miércoles, 19 de marzo de 2014

El día del padre


Regalo de mi hija:



Regalo de mi hijo:




Ambos coinciden en mi frikismo. 

Nótese que mi hija se ha molestado en ir buscando por distintos sitios todas las chuches que me gustan hasta llenar el bote. Aparte de eso me ha regalado un monedero, porque la verdad es que el que tengo da un poco de verguenza verlo dada su antiguedad arqueológica.

Lo que se ve a la izquierda en el dibujo de Osquitar es una referencia a «The Walking Dead», lo de la derecha es la caravana donde cocinaba Walter White en «Breaking Bad». Lo de abajo es la Wii-U (una indirecta), el perrito es otra indirecta (le prometí que si aprobaba todo le compraría un cachorito de labrador blanco). Los mensajes de las nubes no son indirectas, son mensajes bastante directos.

A mi padre me he ido a buscarle una botellita de un aceite virgen extra de la zona que sé que le encanta.

Pues eso: feliz día del padre.

Saluti a a tutti!

jueves, 6 de marzo de 2014

Madres, suegras, marrones

Aquel tipo logró individualizarme entre la multitud, se paró delante mía y dijo sin asomo de duda:

¡Maif, eres tú, macho!

No tenía ni idea de quién puñetas era el pintas aquel que con tanta claridad parecía reconocerme.

Soy yo, tío, Quinito, ¿no te acuerdas de mí?

Aquel menda, con aspecto de tenerle mucha afición a las drogas —en detrimento del sano hobby de los cuidados higiénicos— apestaba a un olor que tardé en reconocer como el mismo que se inhalaba en la parte trasera del autobús del reformatorio de Campillos cuando íbamos a Algeciras, cerca de donde nos conocimos más de treinta años atrás.

Coño, Quinito, ha pasado mucho tiempo. ¿Qué te pasó con los dientes? —pregunté, saltándome los buenos modales, al contemplar su desamueblado hocico.

Ya ves, tronco, de pequeño me arrancaba los dientes para que me trajera dinero el ratoncito Pérez. Y como soy así, cuando me crecían los dientes de verdad me los arrancaba también. Cuando se me acabaron se los arrancaba a otros niños.

No me extrañaba. Este Quinito fue el niño que animó a mi hermano (con seis años de edad) para que se lanzara al vacío desde un tercer piso.

Venga, salta, que no te va a pasar nada, si tu padre es paracaidista —esgrimía el mamón del él. 

No me tragué lo del ratoncito Pérez.

La heroína fue la que se llevó su piñata.

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Me ha sorprendido enterarme de que Josep María del Niu se ha presentado voluntariamente en la cárcel a las ocho de la mañana... Mi arma, si te presentas a las diez de la noche se te da igualmente por cumplido este día de condena.

Algo me dice que él sabe perfectamente que va a pasar poco tiempo entre rejas.

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En realidad ese reencuentro con Quinito jamás llegó a suceder fuera de mi mente.

Lo cierto es que hace unos quince años mi madre se encontró casualmente con los progenitores del tipo. Le contaron que Quinito era yonki, pero que se estaba desintoxicando.

Mi mami tuvo la ocurrencia de darle la dirección de mi casa, animándole a que fuera a visitarme (nos separaban sólo 100 kilómetros de distancia).

Un día, en el que yo estaba trabajando (y mi mujer también), se presentó —sin mediar aviso— en casa Quinito preguntando por mí. Le abrió la puerta mi suegra (estaba allí para cuidar a mi hija a la salida de la guarde) y al verle las pintas se asustó y le dijo destempladamente que yo no vivía allí.

No volví a saber de él.

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Como era previsible no acerté ni una de las chirigotas finalistas del COAC 2014. La de Vera Luque fue finalmente la vencedora.



viernes, 21 de febrero de 2014

Puñado de Post It

He pasado la gripe Z como un campeón: cigarrillo, ventolín, cigarrillo, ventolín, e-cig, aerososol de pulmicort, e-cig, hierba, codeína...

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Uno de lo problemas de comprar por internet es que no calibras bien los tamaños reales con una foto, así que cuando me llegó el paquete con el cigarrillo electrónico dije: mierda, qué grande. Aquello más que un piti parecía el flasheador de «Men in Black» (mola).

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Toda la vida descojonándome de lo no científico y de las terapias alternativas y resulta que lo único que me está consolando de los jodidos dolores de espalda y cuello en estos últimos años es la acupuntura, y eso que antes hasta me daban miedo las agujas.


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Agotado, al final de la semana pude valorar plenamente toda la enormidad de aquel e-cigarrón vicario cuando telefoneé a mamá, sorprendiéndome su largo silencio al otro lado de la línea (tal cual si me estuviese entrevistando Jesús Quintero).
Hasta que caí en la cuenta de que estaba intentando darle una calada al celular y al observar —incrédulo— que tenía el e-cig en la oreja .

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En la Baja Edad Media la edad media era baja.

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Gasté todas mis balas. Contaron el la tele que una persona puede enamorarse hasta en una docena de ocasiones durante su vida. Recuerdo que cuando vivía en Madrid, cada vez que me pillaba atasco en la M-30 me enamoraba tres o cuatro veces diarias de las distintas conductoras cercanas.

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Qué rara casualidad que en un folleto publicitario que me colocan en el limpia del coche se anuncie una academia de una ciudad cercana, en la que viví anteriormente. Lo curioso e inquietante es cuando te das cuenta de que el número de teléfono de contacto es... tu antiguo número. 

Y antes de mí lo fue de un mamón que dejó a deber dinero a mucha gente, lo cual me incomodaba porque cuando llamaban y trataba de explicarles que ese número ahora pertenecía a otro abonado (yo) y no al tipo por el que preguntaban (el mamón), sospecho que se quedaban siempre con la sensación de que se trataba de una vulgar excusa del caradura anterior para no pagarles.


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Del bacalao me gustan hasta sus nadares.

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No me constan datos demográficos acerca de la Alta Edad Media.


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Me imagino que aún hoy alguno llamará a la academia reclamando las deudas del mamón.

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Zamburguesas tecnológicas. En "Humor amarillo" había una prueba en la que los concursantes tenían que cruzar una extensión de agua saltando de piedra en piedra, pero algunas eran falsas. Tal que así me siento tratando de ahorrar algún dinero y preservar una mínima privacidad: icq, messenger, whatsapp (resbalón), telegram...

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Si yo fuese el cobrador del frac y me presentara en esa nueva academia para intentar cobrar la deuda del mamón... volvería sin el dinero y matriculado en un curso de pilates, fijo.

lunes, 10 de febrero de 2014

Carnavales de Cádiz

Con lo que llevo visto hasta ahora del carnaval gaditano —del COAC 2014—, en la categoría de chirigotas, ya tengo a mis tres candidatas para finalistas del concurso (aunque tampoco lo he visto todo).

Estas son:

1/ La chirigota del Canijo "Las divinas de la muerte"



2/ La chirigota del Selu "Pepe Trola"



3/ "¡Cogerlo ahi!"


miércoles, 15 de enero de 2014

Mecanismos del humor

Ahhhh, qué sería de la vida sin el humor. Hablo de mi vida, claro, aunque puedo imaginar que sea extrapolable a los demás.

Un tipo aparentemente serio como yo —de natural aburridete— tiende a juntarse con gente graciosa para hacerle la existencia más llevadera.

Esta apología del humor puede objetivarse tirando de estudios científicos que certifican las bondades del mismo. 

Sabemos que el humor tiene hasta un poder de sanación importante, que es como proveer a nuestro sistema inmunitario de superpoderes, posibilita reducir los niveles de cortisol y la presión arterial, nos protege contra el estrés, libera endonfinas, produce bienestar y hasta elimina calorías. Un chollo, vamos.

A veces uno tiene el raro privilegio de dejarse sorprender inesperadamente por un humorista con alguna chispa repentina que prende el incendio de la carcajada bruta, esas ocasiones en las que nos reímos hasta quedar agotados y tosiendo porque nuestra respiración se ha visto trastornada por las locas risotadas que nos han embargado por unos intantes. Esos preciosos momentos podrían equivaler saludablemente a los beneficios de un polvo, de una hora de ejercicio, a un masaje o a media hora de meditación trascendental.

Pues bien, quiero compartir con los lectores de este blog, como compensación por mi escasa producción, los últimos momentos en los que he sido agraciado con esos maravillosos momentos medicinales humorísticos.

Uno de ellos ha sido recientemente de la mano de Javier Cansado (sí, aquel que leía a Kierkegaard) en el programa de Canal + "Ilustres ignorantes". Es una bobada, lo sé, como casi todo el humor fetén, pero la gracia estriba en esa confusión que te provoca, esa artística gambeta messiana que te parte el pecho. Vean:

El otro momento —en este caso un par de ellos al menos— cómico genial pertenece a ese tipo de comicidad que algunos odian (mi madre, sin ir más lejos, que me reprocha que me ría con esas bestiadas). Se trata del mejor monólogo que he oído este año —y procuro escuchar muchos—, y corre a cargo de Louis C. K., en su show "Oh, my god!", ese fenómeno del que he visto casi todas sus actuaciones y las tres temporadas completas de su serie de TV (la cuarta temporada se emitirá en mayo). Está disponible entero en Youtube subtitulado en castellano, pero les dejo con un pequeña cata que contiene uno de esos momentazos:


Y bien, amig@s, espero que les haya gustado y gocen de mejor salud y menor estrés. Yo, a partir del 31 de los corrientes, empiezo una cura de salud risoterapéutica con los inminentes carnavales de Cádiz.

martes, 7 de enero de 2014

Mi gata hace how how how miau miau

Se acabaron las navidades y —como tengo el blog tan abandonado— se me ocurrió escibir una entrada resumiendo estas fiestas, pero... no sé, tampoco es que hayan sido nada del otro mundo. 

Cuando eres pequeño las navidades son lo máximo. 

Cuando eres joven y está toda la familia desperdigada por diferentes geografías también tienen su encanto porque es una rara ocasión para coincidir todos. 

Cuando tienes críos pequeños estas fiestas molan porque vives de su felicidad.

Afortunadamente ya no soy pequeño, mis hijos ya son más mayorcitos, todos los de mi familia vivimos en la misma ciudad (la mayoría en un radio de un par de kilómetros), así que las navidades no son tan importantes (aunque las fiestas son siempre fiestas).

Así que podía resumirlas hablando del absurdo atiborre de comida. Lo único verdaderamente digno de reseñarse es que fui el responsable del menú del día de Navidad y por una vez renuncié a la carne y me decidí por una receta de pescado que encontré buceando en internet:

Merluza con cebolla caramelizada con mermelada de melocotón con reducción al Pedro Jiménez sobre lecho de puré de papas (a esta recerta le añadí —por mi cuenta y riesgo— unas manzanas caramelizadas, pero la verdad es que eso sobró... y casi que el puré también). Yo no soy muy de blog gastronómico, eso se lo dejo a mi amigacho Sap, que es un artista (pueden buscarla en google), pero sí les muestro una fotito que le hice y les prometo que fue en éxito de crítica y público (de lo contrario no vendrían los Reyes, claro).

En fin, aparte de eso, ya en serio, lo más interesante de estos días es que ha vuelto mi hija (ahora estudiando Psicología) a casa y con ella se trajo a su gata.

La verdad es que los gatos son animales que nunca me han gustado y por los que sentía desconfianza y hasta antipatía, pero eso ha cambiado estas últimas semanas, me he vuelto algo más tolerante con esas criaturitas.

Temía decepcionar a mi hija por no saber cuidar bien del bichejo, por eso una mañana me empecé a preocupar porque llevaba un buen rato buscando a la gata y ésta no aparecía por ninguna parte, ni siquiera en sus inverosímiles escondrijos favoritos. Estaba yo en pleno disgusto y turbación por tan imperdonable extravío cuando escucho un ruido extraño en el salón. Me dirijo hacia allí con sigilo, parmanezco a la escucha atentamente y localizo que el sonido procede del árbol de Navidad... miro hacia allí y al principio no vi nada, pero fijándome con más cuidado vi esto:


Feliz 2014, mi deseo para este año es que los "Pepe Trola" del Selu estén inspirados en el COAC.


Mi libro gratis del 13 al 17 de febrero

Pues ahí tenéis esa promoción por San Valentín, dado mi enamoramiento de la Humanidad. Durante esos días estará disponible totalmente grat...