue llamando por el diminutivo -a mis casi cuarenta tacos- ellos siguen siendo "la Musca" y "el Pusqui" para todos.

A mi abuelo siempre lo he tenido por un tipo íntegro, previsor, ahorrativo, sensato y capaz. Sentimental y fiel. Espartano. Sé que el Pusqui es un buen tipo porque hasta a mi padre le cae bien. Para mí es un ejemplo a seguir.

Recuerdo con admiración cómo en la época aquella, en la que nadie sabía hacer las declaraciones de la renta, venían todos los vecinos a traerle los papeles al Pusqui, quien les ahorraba el penoso trámite sin cobrarles ni un duro. No he visto nadie que recibiera tantos regalos como él. Un día, hurgando en su armario, descubrí un montón de cajas de puros con las que le obsequiaban y que rara vez se llegaba a fumar: se contentaba con el tabaco barato y el vino peleón.

Si tuviera que desvelar los dos grandes vicios del Pusqui estos serían: el Atlético de Madrid y las novelas del Oeste.

Siempre tenía ocultas en el rincón más alto del armario- como avergonzándose de tal posesión- una pila de novelitas de Marcial Lafuente Estefanía y otros autores similares. Según me dijo, las leía y al acabarlas iba a algún lado a cambiarlas por otras, a un duro cada una. A mí me pareció un invento maravilloso ese trapicheo de novelas, precedente de lo que luego fueron los videoclubes, o mejor aún: del moderno concepto e-mulero de compartir a muy bajo coste.

Si el Pusqui tenía ese montón de novelillas... no podían ser malas. Así que a pesar a todos los peros y objeciones que me puso para que yo no leyera “esas bobadas” y estudiase y me dedicase a lecturas provechosas, tomé varias de su montón y las leí con verdadero entusiasmo (aunque pronto descubrí que todas aquellas novelas solían ser siempre la misma con distintos nombres... el pistolero de turno sería más o menos duro, se enamoraría mucho o regular y los malos serían quince o serían veinte, pero la fórmula apenas variaba). Le hice sentirse un poco culpable por aficionarme –sin pretenderlo él- a las novelitas dichosas.

Acostumbrábamos a jugar mucho a las cartas, con baraja española. El Pusqui parecía casi un profesional de la brisca o del tute, aunque pecaba de exceso de precaución jugando al mus... vamos, que le podías colar faroles con cierta facilidad e impunidad.

Nos reíamos con él porque siempre, sin fallar ni una sola vez, cuando le tocaba repartir las cartas impostaba con una exagerada cara de víctima: “¿Otra vez me toca dar a mí? No sé si lo hacía como protestón, por si colaba, o como gracieta, al igual que aquel compañero mío de la oficina que todos los días nos pregunta: “¿Mañana hay que venir?”.

Mi abuelo odiaba que jugásemos a las cartas con dinero de por medio y en esos infrecuentes casos, aunque no se negaba a jugar, solía apostar cantidades ridículas. Nos reíamos -sin malicia- de su proverbial, asumida e indisimulada tacañería.

Me viene a la cabeza aquella ocasión -durante mi adolescencia tardía, posiblemente- cuando apostábamos jugando al “Plato” (también conocido como “El Hijo Puta”) y se llegaron a juntar sobre la mesa varios billetes verdes y marrones junto a múltiples monedas.

El Pusqui se levantó para ir al servicio. Era mano en la siguiente baza. Con la complicidad de todos, se me ocurrió “aliñarle” los naipes: le coloqué los cuatro ases, con lo cual todo aquel dinero sería suyo sin ninguna posibilidad de perder.

Esperamos expectantes su regreso del váter. Se sentó sin apercibirse de nuestras miradas cómplices... ¡Se le iluminó el rostro al ver su jugada! Miraba sus cartas y miraba el rebosante plato, volvía a mirar las cartas y miraba los billetes y monedas, y una vez calculó que el riesgo era cero echó al fin el órdago exclamando, tan ufano él:

-¡Plato y no pierdo! ¡Plato y no pierdo!

Fue entonces cuando nos miró y al vernos a todos retorciéndonos de risa se dio cuenta de que la jugada estaba amañada... aunque tardó un rato, ya se sabe que el interés nubla el entendimiento. Pero desde aquel día se hizo famosa en la familia la frase: “Plato y no pierdo”.

El Pusqui, una vez hubo pagado su piso en un humilde barrio madrileño, compró un pequeño apartamento en Alicante, en Santa Pola, y allí todos los años nos íbamos de vacaciones un par de semanas. Son los días en los que le conocí mejor, cuando más convivíamos.

Recuerdo una noche de verano, sentados en aquella enorme terraza con vistas al mar. Mi hermano balanceándose en una de las mecedoras, yo en la otra y el Pusqui fumándose una pipa sentado sobre un taburete. Solíamos tener discusiones de lo más tontas, pero lo pasábamos bien. Un día se empeñaba -con exasperante tozudez- en sostener que el hombre jamás había pisado la Luna, que y todo era un invento de los americanos y que aquellas imágenes difundidas por televisión era un engañabobos rodado en cualquier estudio de cine de Hollywood. A mi hermano y a mí esa actitud nos encendía y tratábamos de buscar mil argumentos para convencerle de lo contrario, pero él seguía en sus trece. Aquello llegó a cabrearnos de verdad.

Pero la venganza a aquella cabezonería llegó otra noche en la que mi hermano decidió atacar su línea de flotación al preguntarle si él se agacharía a recoger una peseta.

El Pusqui, casi ofendido, dijo que naturalmente que sí. Entonces mi hermano sacó la artillería pesada: “Bah, yo por una peseta ni me agacho, si no se puede comprar nada con una peseta... Si todavía fuera un duro igual me lo pensaba, pero ¡por una peseta! Bah, no merece el esfuerzo”.

Aquello sí que le enfadó, porque tras muchos argumentos del esforzado abuelo, mi hermano siguió en sus trece de que no se agacharía a recoger la peseta.

-Bueno, pues si alguna vez ves una peseta en la calle y no quieres recogerla me avisas a mí para que yo me agache a por ella- resolvió con elegancia, dicho lo cual se colocó sus gafas de pasta y se fue a leer una novela de Marcial Lafuente.

Pero mi recuerdo más vivo de aquellos veranos en Santa Pola fue el año en el que mi abuelo cumplió los 65 años y por tanto le llegaba la jubilación. Yo no entendía que aquello provocase el llanto en el Pusqui. ¡Demonios! ¿No viene jubilación de júbilo, de alegría, de jolgorío? ¿Por qué lloraba entonces?

Le organizamos para la ocasión una cena sorpresa, en el restaurante del Hotel Rocas Blancas, en el transcurso de la cual le entregamos una placa que volvió a provocar el llanto en el muy jodido sentimental de él.

Al crecer, mi contacto con el Pusqui mermó notablemente. Estuve durante cinco años estudiando a centenares de kilómetros de Madrid. Allí me hice adulto. Y allí conocí a mi novia.

Cuando estás enamorado el mundo es un lugar hermosísimo, así que mis recuerdos de cuando ella vino a Madrid para conocer a mi familia tiendo a verlos bajo un embellecedor filtro sonrosado. Pero así fue, no hay droga más potente que el amor. Mis padres, como todos los padres de novio/a le caerían mejor o peor, pero hubo un miembro de mi familia del que me confesó tener “envidia”, entiendo que sana: “el Pusqui”.

Decía que era como “Chanquete” el famoso personaje de la entonces novedosa serie de televisión «Verano Azul», y no sólo por su parecido con el actor que lo interpretaba, sino por su bondad y lo que ahora llamaríamos “buen rollo”. Me hizo mucha gracia aquel comentario de mi novia y me sentí más orgulloso de mi abuelo que la propia Heidi.

Él, a su vez, se sintió orgulloso de mí cuando aprobé la oposición. Ya sé que ser funcionario no es gran cosa, pero para una madre -y/o un abuelo tacañote con sentido práctico- no hay nada mejor que eso, porque te da la seguridad y tranquilidad de tener “al niño” decentemente colocado de por vida.

Es uno de los dos hechos de los que más satisfecho y emocionado me siento en la vida: de haber sido capaz de proporcionarle esa enorme alegría a mi madre (y a mi abuelo)... mi otro motivo de orgullo es del día en que fui, sorpresivamente, a ver a mi hijo en el patio del cole y éste al verme –con alborozado griterío- reunió a todos sus compañeros en torno a él. Y con una enorme y ufana sonrisa de “tipo-más-feliz-del-mundo” declaró solemne señalándome: “Eh, ¡mirad todos: éste es mi padre!” Diosssss... casi me echo a llorar, estuve a punto de girar la cabeza para ver si tras de mí había alguien importante, joder... y no, ¡¡¡sólo hablaba de mí!!!

Pasé unos años en diversos destinos lejos de Madrid, así que aquellas nuestras antaño habituales y maratonianas partidas de cartas se hicieron cada vez más infrecuentes. La puta vida de adulto hace que la historia cambie definitivamente y ya nunca nada volvió a ser igual.

Siempre quedaban, eso sí, las navidades. En Nochebuena nos reuníamos, antes en casa de los abuelos y con los años la celebración se trasladó a casa de mis padres, ya que nosotros éramos cinco hermanos y teníamos un salón más grandote.

Mi padre me contó que en cierta ocasión, hace muchísimos años, coincidió casualmente con el Pusqui en un autobús. Dijo que el abuelo no le vio a él porque iba muy ocupado ligando con una.

-¡No os imagináis lo ligón que el Pusqui ha sido, con ese bigotillo a lo Clark Gable!– solía insinuarnos a menudo mi padre como quien cuenta sólo una pequeña parte de lo que sabe.

Mi abuela no sólo no se enfadaba, sino que lo corroboraba e incluso nos contaba –ahora sí con celos retrospectivos- de cierta francesa que de recién casados se entrometía... En fin, estos episodios de ligón del Pusqui nunca han sido suficientemente documentados ni contrastados, pero es cierto que hubo unos años en los que telefoneaba a mi madre y a mis tíos alguien que se identificaba como... su hermanastro.

El Pusqui tuvo algún achuchón de salud y no sé cómo demonios lograron convencerle, ya septuagenario, para que dejara el vino y el tabaco.

Yo le veía en Navidad y poco más, así que al menos en Nochebuena le llevaba un buen puro, de los caros, y me encargaba de llenar su copa de vino constantemente. Y es que cambió considerablemente desde que falleció su hija, tan joven... como decía mi mujer: “El Pusqui no ha vuelto a sonreír desde que murió Raquel”. Así que yo le hacía adorar al dios Baco lo suficiente para que la noche fuese verdaderamente “buena” al alcanzar cierto grado de olvido y desinhibición.

Cuando llevaba alguna copa de más empezaba con su cantinela de viejo sin ganas de morirse: ¡Ay, estas serán ya mis últimas navidades!”

Es curioso que no hace mucho tiempo, una noche haciendo zapin en la tele vi empezado un documental en la segunda cadena de Televisión Española. Hablaban de la llegada del hombre a la Luna... ¡y de cómo todo había sido un montaje!

Salían altas personalidades, se incluían testimonios de Buzz y Loïs Aldrin, Henry Kissinger, Christiane Kubrick, Donald Rumsfeld, especialistas científicos y altos cargos de la administración norteamericana, hablando de que estaba implicado hasta el director de la CIA. Y descubrían que todo fue un montaje, un cuidado truco para ganar una batalla más en la “Guerra Fría”, la de la “Carrera Espacial”. Contaban que contrataron a Stanley Kubrick para rodar las escenas presuntamente lunares, pero que en realidad estaban en el estudio de cine donde se rodó «2001: Una odisea del espacio». Aparecía un especialista en fotografía diciendo que por la disposición de las sombras y de los fondos se veía claramente que la película se rodó en un estudio y hablaban de que las pisadas de los astronautas en la superficie lunar eran una burda e increíble manipulación. Mientras veía el documental me daban ganas de ir machacándome la cabeza por tonto, pensando que nos reíamos injustamente del Pusqui como si fuera un viejo chocho y ahora el tiempo y la Historia de daban la razón... ufff, qué alivio al comprobar que el documental no era tal, sino que se trataba de un “mockumentary” para el “poisson d’avril” [«Opération Lune», encargado por el Canal Arte, creo] , o sea: una ingeniosa y sofisticada broma consistente en un falso documental elaborado para emitirse en televisión el equivalente francés de nuestro día de los inocentes...

Al Pusqui lo definiría fundamentalmente -y pese a su apariencia de seriedad severa- como un cachondo mental. Sí, sin dudarlo.

Otra Nochebuena la Musca nos contó una anécdota de los primeros días de su matrimonio. Mi abuela es cordobesa y el Pusqui abulense. Con motivo de alguna celebración necesitaban sus mejores ropas. Dado que ella es más bien bajita le pidió al Pusqui que bajase el traje que colgaba de una viga de la casa. Pero claro... se lo pidió como lo decían en su pueblo cordobés:

- Julián, s’apea er trahe.

El aludido Pusqui -pues Julián es su verdadero nombre- se quedó pensativo e inmóvil. Al cabo de un rato reaccionó:

-¿Disculpa?

- ¡S’apea er trahe!- reiteró mi abuela sin percatarse del desconcierto del castellano.

El Pusqui, lejos de amilanarse por las ininteligibles órdenes de mi abuela y deseoso por complacerla a cualquier precio, se colocó bajo el traje y mirándolo muy seriamente dio una fuerte palmada con sus manos, a la par que daba un pisotón al suelo mientras exclamaba:

- ¡Sape!

Así era el Pusqui, en serio. Al menos hasta que murió su hija Raquel. Ella -paloma sin alas- vivió siempre en el nido paterno. He de confesar que tras su fallecimiento yo apenas he vuelto a pisar la casa de los abuelos, me resulta tan doloroso contemplar ese espacio sin la presencia de mi tía...

- ¿Por qué ya no lees, Pusco?- le pregunté.

- ¡Si apenas veo!

Hace muchos años que dejó de leer. Se entretenía casi siempre con la tele y como cada vez veía menos le pusimos un televisor de esos enormes de cuarenta y tantas pulgadas. Al menos pudo disfrutar del doblete del Atlético de Madrid en aquel pantallón.

En las penúltimas navidades le vi algo tocadillo, así que me costó darle el vino suficiente como para que empezase a contarnos batallitas y, como no, al fin dijo su frase: “Estás serán seguramente mis últimas navidades”.

Las pasadas navidades no dijo nada, apenas nos reconocía, estaba como en su mundo, comiendo distraídamente polvorones de la bandeja. Esas sí fueron las últimas.

Ayer lo enterramos, a sus ochenta y nueve años, no muy lejos de Raquel.

Vayan estas líneas en memoria suya. Te quiero, Pusquito.

domingo, junio 26, 2005

'ZOO' de Peter Greenaway

'ZOO' de Peter Greenaway
«A Zed & Two Noughts»

«Todas estas películas, en la tradición del cine europeo, tienen un presupuesto tan reducido, que cualquier gran estudio americano no se lo creería. Creo que el coste total de esta película no llegaría para pagar la calderilla que Robert Redford gasta en una semana»

-Peter Greenaway- sobre 'Zoo'


======================
«A Zed & Two Noughts»
======================
«ZOO»
(Una zeta y dos ceros)
[UK, 1985, Peter Greenaway]
Duración: 115 minutos



=== EL TÍTULO ===

El título de Greenaway procura tener varias capas.
Así que aunque la película que nos ocupa es conocida en España y otras partes del planeta simplemente como "Zoo", su director prefiere hablar de ella como "Zoo: Una zeta y dos ceros". La "Z" hace referencia al final del alfabeto (nótese la fijación del galés con las listas y las enumeraciones, haciendo referencia al fin último). Los dos ceros (que tambien son "oes" -¿u os?- hacen referencia al vacío, a la nada en la que se sumen los gemelos protagonistas de la historia ante el fallecimiento de sus respectivas esposas pero también a sus nombres de pila: Oliver y Oswald. Y lo de"Zoo" es evidente, la película se desarrolla en uno [el de Rotterdam concretamente].


=== EL ORIGEN ===

Los hermanos Quay, esos cineastas USA de vocación europeísta y animadores [selección de cortos suyos disponibles en DVD y en Mulavisión] discípulos de Svankmajer fueron una vez actores. Fue, excepcionalmente, en el primer largo de don Peter, un falso documental titulado «The Falls» en el que se entrevistaba a 92 supervivientes de una catástrofe seleccionados porque sus nombres contenían las letras "FALL". Pues bien, aquí Stephen y Timothy interpretaban a los gemelos Fallari (considerados como un solo personaje, en la décimo sexta biografía).

Cinco años después Greenaway se inspiró en estos hermanos (gemelos idénticos) para configurar a los protagonistas de «Zoo».

Este filme se presentó en el festival de Toronto.

Cuenta Greenaway que allí se sentó a su lado un director de cine de aquel país y se interesó mucho por la historia de esta película.

Quienes amen a David Cronenberg y hayan disfrutado de su filme «Inseparables» [«Dead Ringers»] -realizado dos años después de los sucesos que ahora narro- no necesitarán más datos para ir atando cabos (cambien zoólogos por ginecólogos)... [fueraparte el luctuoso suceso verídico acaecido en el apartamento de Steven y Cyril Marcus en el Upper East Side de Manhattan, que se supone mueve y motiva el filme del canadiense, a partir de la novelación de los mismos a cargo de Bari Wood y Jack Geasland]


=== LA HISTORIA ===

El argumento es sencillo. Las mujeres de los gemelos Deuce fallecen en un accidente de tráfico. Los hermanos, zoólogos, entran en una crisis existencial que les motiva para interesarse por la Historia Natural, Darwin y el origen de las especies, interés que derivará hacia la descomposición y putrefacción de la materia.

Por otro lado tenemos a Alba, la que conducía el coche en el mortal accidente, la cual pierde una pierna. Este personaje será el que sirva a Greenaway para sus divagaciones obsesivas sobre Vermeer, la pintura, la fotografía y la simetría.

Estas dos historias, conectadas entre sí, se alternan a su vez con los clásicos momentos enumerativos de Greenaway (el alfabeto nombrando a especies animales con cada inicial), así como con momentos en los que vemos fragmentos de documentales sobre la formación y evolución de la vida en la tierra (narradas -enorme acierto del filme- por David Attenborough... por cierto, ¿esta peli no ha sido doblada nunca al castellano? Al menos en el DVD no existe la opción de verla "doblada"...). Momentos que, a su vez, van relacionados con la evolución de los personajes protagonistas y con sus experimentos sobre descomposición.


[NOTA---> Este es el tercer largometraje del director, antes había estado durante años trabajando como documentalista para la BBC. Él mismo nos cuenta lo que recuerda de esa etapa:

«Durante mis diez años como documentalista de la BBC -donde en realidad hacía propaganda británica en medio de la caída del imperio- aprendí que un documental dice una gran mentira pretendiendo ser verdad y que la ficción, en cambio, pretende ser una mentira y acaba diciendo grandes verdades» ]


Los gemelos entran en una espiral alocada en sus experimentos sobre descomposición. La manzana mordida como símbolo de la caída y expulsión del paraíso da pie a su vez a los experimentos sobre descomposición, precisamente esa manzana mordida y abandonada por uno de los gemelos es la primera en ser fotografiada durante su descomposición, a ella le seguirán las gambas (con escena cómica incluida) y ascendiendo en la escala evolutiva de Darwin los peces, los reptiles, las aves -ya se dice en la peli que son dinosaurios evolucionados-, mamíferos... y finalmente: el hombre.

Asimismo la búsqueda de ese paraíso perdido está simbolizado por ese paisaje verde de postal que les muestra Alba, sobre cuya verja guardiana apoyaba su bicicleta, que se llenaba de caracoles que ansiaban libar e impregnarse con su sudor. Allí llegarán al final del metraje, donde concluye la película con un triple salto mortal, el último giro es la puta bomba de la ironía que te estalla y se desprende de la potente mano del soberano maestro Greenaway; maravilla de final donde los haya.


=== LOS ACTORES ===

Ya saben que para Greenaway los actores no tienen una importancia capital en un filme [como sí se la concede, por este orden (creo yo) al montaje -en el cine de hoy- a la música y al director de fotografía].

Pero consten los intérpretes principales, que no se diga:

Andréa Ferréol -> Alba Bewick
Brian Deacon -> Oswald Deuce
Eric Deacon -> Oliver Deuce
Frances Barber -> Venus de Milo
Guusje van Tilborgh -> Caterina Bolnes

=== LA MÚSICA ===

Asegura don Peter que a la música en el cine no se la respeta ni se le concede la importancia que merece, que se tiende a llamar a un músico para que rellene dos minutos y medio de tristeza o un par de segundos de sorpresa.

Él asegura haberse reunido varias veces antes de haber rodado un solo plano de la peli con su compositor, Michael Nyman, para poder planificar juntos los temas de la película.

Bueno, yo no sé cómo habrá funcionado la cosa realmente en cuanto a planificación, pero los resultados de las composiciones musicales en general -y en esta en particular- de Greenaway no dejan lugar a la duda. Una maravillita, oigan.

Destaquemos también el hecho anecdótico de que, en su obsesión por la simetría, la película comienza y acaba simétricamente con la misma pieza muscial: un réquiem.


=== LA FOTOGRAFÍA ===

El filme del galés sigue un esquema fijo en cuanto a la representación de la luz: A-B, A-B [siendo "A" la luz y "B" la oscuridad].

En cuanto al director de fotografía, otro de los personajes fundamentales para Greenaway, dejemos que él mismo nos lo presente con sus palabras y nos hable del tema:


"El director de fotografía de esta película es Sacha Vierny.
Esta es nuestra primera colaboración. Es un gran operador de cámara cuyo bagaje laboral se remonta a los tiempos de Cocteau [...] y ganó fama trabajando con Alain Resnais, uno de mis héroes. Además tuvo la suerte de trabajar con Buñuel en «Belle de jour».

Un hombre con tal historial y tanta experiencia lo sabe todo sobre la luz.

En esta película hay muchas referencias del mayor exponente europeo en cuanto al uso de la luz en la pintura: Vermeer. Hemos comparado cómo ilumina un pintor un cuadro con cómo ilumina un director de fotografía una escena
".

VER ENLACE: http://www.seikilos.com.ar/zoo_sp.html

"Sacha Vierny y yo decidimos hacer una lista de todas las formas en que se puede iluminar en una película. En las escenas que debían rodarse con luz natural utilizamos la luz del amanecer, del atardecer, la luz del mediodía. Todas son muy diferentes en el color y en el contraste de sombras. Pero también rodamos a la luz de la luna y durante exposiciones muy largas de planos estáticos. Incluso intentamos rodar con la luz de las estrellas. La verdad es que resultó un poco apócrifo, aunque desde luego lo intentamos.

Luego comenzamos con todo el vocabulario de luz artificial que se puede aplicar en el cine y en el teatro. Iluminamos, deliberadamente, con luces típicas del teatro y el cine y la variedad es enorme. Pero también usamos la luz de los faros de un coche, la luz que refleja la televisión utilizando la luz de neón. Desde el punto de vista de la luz clásica del cine también utilizamos las nociones de tenebrismo de Caravaggio, iluminamos con la luz del fuego, de vela y de lámparas de aceite. En esos casos al tratarse de la luz de una llama, parecen enfoques similares, sin embargo es increíble lo diferentes que son todas esas luces entre sí. Todas tienen una complexión y una temperatura diferente".

Unas frases/diálogos:
^^^^^^^^^^^^^^^^

[Habla Alba, la de la(s) pierna(s) amputada(s)]

«Había una puta sin piernas en la guerra, en Marsella. Era muy rica. Casi no se levantaba de la cama porque no podía. Le habían amputado las piernas desde la ingle. Piensen en los hombres: sin piernas para obstaculizar la entrada...
La trataban con mucho afecto y respeto y tenía muchos amantes. Murió joven. Algunos pensaron que ella quería ser enterrada en un ataúd corto. Otros quisieron llenar con flores el espacio vacío. Al final, apareció la familia y le pusieron piernas artificiales.¡Imagínense eso! El cuerpo con todos sus delicados detalles, desapareciendo dejando un esqueleto con piernas de hierro».

__________

Uno de los gemelos le pregunta a Alba:

- ¿Por qué tu hija se llama Beta?

- Alfa, beta, gamma,... Yo quería tener 26 hijos. Beta no
fue la primera. La primera murió. Tuvo una infección,
envenenamiento con mercurio. En mi pueblo se toma mercurio para abortar.

- Hay sólo 24 letras en el alfabeto griego...

__________


[Venus de Milo sorprende a Oliver tragándose trozos de cristal ayudándose con unos tragos de vino. Obsérvese lo repugnantemente cruel que resulta el gemelo inglés con alguien que le acaba de salvar la vida al arrebatarle el arma suicida [y eso que poco antes la había echado a patadas, desnuda, de su apartamento]. Este comportamiento mezquino a lo largo del filme me ha recordado a aquel otro personaje inglés, Mr. Bean, o a aquel de serie de TV made in USA: Niles Crane, ya saben, el hermano de Frasier, aquel tipo del bareto"Cheers" que luego tuvo su propia serie y blablablá]


- ¡Oliver! ¿Qué estás haciendo?

- Desayunando.

- Deja eso, imbécil. Patético idiota.

- Sólo es hielo.

- El hielo flota... y no va con vino.

- ¿Desde cuándo sabes tanto de "etiqueta"?


__________

Una escena memorable:
^^^^^^^^^^^^^^^^^^

La de los gemelos comiendo en el restaurante con la niña Beta (la hija de Alba). La pequeñaja le vacila a los gemelos a propósito del color de la ropa interior de Caterina Bolnes, que come en otra mesa en el mismo restaurante. Uno de los gemelos se tira un farol que es descubierto por la jodida pequeñaja, lo que le coloca en una situación complicadilla ante Caterina, la cual se crece y monta un pollo de cuidado en el restaurante para obligar a uno de los gemelos a acompañarla hasta el W.C. para que le levante la falda y ver el color de sus bragas.

Esta escena ya es un poco el germen obsesivo de aquella posterior obra maestra de Greenaway que será «El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante» ['The Cook the Thief His Wife & Her Lover'] -tanto respecto al restaurante, aún sin barroquizar, como respecto al cuarto de baño-. El gemelo finalmente acompaña a los lavabos a Caterina que luce un vestido rojo intenso que convierte aquellos blancos azulejos del váter en un todo rosa. Y la subida de la falda, descubriendo que no lleva bragas, y la bofetada subsiguiente... memorable.


=== RESUMIENDO ===

Nos hallamos ante una obra que resume y representa perfectamente todo el cine de Peter Greenaway, una manera de entregarse al séptimo arte original y distinta, que normalmente o se ama o se odia sin términos medios. En el fondo, como ocurre con los autores-autores, este director está construyendo constantemente variaciones de una misma película, posee eso tan complicado -y a veces terrible- que conocemos como "universo propio".

Para mí, como amante de su arte esta peli es una maravilla, aunque tiene varios títulos más gratos a mi
paladar.

=== RESUMEN DEL RESUMEN ===

En cierta ocasión P.G. mantuvo este diálogo con un periodista:

- Sr. Greenaway, voy a serle muy sincero: me ha costado mucho entender su película 'Las maletas de Tulse Luper'

- El cine es muy malo explicando historias: si quería una buena historia debería haber leído una buena novela.




=== UN PERO ===

Voy a ponerle un pero a la peli, porque me ha llamado la atención que este ex documentalista no haya enmendado en los comentarios del DVD (hecho en el presente) un error de bulto que se comete en la película cuando se dice -hablando científicamente- que las rayas de las cebras no tenían un sentido práctico defensivo, porque hoy sabemos que sí lo tiene: sirven para despistar a las leonas impidiéndoles individualizar piezas en la persecución a las manadas de cebras, no pudiendo así los félidos precisar donde empieza el cuerpo de un solípedo rayado con respecto a los otros que se encuentren a su lado.



---> Calificación en la escala estelar: [ * * * * ]

Puntuación : «Zoo» --> 8 / 10


Y para cumplir con la simetría que tanto gusta a Greenaway, cierro esta crítica del mismo modo como la abrí, con una cita del director comentando este filme:

«Se dice que los padres se entregan más a los hijos que no son perfectos. A aquellos que no ven bien, o que son menos inteligentes o que tienen algún tipo de discapacidad. Es una especie de asociación emocional con lo imperfecto. Y creo que con esta película me ha pasado algo parecido. Aunque he disfrutado mucho con el tema y las hermosas imágenes, sigue habiendo áreas que explorar con respecto a la trama. Así que si tuviera oportunidad de repetir alguna de mis películas repetiría esta, sin duda».

«Hollywood murió el 30 de septiembre de 1983 cuando se usó por primera vez el mando a distancia
»

-P.G.-