domingo, 13 de octubre de 2024

La gasolinera onírica (Kenai Zupe)

Entrada del blog escrita a mano, nada de IA
HECHO A MANO POR HUMANO.
En este blog todas las entradas se escriben a mano, 
sin intervención de inteligencias artificiales. 

En aquel tiempo, hace más de veinte años, no solía viajar solo y me gustaba realizar los trayectos largos de madrugada, al menos desde que descubrí que —con las gafas puestas— podía ver bastante bien la carretera y enfocar apropiadamente las luces de los coches. 

Por algún motivo que no alcanzo a recordar en aquella ocasión viajaba solo y pese a haber abandonado Madrid rumbo al sur, hacía más de cuatro horas, aún no era medianoche. Debió ser casi en Navidad, en fechas muy próximas al solsticio invernal. Transitaba por esas enormes rectas de la llanura de Antequera. Me salí de la autovía que llevaba a Sevilla y puse rumbo a Ronda tomando el desvío hacia Jerez. Tenía ganas de estirar las piernas y no quedaba demasiado combustible, así que cuando vi a lo lejos, a la derecha, las luces de aquella gasolinera tan solitaria, poco antes de llegar a Campillos, decidí parar a repostar. 

Gasolinera onírica

En principio, no aparecía nadie y pensé si acaso estaría cerrada la estación de servicio, pero había luces encendidas y al rato asomó por la puerta un tipo vestido con los colores de una célebre compañía petrolera. No vino hacia mí, sino que desde donde estaba, sin entusiasmo, dijo algo que no conseguí entender. 

Me llevé expresivamente la mano hasta la oreja preguntando: 

—¿Cómo dice? 

El tipo siguió sin acortar su lejanía y gritó una frase ininteligible, que escuché que sonaba algo así como: 

—¡Kenai zupe! 

No era capaz de atribuirle ningún significado lógico a su mensaje que, más que una frase con su sujeto, predicado y demás avíos, parecía el nombre y apellido de algún amigo subsahariano de Orzowei. 

—Disculpe, no le entiendo —volví a gritar sin acercarme yo tampoco a él. 

Pero el hierático individuo, en vez de reformular su mensaje de manera más comprensible, volvió a repetir su críptico conjuro: 

—¡Kenai zupe! 

En mitad de ese paraje solitario, en horas limítrofes con la medianoche, tras una larga travesía solitaria apenas acompañado por la música radiofónica, aquella situación parecía constituir una extraña pesadilla. Miré dos veces la hora en mi reloj Casio digital, por si acaso, pero en ambas ocasiones vi las veintidós cincuenta y nueve, así que no me encontraba soñando, aquel suceso era real pese a su apariencia onírica. 

—Perdone, ¿qué decía? —insistí gritando más. 

El señor puso cara de resignado fastidio y, como si hablara con un tontito, gritó bien alto y más despacio: 

—¡Kenai zupe! ¡Ke-naaai zuuupe! —repitió abriendo los brazos como alejando de sí cualquier responsabilidad.

IA hermosa imagen artística en acuarela de una gasolinera onírica en mitad de un hermoso paisaje semidesértico

Me quedé un rato quieto, pensativo, intentando desentrañar el esotérico mensaje que trataba de transmitirme, pero no fui capaz de desencriptarlo, así que volví a subir al coche y seguí rumbo hacia Ronda sin repostar, dándome por vencido. 

Unos kilómetros más adelante seguía dándole vueltas al incidente, pensando seriamente en si acaso aquel señor le había dado un ictus que no supe diagnosticar y quizá debería haber llamado a una ambulancia. 

En eso pensaba cuando al fin vi la luz y de repente conseguí descodificar el mensaje que aquel señor me intentaba transmitir. Llegué a la conclusión de que la primera frase que no le entendí debió ser: 

—No hay súper. 

Refiriéndose a “gasolina súper”, porque había detenido mi vehículo junto al surtidor de súper, en el que —por cierto— no había ningún cartel avisando de la carestía de tal combustible.

Y cuando me llevé la mano a la oreja para indicarle que no le había entendido su respuesta, traducida al castellano de Valladolid, la expresión 'kenai zupe’ debía significar: 

—Que no hay (gasolina) súper.

Me partía de risa yo solito al percatarme del malentendido tan tonto. 

En años sucesivos he circulado un montón de veces junto a esa gasolinera y siempre recordando la curiosa anécdota al pasar por allí bajo la ventanilla y grito: 

—¡Kenai zupe! 

No hace mucho, al regresar del disfrute de unos días de vacaciones de verano en la Serranía de Ronda, volví a pasar junto a la gasolinera y observé que estaba cerrada porque se encontraban allí en pleno rodaje. Había un montón de gente, furgonetas, camiones, cámaras, iluminación adicional, micrófonos de pértiga y demás, todo un impresionante despliegue técnico. Me pregunté con curiosidad qué sería eso que estaban rodando: acaso un anuncio publicitario, quizá una película o puede ser que una serie de televisión. No tenía ni idea, no había leído nada al respecto ni allí encontré pista alguna que pudiera esclarecer la intriga. 

Poster de la serie Kaos, de Netflix

En los meses siguientes estuve atento a ver si localizaba aquella gasolinera en algún anuncio publicitario, en alguna película o en alguna serie. Busqué en internet a ver si hallaba cualquier información al respecto, pero no encontré absolutamente nada. Para alguien tan maniático y obsesivo como yo para con los misterios resultaba bastante frustrante llevar un par de años sin haber averiguado nada respecto a ese enigma.

Mas hete aquí que la otra noche nos pusimos a ver en Netflix la serie Kaos, una estupenda producción basada en la mitología griega en la que Jeff Goldblum  interpreta a Zeus.

Desde el principio tuve claro que se rodó en buena parte en la geografía española porque se reconocían muy fácilmente localizaciones en Sevilla, Málaga, Almería y Madrid.

Y al fin, al arrancar el tercer episodio, aparecen las tres Furias (las Erinias mitológicas), en plan moteras y llegan a una gasolinera para cumplimentar una venganza tras una maldición. Y tardé unos segundos, pero antes de que las motoristas justicieras abandonaran la estación de servicio que presuntamente se ubicaba en Creta retrocedí con el mando a distancia para cerciorarme bien y exclamé:

—¡¡Es la gasolinera de Kenai Zupe!!

GASOLINERA  Tyndareus al principio del tercer episodio es la Cepsa La Colonia de la carretera A384 cerca de Bobadilla

Y, efectivamente, lo es. Aquí una web con muchas de las localizaciones de la serie: 



jueves, 13 de junio de 2024

«Undante el guardián» de Juan Pérez Díaz

Poco se conoce acerca de la intervención española en la guerra de Vietnam, pero sí: existió.

El presidente estadounidense Lyndon B. Johnson, envió una carta al jefe de Estado español, expresando la necesidad de incrementar las tropas en Vietnam y su convicción de que las perspectivas de paz aumentarían si otros países compartieran sus esfuerzos. La petición de Johnson fue clara y directa.

La respuesta de Franco, fechada el 18 de agosto de 1965, demostró su aguda visión militar. En su carta, Franco señaló que la subversión en Vietnam era un problema político más que militar. Reconoció la dificultad de neutralizar una “guerra de guerrillas” en la jungla asiática y destacó la importancia de comprender las raíces de los conflictos en los países nuevos. Además, hizo consideraciones positivas sobre el líder comunista vietnamita, Ho Chi Minh, al que tenía por un patriota. 

[Aquí se puede leer la carta entera]

portada de la novela Undante el guardian de Juan Perez Diaz
Portada del libro "Undante el guardián"

Pero el dictador español le debía mucho a los norteamericanos y así, para no quedar mal del todo, decidió enviar una unidad médica para ayudar en el conflicto. De esta manera el habilidoso gallego hacía equilibrios para, por un lado no interferir en conflictos extranjeros, pero por otro lado no desairar a su mayor aliado, contribuyendo con esa especie de primera misión humanitaria y sanitaria. A pesar de todo ordenó Franco la mayor confidencialidad al respecto de ese envío de tropas españolas a Vietnam, tanto que servidor se acaba de enterar recién.

En 1966 se pidieron varios voluntarios para desplazarse hasta el delta del Mekong y uno de ellos fue el padre del protagonista de esta novela que hoy vengo a recomedarles: «Undante el guardián», publicada por mi amigo Juan Pérez Díaz en la editorial pandemia.be.

Gracias a esta novela me he enterado de esta historia de las tropas españolas en Vietnam, así como de otros varios asuntos que desconocía.

Edificio del internado del Patronato Militar Virgen de la Paz en Ronda en la actualidad
Edificio del internado del Patronato Militar Virgen de la Paz en Ronda en la actualidad

En este aventurerismo intrépido y temerario de su padre se escuda Juan, el protagonista de esta historia autobiográfica, para justificar su insistencia en pedirle a su padre que le enviara a un lejano internado militar.

Yo, que estudié en ese mismo internado y conocí a Juan cuando llegó a él, puedo dar testimonio de que una de las cosas que más nos llamaba la atención de aquel nuevo alumno era su insólito entusiasmo por vivir en un internado, cuando la mayoría de nosotros estábamos allí de modo involuntario o cuando menos desapasionado. En cambio a él se notaba que le gustaba esa posibilidad de aventuras lejos de su Albacete natal.

Aquel espíritu inquieto buscaba un espacio mágico en el que poder experimentar su propio Vietnam... su Brigadoon, su Shangri-La. Y ese lugar para él fue el Patronato Militar Virgen de la Paz, en Ronda (Málaga).

Óscar Maif sostiene en su mano un ejemplar de la novela Undante el guardia de Juan Perez Diaz
Óscar Maif sostiene un ejemplar de "Undante el guardián" de Juan Pérez Díaz

En la serranía en la que halló el poeta Rilke su "ciudad soñada" se encontró como pez en el agua y desde luego que no paró de nadar y de salpicar. Igual algún lector desconocedor del personaje podría pensar que hay demasiada imaginación en el relato, pero servidor vivió allí con él y puede atestiguar que el relato es de lo más verídico. Yo fui una de esas personas privilegiadas a las que le mostró aquel desconocido, prohibido y peligroso laberinto del tejado.

No voy a revelar más, lean con deleite esta breve novela gótica y de aventuras tan bien contada, dividida en diez capítulos narrados en tercera persona y con un emocionante epílogo en primera persona. Servidor estuvo toda la madrugada leyendo la historia, sin poder soltar el libro hasta acabarlo, porque logró transportarme con mucha emoción a aquel preciso instante en el espacio y el tiempo en el que coincidimos en ese sitio mágico que marcó nuestras vidas y personalidades. Está en Amazon y en la web de la editorial Pandemia.be

Info del autor Juan Perez Diaz en la web de la editorial Pandemia.be
Info del autor Juan Pérez Díaz en la web de la editorial Pandemia.be


martes, 12 de marzo de 2024

La noche de los Oscars de Hollywood 2024

Esta entrada viene a ser Los Oscars de Óscar (Maif).


Gran ceremonia la de anoche en los premios Oscar de la academia estadounidense. Bien el presentador, ceremonia cortita y comenzando más temprano. Me he permitido verla en directo, como hacía antiguamente.

De hecho veo la ceremonia cada año desde los años ochenta. Y siempre en directo, salvo estos últimos dos o tres años, que prefería grabarla y verla luego saltándome los discursos largos y todas las pausas publicitarias.

Como he visto las diez pelis que estaban nominadas a mejor película me voy a permitir, simplemente, puntuarlas según mi gusto del cero al cien. Siguiendo mi costumbre empiezo por la mejor y acabo con la menos puntuada.

Y ustedes, ¿qué nota del 0 al 100 le pondrían a los títulos que han podido ver? Si hay algún lector/a y se animan y se empeñan igual pueden hasta dejar un comentario con sus valoraciones.


poster de The Holdovers96

poster de Poor Things 93

poster de Los asesinos de la luna 82

poster de Oppenheimer 77

poster de Anatomía de una caída 71

poster de La zona de inetrés 67

poster de American Fiction63

poster de Past Lives61

poster de Maestro 60

poster de Barbie59

El libro que empieza cuando el lector se equivoca

Abrimos un libro pensando en la trama y cerramos otro, uno que hablaba de nosotros disfrazado de coartada. El lector cree que va a leer sobr...