Pues sí, he sido capaz de acabar de escribir una novela. Qué alegría más grande ver que he podido, con todas mis limitaciones, conseguir superar un reto tan grande. Porque además lo he hecho todo yo solito. Y tan feliz ahora que la veo puesta a disposición de la gente.
De qué va:
Al alba de una mañana cualquiera, un escritor consagrado despierta metamorfoseado en bestia mediática. La muerte inexplicable de su esposa —luminaria de la literatura infantil— se convierte en el catalizador de su caída desde las alturas del Olimpo literario hasta los abismos del oprobio público. En el transcurso de unas pocas horas, el edificio cuidadosamente construido de su existencia perfecta se desmorona como castillo de naipes bajo la tormenta. La investigación policial torpe, los prejuicios sociales enquistados y el carnaval grotesco de los medios tejen en torno a él una red de la que parece imposible escapar. La etiqueta de "asesino machista" se adhiere a su nombre con la tenacidad de una segunda piel, condenándolo antes del juicio.
Entre los muros de la prisión, universo darwiniano de funcionarios mal remunerados, mafias de acento eslavo y cartas de admiradoras que confunden devoción literaria con necrofilia emocional, nuestro protagonista emprende un aprendizaje brutal: el arte de la supervivencia en ecosistemas hostiles donde las reglas del mundo civilizado no rigen. Óscar Maif construye una sátira feroz y extraordinariamente divertida del linchamiento contemporáneo y de los círculos literarios patrios. Su prosa, refinada sin afectación, equilibra referencias eruditas con un humor punzante mientras la arquitectura narrativa, de solidez cinematográfica, despliega personajes multidimensionales y diálogos que respiran naturalidad.
Con el pulso acelerado del thriller y una generosa dosis de ironía despiadada, la novela erige un espejo implacable que refleja aquello que preferimos ignorar: nuestra tendencia a fabricar culpables de conveniencia, la fragilidad de la verdad ante el más nimio de los gestos, la capacidad de una prueba irrisoria para redimir o condenar una existencia entera. La obra se sumerge en las corrientes más turbulentas de nuestro tiempo: la cultura de la cancelación que devora reputaciones, un sistema de justicia en permanente crisis de credibilidad, y unos medios que han perdido la confianza ciudadana. En este tablero moral encontramos una amante inalcanzable, un poeta maduro enamoriscado cual adolescente, matrimonios que se tambalean, testigos que callan y una sentencia que atraviesa la narración como mantra siniestro: el azar no te odia; te usa.
El resultado es una obra adictiva y políticamente incorrecta, tierna y salvaje a un tiempo: una novela negra de corte social con el ritmo vertiginoso de una serie premium y esas carcajadas incómodas que se atascan en la garganta. Cuando se voltee la última página, perdurará la sospecha —y el placer culpable— de haber sido testigos de una redención imposible en un país donde el chisme gobierna las conciencias, la memoria flaquea y solo el humor nos preserva del naufragio total. Esta novela no solo merece, sino que exige su traslación a la pantalla: es una obra que no se lee, se devora.
Reseñas literarias en vídeo y un podcast que analiza la novela:
"El libro siempre es mejor", repiten los puristas. Pero hay veces en que el cine toma el material original, lo sacude, lo viste de gala, le pone banda sonora... y lo eleva a otro nivel.
En este top me atreveré a cometer sacrilegio literario celebrando esas películas que, con descaro y talento, lograron superar a la obra en la que se basan. Vamos con mi Top10 de adaptaciones cinematográficas que —aunque duela— superaron al libro.
🔟 Jurassic Park (1993)
📖 Basado en la novela de Michael Crichton (1990)
🎥 Dirigida por Steven Spielberg
Por qué la película es mejor:
El libro de Crichton es técnico, lleno de teoría del caos y ADN fosilizado. Spielberg, en cambio, nos dio un espectáculo de asombro, tensión y nostalgia prehistórica. Con un John Williams en estado de gracia y unos efectos revolucionarios, esta película cambió el cine para siempre.
9️⃣ Call Me by Your Name (2017)
📖 Basado en la novela de André Aciman (2007)
🎥 Dirigida por Luca Guadagnino
Por qué la película es mejor:
La novela es bella, sí, pero Guadagnino logró capturar el amor adolescente con una delicadeza visual que trasciende las palabras. La luz del verano italiano, el silencio compartido, y ese final frente al fuego... todo es poesía en movimiento.
8️⃣ Tiburón (Jaws, 1975)
📖 Basado en la novela de Peter Benchley (1974)
🎥 Dirigida por Steven Spielberg
Por qué la película es mejor:
El libro tenía tiburón, sí, pero también una trama de infidelidad y personajes sin mucho carisma. Spielberg eliminó lo superfluo y creó un thriller puro, tenso, donde el verdadero monstruo es el miedo. Y eso que el tiburón casi no aparece…
7️⃣ Los Juegos del Hambre: En llamas (2013)
📖 Basado en la novela de Suzanne Collins (2009)
🎥 Dirigida por Francis Lawrence
Por qué la película es mejor:
Más política, más oscura, más intensa. Esta segunda parte brilla gracias a un ritmo mejor pulido que en el libro, y a una Jennifer Lawrence im-presionante. Panem nunca se vio tan real.
6️⃣ Perdida (Gone Girl, 2014)
📖 Basado en la novela de Gillian Flynn (2012)
🎥 Dirigida por David Fincher
Por qué la película es mejor:
La propia autora escribió el guion, pero fue Fincher quien sumergió la historia en una estética enfermiza y fascinante. Rosamund Pike es Amy: helada, calculadora, inolvidable. El libro es bueno: la película es brutal.
5️⃣ El Club de la lucha (Fight Club, 1999)
📖 Basado en la novela de Chuck Palahniuk (1996)
🎥 Dirigida por David Fincher
Por qué la película es mejor:
Palahniuk lo admitió: prefiere la película. Fincher convirtió una novela nihilista en una obra visual, frenética, provocadora. Brad Pitt y Edward Norton están en modo leyenda. Y sí, la regla número uno es no hablar de lo buena que es esta película (pero lo haré igual).
4️⃣ El Padrino (1972)
📖 Basado en la novela de Mario Puzo (1969)
🎥 Dirigida por Francis Ford Coppola
Por qué la película es mejor:
La novela tenía salseo. La película, en cambio, es tragedia pura. Coppola creó un mundo de códigos, silencios, y miradas que dicen más que cien páginas. Brando es mito, y la saga es cine en estado puro.
3️⃣ Blade Runner (1982)
📖 Basado en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick (1968)
🎥 Dirigida por Ridley Scott
Por qué la película es mejor:
Dick imaginó un futuro extraño. Ridley Scott lo convirtió en poesía noir. Visual, atmosférica, filosófica. Roy Batty llora bajo la lluvia y el mundo entero se detiene.
2️⃣ El Resplandor (The Shining, 1980)
📖 Basado en la novela de Stephen King (1977)
🎥 Dirigida por Stanley Kubrick
Por qué la película es mejor:
King odia esta adaptación. El resto del mundo, no tanto. Kubrick optó por el terror psicológico, la ambigüedad, la locura contenida. Nicholson se pierde en el hotel, y yo con él.
1️⃣ Forrest Gump (1994)
📖 Basado en la novela de Winston Groom (1986)
🎥 Dirigida por Robert Zemeckis
Por qué la película es mejor:
El libro es irónico, casi satírico. La película es ternura, historia y música en movimiento. Tom Hanks nos regaló uno de los personajes más entrañables del cine, y convirtió a Forrest en leyenda.
📢 ¿Y tú, qué opinas?
¿Estás de acuerdo? ¿Hay alguna adaptación que sacarías de la lista con furia literaria? ¿Una que añadirías con devoción cinéfila?
Déjamelo en los comentarios, ¡y no olvides compartir este post con esa amiga que siempre dice “el libro era mejor”! 😉
Taganana es el aliascon el que participaba en el antiguo blog del escritor Antonio Muñoz Molina y actualmente en el foro que lo sucedió extraoficialmente, El Ilustre Cenáculo, el escritor Daniel Dilla.
En cuanto llegó a mis oídos la noticia de que mi compi de aquellos foros cibernéticos había publicado su primera novela no dudé un instante en hacerme con ella, sabiéndolo digno merecedor de confianza y atención, así como de su gran preparación literaria. De hecho, no esperé ni a que el libro me llegara, sino que compré directamente en la web de la editorial Plasson e Bartleboom la versión electrónica para poder hincarle el diente de inmediato y también, cierto es, porque últimamente prefiero leer en e-book a leer en papel, cosas de mi proto-ancianidad, supongo. Otrosí digo que me encantaría que en la próxima feria del libro madrileña —que por mayo era por mayo— pueda hacerme con uno de esos hermosos ejemplares físicos con tan llamativa portada y dedicado por su autor in situ.
Así pues, he podido asignar un tiempo extra —del que habitualmente no dispongo— para la lectura de la novela, ya que con el programa Calibre me hice una copia en formato PDF para poder leer también en la pantalla del PC, aparte de disfrutar de la lectura del EPUB en mi dispositivo Kobo. Y a mayores pasé una copia a una app del móvil (android) en la que si le subes un ebook te lo convierte en un audiolibro con voces generadas por IA (de Eleven Labs, creo recordar), pero que son bastante decentes, sin la teatralidad de los actores de doblaje —cierto es—, pero muy dignas y con diversas voces masculinas y femeninas para elegir, pudiendo así mismo adecuar la velocidad de lectura (yo en algunos fragmentos iniciales particularmente densos usé una voz masculina a una velocidad de 0.90x; y en cambio ayer, mientras paseaba por el campo en paralelo a las vías del AVE junto a mi perrita Dakota, concluí la lectura-audición seleccionando la agradable voz femenina —QMF, virtualmente— llamada "Sara Martín" a una velocidad de 1.10x).
Son cuatrocientas páginas, una buena tirada.
La historia es atractiva: a un tipo, una señora X le hace la trece-catorce dejándole al cuidado de un perro mientras la individua entra a comprar "tabaco". Naturalmente, la mujer desaparece y el prota de la historia se queda con el animalito sin saber muy bien qué hacer.
Y aunque la novela se titula Odiseo porque se supone que el perro siempre vuelve a su Ítaca mitológica, lo cierto es que el perrillo tiene tantas "ítacas" como narradores distintos la novela (el animal aspira simplemente a la tranquilidad de un humano que lo cuide), así que más bien acontece, no como en el relato homérico, sino como en el breve cuento que escribió el magnífico escritor uruguayo Mario Levrero titulado "Historia sin retorno Nº 2"
Un perro, Campeón. Vivía solo con él y llegó a incomodarme. Lo llevé al bosque, lo dejé atado con una piola que pudiera romper con un poco de perseverancia y volví a casa.
En un par de días lo tuve rascando la puerta; lo dejé entrar.
Se me hizo intolerable; lo llevé a un bosque más lejano y lo até a un árbol con una piola más gruesa (sabía que el defecto no estaba en la piola sino en la fidelidad del animal, quizás tenía la secreta esperanza de que esta vez no pudiera liberarse y muriera de hambre).
Volvió algunos días después.
Entonces supe que el perro volvería siempre. No me atrevía a matarlo por temor a los remordimientos; y pensé que aunque lograra efectivamente perderlo, en un bosque más lejano aún, viviría con el temor constante de su regreso; atormentaría mis noches y enturbiaría mis alegrías; me ataría más su ausencia que su presencia.
Entonces dudé apenas un instante ante la majestad del bosque compacto que se alzaba ante mis ojos -umbrío, imponente desconocido-; resueltamente, comencé a internarme, y seguí internándome hasta que, finalmente, me perdí.
Así pasa aquí también, Leonardo Agualusa deberá extraviarse en su propio bosque del porvenir para lograr deshacer esa unión que enseguida se forja con Odiseo.
La novela empieza un poco como aquellos relatos de Woody Allen recogidos en Cuentos sin plumas porque da comienzo con un prologuista que parece pretender (Cómo) acabar de una vez por todas con los prólogos. Después, este mismo prologuista, un vecino del prota, nos narrará en primera persona las vicisitudes acontecidas a Odiseo antes de arribar al puerto (a la puerta) de su vecino.
Esto del perro narrador, siendo original, no es del todo novedoso, pues ya se había hecho antes; recuerdo ahora, por ejemplo, Flush de Virginia Woolf o Tombuctú de Paul Auster, pero tiene su punto.
El peso mayor de la narración lo lleva el personaje principal, Leonardo, aunque contaremos con varios más. Como en la célebre película Rashômon de Akira Kurosawa, que se basaba formalmente en un relato de Ryūnosuke Akutagawa titulado "En el bosque" (藪の中, Yabu no naka, de 1922) en la que la película imita su estructura narrativa, en donde diferentes personajes ofrecen versiones contradictorias de un mismo evento. De modo análogo, aquí contamos con diversos narradores que nos irán explicando su versión de la historia en primera persona.
Daniel Dilla debuta con esta ambiciosa opera prima en la que se atreve a experimentar formalmente en diversos aspectos. Por un lado, me recuerda un poco al debut novelístico de Eduardo Mendoza con La verdad sobre el caso Savolta, donde el autor se sirve de diferentes materiales literarios fragmentarios para presentarnos la historia, pero también me recuerda un poco al virguero debut en la novela de Antonio Muñoz Molina con Beatus Ille, en la que igualmente se suceden acciones en distintas épocas y se hurta alguna información al lector.
Las tres novelas debutantes comparten una estructura narrativa que rompe con la linealidad cronológica. Beatus Ille presenta una superposición de diferentes niveles temporales y narrativos; La verdad sobre el caso Savolta se construye a partir de la yuxtaposición de diversos documentos y perspectivas, y Odiseo mezcla sucesos del pasado y del presente a través del monólogo interior de su protagonista. Esta fragmentación temporal y narrativa, presente en las tres obras, genera una sensación de desorden y caos que desafía las convenciones tradicionales de la novela. Aunque con diferentes estrategias, las tres novelas presentan una multiplicidad de voces y perspectivas que cuestionan la autoridad de un único narrador. En Beatus Ille, la historia se construye a través de las reminiscencias de varios personajes; en La verdad sobre el caso Savolta se recurre a una variedad de documentos y testimonios y en Odiseo, aunque predomina el monólogo interior de Leonardo, la inclusión de diálogos, la voz del prologuista y las referencias a otros personajes generan una sensación de pluralidad.
La tripleta que analizamos se caracteriza por su hibridación de géneros y materiales. Beatus Ille integra cartas, documentos históricos, diarios personales y recortes de prensa. La verdad sobre el caso Savolta incluye recortes de periódicos, informes policiales, cartas, declaraciones judiciales y otros documentos. Odiseo, por su parte, combina monólogo interior, descripción, diálogo, reflexión filosófica y análisis del proceso de escritura. Esta mezcla de elementos contribuye a la complejidad y riqueza de la narrativa.
Asimismo, las tres obras incurren descaradamente en la meta-narratividad, incluyendo momentos de reflexión sobre el propio acto de escribir y la naturaleza de la literatura.
y las tres novelas comparten algunos elementos que las acercan al género detectivesco. Beatus Ille presenta la investigación de Minaya sobre la vida y muerte de Jacinto Solana. La verdad sobre el caso Savolta se centra en la investigación del asesinato del industrial Savolta. Y en Odiseo, aunque de manera más sutil, también hay un componente de investigación a través de la búsqueda de significado y coherencia en el manuscrito.
Pero si tuviera que buscar en la actualidad un autor con quien comparar esta obra primera de Daniel Dilla, en realidad, a quien más me ha recordado es a Ottessa Moshfegh en sus primeros títulos, particularmente en Mi año de descanso y relajación.
Al analizar las similitudes entre Mi año de descanso y relajación de Ottessa Moshfegh y Odiseo de Daniel Dilla, se revelan puntos de encuentro significativos que trascienden las diferencias superficiales de trama y estilo. Ambas novelas, desde perspectivas bien diferentes, exploran temas como la alienación, la identidad, el aislamiento y la búsqueda de sentido en un mundo contemporáneo que se presenta como caótico y deshumanizado. Tanto la narradora de Moshfegh como el protagonista de Dilla, Leonardo Agualusa, se encuentran inmersos en un profundo estado de aislamiento. La protagonista de Mi año de descanso y relajación decide encerrarse voluntariamente en su apartamento, desconectándose del mundo exterior y sumiéndose en un estado de hibernación inducida por fármacos. Por su parte, Leonardo en Odiseo se distancia de su entorno social tras su divorcio y se refugia en la soledad de su apartamento, donde su vida gira en torno a su perro, sus reflexiones y su proceso de escritura. Ambos personajes experimentan una profunda alienación y buscan, a través de sus respectivos caminos, una forma de sobrellevar la existencia.
La narradora de Moshfegh, que se define a sí misma como privilegiada pero a la vez como una vagabunda, se debate entre su deseo de encajar en la sociedad y su necesidad de huir de ella. La hibernación se convierte en un intento de reconstruir su yo a través de un distanciamiento radical de su entorno. En Odiseo, Leonardo lucha por reconstruir su identidad tras su divorcio, explorando su pasado a través de la escritura y la introspección. La figura del perro, Odiseo, actúa como catalizador de este proceso de autoexploración y autoafirmación. En ambos casos, la búsqueda de la identidad se convierte en un viaje introspectivo lleno de dudas e incertidumbres.
Tanto Moshfegh como Dilla emplean la ironía y el humor negro como herramientas para abordar temas como la desesperación, el sufrimiento y la incomunicación.
La protagonista de Mi año de descanso y relajación utiliza el sarcasmo y el autodesprecio para distanciarse de su entorno y de sí misma. En Odiseo, el humor surge de la distancia irónica del protagonista hacia su propio estado y del absurdo de ciertas situaciones. Esta estrategia permite a los autores abordar temas oscuros con una ligereza que resulta tan inquietante como reveladora, manifestando una voluntad de experimentación con la estructura narrativa.
Moshfegh usa una narración en primera persona con un fuerte componente de monólogo interior que refleja el estado mental de la protagonista. Dilla emplea una estructura fragmentada en la que se alternan reflexiones, recuerdos y diálogos en estilo directo e indirecto, creando una sensación de desorden y caos que refleja el estado emocional del protagonista.
Tanto la protagonista de Moshfegh como el narrador de Dilla reflexionan sobre el proceso creativo y la naturaleza de la escritura. En Mi año de descanso y relajación, la protagonista considera su año sabático como un proyecto vital que la llevará a una transformación personal, mientras que en Odiseo, la escritura se convierte para Leonardo en una forma de autoexploración y reconstrucción de su identidad. La novela se convierte en un espacio de reflexión sobre la creación artística y la relación entre vida y literatura. En ambos libros la conciencia meta-narrativa se hace evidente. A pesar de que las dos obras retratan la alienación y el aislamiento, también se vislumbra una búsqueda de un sentido trascendente. La hibernación de la protagonista de Moshfegh puede interpretarse como un intento de alcanzar un estado de conciencia superior o de hallar una respuesta a sus interrogantes existenciales. En Odiseo, Leonardo trata de encontrar un significado a su vida a través de la escritura, su relación con su perro y la reconciliación con su pasado.
En fin, tampoco pretendo darles tanto la brasa; confío en haber podido alumbrar un poco sobre esta novela: Odiseo es un libro que se resiste a las lecturas fáciles y lineales. Su riqueza reside precisamente en su complejidad y en la multiplicidad de voces que la componen. La obra de Leonardo Agualusa es un laberinto de espejos donde la identidad, la memoria y el lenguaje se entrelazan en una reflexión profunda sobre la experiencia humana. El lector, lejos de encontrar respuestas definitivas, se ve invitado a participar en un diálogo abierto con el texto, descubriendo en cada nueva lectura novedosos matices y significados. Forma y contenido son inseparables y los recursos estilísticos empleados no son meros adornos, sino que contribuyen a construir una obra que es, al mismo tiempo, parcialmente autobiográfica (resulta complicado no mirar a Odiseo como un trasunto de Volga, 'la perrilla de Dilla'), ficción y reflexión sobre la escritura. La novela se erige como una exploración de los límites del yo y de las posibilidades del lenguaje para dar forma a la experiencia humana. Es una obra que, lejos de ofrecer respuestas, invita a la reflexión y al cuestionamiento constante.
Incursionen en este universo de Leo y Berni Agualusa, de Mateo León, de Elena Nevisca y compañía, si acaso están preparados para dejarse someter al runrún rumiacional de la loca de la casa, esos monos inquietos de la introspección en una mente atormentada y confusa, si están dispuestos a escuchar y padecer esos acúfenos sin dejarse intimidar, adelante, no sean cobardes.
Mi enhorabuena (y mi envidia tan sana como pueda serlo) a Daniel Dilla (Taganana para mí) por este debut novelístico tan admirablemente escrito y estructurado.
Y concluyo esta chapa dejándoles con este vídeo con un podcast que he creado con la IA de Google NotebookLM alimentándolo con la novela de Taganana. ¡Increíble cómo progresa la tecnología!
Para que no parezca que trato de colar unas voces de IA como reales, he bautizado a los "expertos literarios" del podcast con unos nombres claramente ficticios y uno ha tirado para ello sin pudor del viejo caca-culo-pis, pues independientemente de mi edad, me sigo considerando un chavalín.
A la vuelta de la esquina cronológica, Tessa y Jim (matrimonio) vuelan desde París a Nueva York con el objetivo de llegar a tiempo a casa de unos colegas para ver la final de la Super Bowl del año 2022.
Al aterrizar "de aquella manera" se encuentran con un escenario increíble: un apagón de energía ha dejado el mundo en un estado de pausa.
Acuden a la casa de sus amigos, Max y Diane, donde conocerán a Martin, un antiguo alumno de Diane obsesionado con el manuscrito original de la teoría de la relatividad de Albert Einstein.
Juntos intentan entender qué ha pasado y hasta qué punto el mundo que todos conocíamos ha cambiado para convertirse en algo distinto: un lugar en el que todas las certezas a las que nos agarrábamos como sociedad ya no nos sirven... la misma tecnología que una vez abrió una nueva era y nos hizo sentir inmortales, ahora nos puede llevar a la extinción.
Lo siento, pero no he conseguido pillarle la gracia a este corto relato de DeLillo que se lee en menos de dos horas (lo he escuchado en audiolibro en Audible) y tardas menos de dos mintuos en olvidar.
¡Y eso que me ha coincidido su lectura con la caída de Whatsapp, Facebook e Instagram de seis horas, que es lo más parecido que hemos vivido a lo que se propone en este relato!
...y Vanzando y los demás se perdieron en la selva.
Así rezaba aquel viejo chiste corto antiquísimo.
Pero ahora para mí es como un grito de guerra: tengo que seguir avanzando.
Llevo años estancado con una novela, incapaz de darle un forma global, solo podía funcionar en trocitos sueltos que se iban negando mutuamente.
Así que en vez de seguir empujando como un mulo me he parado a pensar cómo resolver definitivamente el atranque. He cotilleado por la red a ver cómo resuelven ese problema algunos escritores, lo de darle una forma, un esquema, una línea de tiempo, cronograma o como quiera llamarse eso.
He aquí el resultado gráfico de alguna de mis averiguaciones:
Esquema de uno de mis favoritos: Norman Mailer
Aquí los cacaos gráficos de la autora de Harry Potter
Marta Sanz también se maneja virgueramente en la complejidad
Bueno, cada uno tiene su estilo, pero todos tienen una guía que seguir, lo que a mí me faltaba, así que me he puesto manos a la obra y finalmente he conseguido esto:
Empecé con post it en un cuaderno y acabé pasándolo a un tablero con fichas
Y también me he hecho un cuadro muy visual con los personajes principales
Ahora puedo hacerme una idea global bastante rápida y efectiva consultando esos dos cuadros.
Peeero, también estaba harto de que la pereza y el despiste me tuviesen deseperado buscando archivos con partes de la novela (uno solo se me hacía inmanejable) y he decidido buscarme un programa específicamente diseñado para escritores, ideal para una novela.
Todo el mundo parece usar Scrivener, pero yo me he decidido por la alternativa gratuita diseñada por un escritor: yWriter6.
Mi novela en yWriter6
Es fácil de aprender a usar, hay algún manual en español en PDF y algunos tutoriales en Youtube.
He tardado en trasladar la novela completa a ese programa, pero ahora al fin respiro tranquilo sabiendo que está todo en un solo sitio, el conjunto a la vista en un instante y con mis comodines visuales. Veo que tengo casi 40.000 palabras pasadas, pero eso tiene mucho trabajo de poda pendiente.
En fin, al menos ya estoy en condiciones de avanzar hasta el final con todo el camino despejado y con un poco de pendiente favorable.
¡Deséenme suerte!
* * *
Y una vez acabada la interesante lectura de Patrimonio de Philip Roth, ahora tengo varios candidatos en la pila de libros pendientes... no sé por cuál decidirme de entre esta docena de sugerentes títulos.
¿A por cuál me lanzo? Me va a pasar como al asno de Buridán...
Quien me conoce personalmente (o de leerme habitualmente por aquí) sabe de mi gusto por los desafíos, que en ocasiones llega a ser pura obsesión. Puedo tardar años en resolver un enigma, pero al final lo haré, porque no puedo vivir con esa duda.
Hace años fue mi mujer quien —sin proponérselo— me planteó un reto. Conversábamos acerca de nuestras películas favoritas de todos los tiempos. Y de pronto recordó una peli que vio de pequeña en la tele y que le había gustado especialmente... pero apenas supo decirme nada sobre ella. ¿Director? ¡Ni idea! ¿Actores? A saber.
Le pedí que hiciera un esfuerzo de memoria para poder aportarme pistas que me permitieran localizar esa película (y así podría sorprenderla haciéndole un regalo chulo).
Todo lo que pudo aportarme para comenzar mi investigación fue esto:
1/ Película posiblemente en blanco y negro (antes teníamos teles en b/n en nuestra infancia —¡qué mayores somos!—y no podíamos estar seguros de si la peli que veíamos también lo era).
2/ La historia se desarrollaba en China.
3/ En una escena unos campesinos no tenían qué comer y comían arena.
¿Quéeeeee, comer arena? ¿En serio? Sonaba tan extraño que por un momento llegue a dudar de la calidad de los recuerdos de mi querida esposa, pero bien sé que su memoria le da mil vueltas a la mía. Así que inicié, con poca fé, eso sí, mis averiguaciones.
Transcurrieron al menos dos o tres años.
Por más que tiraba de google intentando combinar esos datos para hacer búsquedas no era capaz de dar con pistas sólidas que me condujeran hasta ese misterioso filme.
Mas hete aquí que el azar vino a echarme una mano. Una noche de esas tontas de insomnio, haciendo zapin a las tantas entre los canales del satélite me tropecé con una película en blanco y negro cuya acción parecía transcurrir en China, pero los protagonistas... ¡eran caucasianos ridículamente caracterizados para parecer orientales!
Podría ser esta la que vio mi señora, pensé, así que me quedé mirándola hasta que en una secuencia aparece la protagonista con una olla al fuego con un guiso de... ¡tierra!
¡Bingo, esa era! se trataba de «The Good Earth», que adaptaba fielmente la novela homónima de Pearl S. Buck y que obtuvo cinco nominaciones a los Oscars, consiguiendo dos estatuillas.
Naturalmente, unos días después, me di el lujo de montar una proyección sorpresa privada con mi amada esposa para degustar la peli en las mejores condiciones posibles.
Un curiosidad de esas absurdas: el matrimonio protagonista y la "querida" —personajes chinos los tres— fueron interpretados por actores austriacos todos ellos.
Una cara de mujer —Samantha Morton— aparece y desaparece por efecto de las luces centelleantes de un árbol navideño. Es Nochebuena.
Un plano detalle nos muestra una mano femenina acariciando un cuerpo semidesnudo. La cámara se va moviendo despacio descubriéndonos poco a poco la escena: sobre el suelo del apartamento yace una pareja -inerte él, con profundos cortes en las muñecas- y desnortada ella sobre el charco de sangre, sólo acertando a acariciar el cuerpo frío de quien fue su pareja.
El plano se abre y al fondo vemos el monitor de un PC con una llamada: "Léeme". Es una moderna nota de suicidio.
La veinteañera Morvern, protagonista de nuestra historia, se dirige a leerla y allí descubre los últimos deseos del finado: le lega una tarjeta de crédito -cuyo número secreto ella conoce- con un buen pellizquito y una novela que acababa de escribir el interfecto, con una lista de direcciones de editoriales a las que enviar el original, por estricto orden.
Cabe destacar una frase de la nota del suicida:
"No intentes comprender".
Advertencia que hago extensiva a cuantos espectadores se embarquen para disfrutar de este viaje en compañía de Morvern Callar.
Es lo mejor: no pararse a esperar una película policíaca ni nada convencional, no ensayen hipótesis para justificar el aparentemente extraño comportamiento de la protagonista, simplemente pónganse a su lado y vean cómo se conduce tras tan explosivo arranque.
Así lo hice yo y he disfrutado brutalmente de esta experiencia cinematográfica titulada en España «El viaje de Morvern».
Al llegar a los créditos finales mi sorpresón fue comprobar que la historia esta basada... ¡en una novela! Y me pareció inverosímil porque la potencia que yo he visto en esta película radica en lo visual, en su peculiar narración cinematográfica más que en la historia en sí. Y la sorpresa llegó a su punto culminante al saber que la novela homónima de Alan Warner (¡¿un hombre?!) en la que se basa el guión está escrito... ¡en primera persona!
Lo mejor de la peli radica —e.m.h.o.— en la peculiaridad cinematográfica de Lynne Ramsay, tan originalísima, con ese delicado y delicioso gusto por los detalles anarrativos
aparentemente intrascendentes: ese abrir los
regalos navideños junto al fiambre que los acababa de envolver, ese
jugar con el mechero, con los cierres de la cazadora, los momentos
"voyeur" en la terraza del hotel. Asimismo un uso de planos muy cerrados durante buena parte del metraje resultan bastante agradables y apropiados para el mensaje que se pretende transmitir.
La cámara es muy ágil cuando acompaña a la/s protagonista/s, ya sea en las raves esas, donde la cámara se pasea como un invitado más del fiestorro electrosónico, o en el interior del coche con la familia española (¿cómo puñetas se puede meter una cámara así en un coche y que quede tan natural y real si que se note su presencia?).
Cuando la cámara -a menudo- se mueve junto a las protagonistas, ya sea en su caminar por las Tierras Altas escocesas o por los áridos desiertos almerienses, lo hace como acompañante (al hombro, supongo) pero sin molestos vaivenes mareantes de los Dardenne, igual que cuando entra en los interiores de las habitaciones del hotel o en los apartamentos, en el cuarto de baño y demás. Queda muy veraz sin ser un incordio en ningún momento, que para eso avanza tanto la tecnología de los estabilizadores. De hecho, las transiciones son bastante suaves entre las escenas de cámara al hombro a las de cámara fija.
Si alguien se anima a lanzarse a la caza y captura de esta peli para gozarla les anticipo un poquito más del argumento, si así lo desean: ¿Qué creen que hará Morvern tras hallar el cadáver de su amado? ¿Llamar a la policía, a una ambulancia, a algún familiar? ¿Quizá llorar amargamente y meterse en un convento de clausura?
Pues no, toma del bolsillo del difunto una poco de dinero y se larga con su amiga —compañera del trabajo en un Súper en el que ella despacha verduras— a un fiestorro de Nochebuena para ponerse hasta arriba de pastillas. Y con la pasta se va a una agencia de viajes para pegarse unas estupendas vacaciones con su amiguita en España.
Ojo a la música y su importantísimo peso en la peli, impresionante BSO.
Una mención especial merece la enorme interpretación de la Morton, que si bien ya estuvo genial haciendo de chiquita muda maravillosa en «Acordes y desacuerdos» y/o en su agradecido personaje en aquella pequeña odisea titulada «En América», con esta estupenda interpretación ya se ha ganado mi perdón por el sobresalto infartante que me dio al salir —cual sirenita calva— inesperadamente del agua de la piscinilla aquella de los precogs en su papel de Agatha en «Minority Report» (y grande tambnién en «Code 46» bajo las órdenes de Winterbottom). Este peli es de hace quince años, hoy la Morton ya está para otros papeles, el último en el que la he visto hace de vieja cortesana en la serie "Harlots".
En la parte artística respecto a la iluminación, destacar esos contrastes entre la débil, tristona y grisácea luz escocesa versus la maravillosa, potente, vital y explosiva luz del Cabo de Gata: la obra maestra del mejor director de fotografía de toooodos los tiempos, esto es: Dios. ;-)
Hay algún fotograma que podría ser un cuadro, por ejemplo se me ocurre un plano de Morvern en el interior de una cabina telefónica con la playa al fondo (en España), es tan acojonantemente hermoso como el plano final de «Uzak». Una escena memorable:
Cuando Morvern se sienta en el PC y va borrando (mal detalle por cierto el usar la tecla "Supr" cuando el cursor estaba al final de la línea y no al principio) el nombre de su pareja y lo sutituye por el suyo... Otra escena memorable:
Al perseguir a la cucaracha por los pasillos del hotel, el conocimiento casual subsiguiente y el polvo consecuente (escena que valdría para ejemplificar ese uso de la cámara y de la música que tanto me ha complacido).
Hace un puñao de años tremendo tuve una "casera" en cierta población de la provincia de Málaga, que al verme sacar del maletero del coche tantas cajas con libros encontró un buen tema del que hablar conmigo: Literatura.
La señora empezó a hacer toda una apología de la lectura de lo más loable. Me preguntó por mis gustos y tal.
Al final me confesó que su autor favorito era "Persebú".
—¿Quién?
—Persebú, ¿no lo conoce?
—Ahora no caigo... ¿qué ha escrito?
—Muchos libros muy famosos como "Viento del este, viento del oeste"...
Recuérdenme que otro día les cuente otra anécdota que tengo con Pearl S. Buck, en concreto con "La buena tierra".
Ya dije que haría un vídeo del libro, pero parece que lo que se lleva ahora es hacer un "book trailer".
Y, oye, si es lo que se lleva... pues nos hacemos unos buctrailers de esos. Por falta de ganas no va a ser. Ahí les dejo mi trailer del libro inesperadamente exitoso y superventas "Relatos con codeína".