lunes, 21 de septiembre de 2026

Introducción a las ciencias noéticas y otros saberes prohibidos

De escéptico convencido a explorador de la conciencia no local


Desde que tengo uso de razón he leído, indagado e investigado acerca del sentido de la vida, pero durante mucho tiempo lo hice dentro de una jaula intelectual: condicionado por convenciones científicas y metodológicas que me llevaban a desconfiar de cualquier afirmación que no pudiera validarse mediante los métodos aceptados. A quienes se apartaban del camino principal tendía a considerarlos charlatanes y rechazaba de antemano sus propuestas. Era una postura prudente y, hasta cierto punto, razonable.

Probablemente habría seguido así si no hubiera vivido una experiencia cercana a la muerte (ECM) durante el más grave de mis infartos. Una cosa es leer testimonios muy convincentes y conservar ciertas dudas, y otra muy distinta es atravesar personalmente una experiencia que uno vive como una certeza. 

No pretendo convertirla en una prueba para los demás, pero sí reconocer que modificó radicalmente mi manera de entender la conciencia. De no haber pasado por aquel trance tan brutal, imagino que seguiría siendo un escéptico con la mente cerrada a cualquier idea fuera de lo convencional.

También hay que tener en cuenta que hoy disponemos de herramientas conceptuales y tecnológicas que pueden ayudarnos a pensar la realidad de otra manera. En mi juventud no se me ocurría incorporar el paradigma computacional al conocimiento existencial, ni el funcionamiento de las redes globales como internet, ni el concepto de los datos «en la nube», ni la realidad virtual, los metaversos, los videojuegos o la inteligencia artificial. Todo ello puede contribuir a desarrollar modelos de pensamiento más complejos y a ampliar algunos esquemas filosóficos muy antiguos.

Conciencia no local, entropía, amor y miedo

Con quince años ya había leído los testimonios de Raymond Moody en Vida después de la vida y libros tan singulares como El centro del ciclón, de John C. Lilly. Ya tenía, por tanto, cierta apertura de mente, aunque combinada con la curiosidad y el escepticismo. También leía con interés morboso a von Däniken, aun intuyendo que buena parte de su obra pertenecía más a la especulación fantástica que a la investigación histórica.

No recomiendo morirse con fines meramente epistemológicos —saldría más caro el ajo que el pollo, y ya llegará nuestra hora—. Dado que hoy existen numerosos investigadores y autores vinculados al estudio de la conciencia, me limitaré a recomendar algunas lecturas y entrevistas. Como son muchos, y vivimos en la era de las redes y del vídeo, sugiero buscar primero en YouTube alguna conversación con cada autor y, según lo que despierte el interés de cada cual, profundizar después en sus libros, conferencias o podcasts.

Lo que sigue es un resumen orientativo, ordenado según mi valoración personal de su trayectoria, el interés de sus ideas y el grado de respaldo científico o académico de cada propuesta. No es una clasificación objetiva ni pretende colocar en el mismo plano la investigación experimental, la filosofía y el relato experiencial.

Primer bloque: investigación y formación científica destacadas

Donald Hoffman
Un punto de partida especialmente interesante. Doctor por el MIT, profesor emérito de Ciencias Cognitivas en la Universidad de California, Irvine, y autor de numerosos artículos revisados por pares, Hoffman defiende que el espacio-tiempo podría ser una interfaz evolutiva y no la realidad última. Su charla TED «Do We See Reality As It Is?» es una buena puerta de entrada. El libro de referencia es The Case Against Reality (2019).

Federico Faggin
Una figura curiosa: no procede del mundo académico de la conciencia, sino de la física y la ingeniería, y fue uno de los principales responsables del desarrollo del microprocesador Intel 4004. Cuando alguien con ese perfil técnico dedica sus últimos años a defender una concepción cuántica y fundamental de la conciencia, merece atención, aunque no se comparta la conclusión. Tiene charlas extensas explicando su teoría y su libro se titula Irreducible.

Rupert Sheldrake

caricatura del científico Rupert Sheldrake

Un caso especial: doctor en bioquímica por Cambridge, con una trayectoria inicial legítima en fisiología vegetal antes de proponer la hipótesis de la resonancia mórfica. Su charla TEDx de 2013, «The Science Delusion», generó un debate sobre los límites de la divulgación científica y fue retirada de la distribución principal de TEDx tras una revisión de la organización. El libro asociado es Science Set Free, también publicado como The Science Delusion (2012).

Bernardo Kastrup
Doctor en ingeniería informática y en filosofía, y probablemente uno de los defensores más sistemáticos del idealismo analítico en la actualidad. Aquí estamos principalmente en terreno filosófico, no experimental, pero sus argumentos están desarrollados con ambición y coherencia interna. Sus diálogos en el canal de la Essentia Foundation son un buen punto de entrada. El libro de referencia es The Idea of the World (2019).

Bruce Greyson
Quizá el más conservador del grupo. Es profesor emérito de psiquiatría y neurociencias conductuales de la Universidad de Virginia, y ha investigado durante décadas las experiencias cercanas a la muerte. Sus entrevistas en Closer to Truth y New Thinking Allowed son sobrias y poco sensacionalistas. Su libro es After (2021).

Dean Radin
Científico jefe del Institute of Noetic Sciences y expresidente de la Parapsychological Association. Es uno de los investigadores más conocidos de los fenómenos psi, aunque sus resultados y los de su campo siguen siendo objeto de controversia y no cuentan con una aceptación generalizada. Su libro The Conscious Universe (1997) resume bien su postura.

Herbert Spiegel
Cierra este bloque con una nota distinta: tuvo una formación médica sólida y fue un pionero de la hipnosis clínica dentro de la psiquiatría convencional. No dejó una obra de divulgación masiva, así que conviene buscar sus artículos clínicos y las grabaciones de demostraciones del Hypnotic Induction Profile.

ECM ciencia espiritualidad conciencia no local hipnosis


Segundo bloque: formación científica sólida y conclusiones más controvertidas


Andrew Gallimore
Neurobiólogo computacional doctorado en Cambridge, con trabajo especializado en farmacología del DMT junto a Rick Strassman. Su libro Alien Information Theory (2019) es una de las propuestas más coherentes dentro de la especulación psicodélica.

Bruce Lipton
Doctor en biología del desarrollo por Stanford, aunque su idea de que las creencias pueden reescribir la expresión génica recibe un fuerte rechazo desde sectores de la biología molecular convencional. Su libro The Biology of Belief (2005) sigue siendo uno de los más populares de esta lista.

Tara Swart
Neurocientífica y psiquiatra vinculada al MIT Sloan, aunque su libro The Source (2019) se mueve más en el terreno del desarrollo personal que en el de la investigación experimental estricta.

Helané Wahbeh
Con formación en investigación clínica, dirige trabajos del Institute of Noetic Sciences y aplica metodología formal a un objeto de estudio tan controvertido como la canalización. Su libro es The Science of Channeling (2021).


Tercer bloque: material cultural, experiencial y narrativo


Thomas Campbell

Thomas Campbell

Tiene formación en física, aunque su trilogía My Big TOE (Mi gran teoría del todo) es una obra autopublicada.

Campbell destaca por su intento de unificar ciencia y espiritualidad mediante un enfoque lógico, basado en la experimentación directa de la conciencia. Su mayor virtud, a mi juicio, es el compromiso con la evolución humana y la idea de que el propósito de nuestra existencia consiste en reducir la entropía interna mediante el amor, la cooperación y la superación del miedo.

Lo veo en sus vídeos con una gestualidad tranquila y un convencimiento que consigue atraerme a su terreno. Ahora estoy leyendo su trilogía TOE.

Dale Graff
También procede de la física y dirigió el programa gubernamental Stargate de visión remota, un campo cuyos resultados no han alcanzado una aceptación científica generalizada ni una replicación independiente concluyente.

David Hawkins
Comenzó como psiquiatra, pero evolucionó hacia una escala de conciencia basada en la kinesiología aplicada. El sistema está diseñado de una manera que dificulta su refutación, lo cual es una señal metodológica problemática, aunque no por ello carece de interés cultural o espiritual.

Robert Monroe
Sin formación científica especializada en este campo, fue un pionero principalmente experiencial. Su importancia reside en haber popularizado el concepto de experiencia extracorporal con Journeys Out of the Body (1971).

Stephan Schwartz
Sin formación científica reglada específica, desarrolló trabajos de arqueología remota y de visión remota aplicada. Sus métodos y conclusiones no cuentan con controles independientes ampliamente aceptados, pero su trayectoria y perseverancia lo convierten en una figura que merece atención.

Yo no ignoraría sus precisas profecías del futuro: para mí, Stephan Schwartz es el «adivino» documentado más exacto de todos los tiempos. Esa es mi valoración personal, basada en la evidencia documental.


¿Te cuesta meditar? Bola extra, bonus

Si alguien se frustra por no ser capaz de meditar de manera convencional, pero le gustaría iniciarse con ciertas garantías de éxito, puede probar con unos buenos auriculares y los audios binaurales Hemi-Sync del Instituto Monroe, o descargar la aplicación Expand: Beyond Meditation. Con la cuenta gratuita es suficiente para empezar.


Canales recomendados en YouTube para ampliar información

New Thinking Allowed, con Jeffrey Mishlove.

Closer To Truth.

Institute of Noetic Sciences.

Essentia Foundation.

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jueves, 17 de septiembre de 2026

El libro que empieza cuando el lector se equivoca

Abrimos un libro pensando en la trama y cerramos otro, uno que hablaba de nosotros disfrazado de coartada. El lector cree que va a leer sobre un detective, una familia arruinada por el silencio o una guerra que sucedió lejos y hace tiempo; en realidad, sin saberlo del todo, está buscando una manera decorosa de no mirarse demasiado tiempo en el espejo. La literatura tiene esa mala educación tan suya. No pregunta si estamos preparados, no pide permiso ni avisa. Deja una frase encima de la mesa, con la misma naturalidad con que alguien deja las llaves al entrar, y se marcha sin despedirse, dejándonos a solas con lo que acaba de soltar.

Y entonces nosotros fingimos, con bastante convicción, que no la hemos visto. Hacemos la cena. Contestamos mensajes que podrían esperar. Discutimos con alguien por una tontería que el jueves ya no recordaremos, mientras la frase sigue ahí, sobre la mesa, esperando con la paciencia de quien sabe que tarde o temprano volveremos a mirarla.

Lector inmerso en un libro mientras una imagen luminosa transforma la habitación

Lo que a mí me interesa, lo que me detiene de verdad, es el momento exacto en que un libro se equivoca de lector. No hablo del instante en que aburre —eso es fácil de explicar, y casi siempre culpa del libro o del momento—, sino del instante en que acierta, que es mucho más raro y mucho más incómodo. Uno empieza la lectura con la seguridad de un turista que lleva mapa, plano doblado en el bolsillo, itinerario decidido de antemano, y termina, sin darse cuenta de en qué esquina se desvió, en una calle que no figura en ningún plano. El personaje que al principio nos parecía ridículo, casi una caricatura mal resuelta, empieza a hablar de pronto con nuestra propia voz, con nuestras dudas exactas, con esa cobardía particular que creíamos guardada bajo llave.

Entonces aparece la pregunta incómoda, la que preferiríamos no hacernos: ¿hemos leído el libro, o el libro, con toda su paciencia de página en página, nos ha estado leyendo a nosotros?

Un buen libro no soluciona la vida, y conviene desconfiar de quien promete lo contrario. Lo que hace es más modesto y, a la vez, más difícil: la vuelve más precisa durante unas horas. Le pone nombre a una vergüenza que arrastrábamos sin palabras, a una pérdida que habíamos aprendido a rodear sin mirarla de frente, a un deseo que hasta entonces se movía por dentro con la eficacia lenta y gris de un funcionario sin ventanilla, uno de esos que atienden pero nunca resuelven nada.

Libro abierto

Por eso seguimos leyendo, año tras año, libro tras libro, aunque nadie nos lo exija. No para escapar de nosotros mismos, que sería la explicación más cómoda, sino para regresar con mejores instrucciones, con un mapa algo menos incompleto de nuestro propio territorio. A veces basta una sola frase, escrita en apariencia para otra persona, en otra época, en otra lengua incluso, y que sin embargo acaba mudándose a nuestra casa sin que nadie la haya invitado, ocupando un rincón del que ya no se irá.

El lector se equivoca muchas veces, y probablemente esa sea la condición misma de leer en serio. El libro, si es realmente bueno, no corrige el error. Lo aprovecha.

Si te interesa seguir leyendo sobre libros que se equivocan contigo, puedes conocer mis libros en Autor y libros.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Marujo metomentodo

Así, con Marujo Metomentodo, alcahueto y con calificativos similares es como suele afearme mi señora esa costumbre ancestral mía de hablar con algunas personas que aparecen en la pantalla del televisor.

Como sé que ese vetusto y caduco medio que es la tele funciona unidireccionalmente, de manera que el receptor puede escuchar al emisor pero no al contrario, me permito habitualmente hacer comentarios sobre lo que veo en pantalla, normalmente para criticar, la verdad, y a menudo blasfemar grandemente cuando aparecen ciertos políticos. Pequeños desahogos que uno se regala, pecaditos veniales.

Sé que es miserable desperdiciar tiempo en cotilleos y en críticas gratuitas... lo sé, de verdad.

Me consta que eso tan solo provoca un aumento de la entropía en el universo, que es lo último que necesitamos, que verdaderamente deberíamos amarnos los unos a los otros, como mandan —¡con buen criterio!— todas las religiones.

Pero, permítanme por una vez liberar mi pequeña maldad... como algo excepcional, ¿vale?

Verán, el otro día viendo en el informativo de Cuatro (por pura casualidad, no suelo ver las basuras de Mierdaset ni de Atresmierda tampoco, publicidad y estiercol a toneladas) me encontré con esta imagen:

Payasas mal vestidas

¿Es cosa mía o les quedan horriblemente mal, fatal, las ropas a ambas presentadoras?

A la de los informativos, la de la izquierda, dan ganas de darle unos bocadillos para que engorde y pueda rellenar esa payasada de traje enorme blanco que lleva.

Y en cambio a la otra, a la de la información del Tiempo, se le nota algo apretadita en esas estrecheces de ropajes, ¿no?

Así que me dije:

—¿Por qué no se intercambian las ropas?

Convencido de la solución genial que se me había ocurrido, le hice una foto a la pantalla de mi televisor y le metí la imagen a ChatGPT diciéndole que les cambiase las vestimentas.

¡Y hete aquí el resultado!

Al fin bien vestidas

¡¡¡NO ME DIGAN QUE NO ESTÁN MUCHÍSIMO MÁS ELEGANTES AMBAS ASÍ!!!

Ufff, qué a gusto me he quedado, lo siento.

Bueno, ¡qué demonios! Ya que estamos lanzados y entregados a la maldad voy a soltar otra cosa que llevo muchos años pensando en silencio.

Es acerca de esta presentadora deportiva, la que retransmite el Mundial de Motociclismo en esa inmundicia de plataforma llamada DAZN, Izaskun Ruiz:

Izaskun Ruiz, presentadora de MotoGP en DAZN

¿¿De verdad es solo cosa mía o esa presentadora parece que lleva unas gafas de esas con nariz incorporada como estas??

Gafas de broma con nariz incorporada

Discúlpenme la pequeña maldad. 

Izaskun, eres una belleza 😍, perdóname la tontería.  

Si te ha gustado esta travesura y quieres seguir leyendo gamberradas similares, visita la sección «Autor y libros» para descubrir mis historias y mis libros. 

Introducción a las ciencias noéticas y otros saberes prohibidos

De escéptico convencido a explorador de la conciencia no local Desde que tengo uso de razón he leído, indagado e investigado acerca del sent...