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lunes, 9 de diciembre de 2019

No hay quien atrape los sueños


familia

Qué alegría que los hijos crezcan fuertes y sanos y lleguen a ser autónomos.

Y qué pena también, qué nostalgia a veces de cuando uno era importante para alguien.

Me viene a la memoria —gracias a mi cuaderno— aquel sábado por la mañana, hace muuuchos años, cuando escuché unos pasitos en el suelo dirigiéndose hasta la cama de matrimonio:

¿Quién anda ahí?

Atrapasueños, dreamcatcher


Era mi hija Marta, tan chiquitita entonces. 

Se mete en la cama conmigo y me cuenta que ha tenido una pesadilla y me reprocha que no funciona el atrapasueños que le compré ayer.

Habrá que llevarlo a la tienda para que lo reparen, aún estará en garantía...

No bromees.

Chiqui, eso del atrapasueños es sólo algo simbólico para tranquilizarnos, es como esas estampitas de la virgen que la abuela va escondiéndonos por la casa y el coche.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Cerebro anquilosado


Definitivamente no estoy en mi mejor momento y el pobre rendimiento que está dando mi cerebro empieza a preocuparme... no sé si será por todo este estrés acumulado de:

1/ Haber dejado de fumar definitivamente (ya van dos semanas).

2/ La aventura de la autopublicación

3/ El nuevo cambio de destino en mi trabajo, con la pereza que da a ciertas edades semicentenarias, ay, si yo adoraba mi mierdizona de miniconfort.

Sala de espera médico

El caso es que hoy he ido al médico con mi hijo y mientras aguardábamos turno en la sala de espera... de pronto se oía como a un majadero darle una voz a un chiquillo, como gritándole o algo parecido. 
Piernas hermosas, legs

Dado que la espera ha sido más larga de lo deseable hemos llegado a escuchar dos o tres veces el maldito chillido absurdo a lo lejos, sin llegar a localizar al personaje que los emitía, aquel sitio es grande y cuenta con varias salas de espera más o menos unidas y un mogollón de consultas a la vez.

En fin, teníamos una radiografía y una cita con el neumólogo para hacerle una espirometría al muchacho. Se distrae uno enseguida con cualquier cosa, en mi caso ha sido contemplando las piernas de una joven que se ha sentado frente a mí, algo hermosísimo. El chaval se distraía con el móvil.

Tras la radiografía hemos pasado a la consulta y el neumólogo aleccionaba a mi hijo acerca de la prueba. Tienes que soplar y blablablá y, llegado el momento X yo doy un grito para que sepas que tienes que soplar a tope.

A mí me ha parecido una cosa muy gore, ridícula y absurda, pero no he comentado nada. Mientras volvíamos a esperar fuera para realizar una nueva medición tras un viaje de ventolín, mi hijo me ha dicho:

Al menos ya sabemos quién era el de los grititos...

¿Eh?

Sí, esos gritos que oíamos antes que tanto nos intrigaban, ya sabemos lo que eran.

Y entonces y sólo entonces he sido capaz de relacionar ambos sucesos, algo que normalmente habría logrado inferir en cuanto le vi hacer la tontá esa en la consulta (ya sé que es un procedimiento estándar). 

En fin, a ver si pronto todo vuelve un poco a la normalidad y mi cerebro empieza a funcionar debidamente.

Gracias al amable lector que me ha recordado que tengo una anécdota pendiente sobre "La buena tierra", eso lo contaré mañana, dios menguante.

Saluti a tutti!

¿Y si Dios nos está entrenando? La teoría que une el DMT, el karma y los ángeles

Un cerebro humano fabrica, en su propia glándula pineal, una molécula capaz de abrir la puerta a un mundo poblado de seres. No fantasmas dif...