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martes, 29 de octubre de 2019

¿Sagaz o mamón?¿Culo o codo?

Recuerdo que hace años, un día cualquiera, estaba trabajando en la oficina y me levanté para ir al baño. Cumplimentadas mis necesidades fisiológicas, mientras me lavaba las manos mirándome en el espejo pensé que no le vendrían mal a mis gafas una limpieza. Así que las puse bajo el grifo, con las yemas de los dedos extendí jabón sobre las lentes, las enjuagué y finalmente las sequé con papel higiénico. Los cristales quedaron relucientes.

Volví a mi puesto en la oficina tan ufano y cuál no fue mi sorpresa cuando al sentarme me miró mi compañero de negociado y dijo, como sin darle importancia a la cosa:

—Vaya, Maif, ya era hora de que limpiaras las gafas...

Me quedé ciertamente alucinado. Confieso que durante unos minutos llegué a admirar a mi compañero, por su increíble capacidad de observación. Oigan, yo no soy ningún guarro y mis gafas suelen estar limpias, había que ser un tipo con una retentiva espectacular para apercibirse de que había limpiado mis gafas.


Empecé a pensar que lo mío era un problema, porque yo soy una persona muy distraida y nunca me fijo en nada. De hecho mi compi de negociado podía haberse cambiado de corte de pelo y lo mismo ni me enteraba. En cambio, las personas como él que se fijan tanto en los pequeños detalles tenían mucho ganado, pareciéndome aquello digno de admiración.

En esos pensamientos positivos me hallaba inmerso cuando pasó a mi lado otro compañero y me dijo:

—Anda, Maif, quítate eso que te cuelga antes de que aparezca alguien.

 
Miré hacia donde señalaba y fue entonces cuando me di cuenta de que de una de las patillas de mis gafas colgaba un enorme trozo de papel higiénico que se había quedado enganchado al secar los cristales... Qué mamón mi compi, Patiño, el hioputa.

miércoles, 8 de abril de 2009

Cuando Eurovisión era algo

Corría el año 1980.

Por entonces yo cursaba 7º curso de E.G.B. en un colegio de Alcalá de Henares.

Uno de mis compañeros de clase era belga... de Bélgica.
 
Yo era -y sigo siendo- un forofo del fútbol, del Barça primero y de la selección española después.
 
Se jugó un partido amistoso entre Bélgica y España.
 
Perdimos.
 
El jodido belga no hacía más que restregármelo constantemente, sabiendo que yo me picaba, máxime cuando antes del partido me había permitido fanfarronear acerca del chorreo que les íbamos a meter.
 
Me tenía harto el belga, cada día lo mismo. Mas hete aquí que llegó el festival de la canción de Eurovisión, cuando aquello aún era algo medio digno de atención y gozaba de una cierta popularidad.
 
España no desempeñó un gran papel, quedamos duodécimos, pero los belgas me regalaron esta impagable interpretación que les colocó en los últimos lugares de la clasificación, disfruten del vídeo.



Así que desde el día siguiente hasta final de curso cada vez que veía al belga me ponía las manos sobre las cejas así —cual indio oteando el horizonte— y empezaba a cantarle aquel patético estribillo: "E-go-vi-sión, e-go-vi-sión, e-goooo-viiii-siooon".

¿Y si Dios nos está entrenando? La teoría que une el DMT, el karma y los ángeles

Un cerebro humano fabrica, en su propia glándula pineal, una molécula capaz de abrir la puerta a un mundo poblado de seres. No fantasmas dif...