viernes, 24 de febrero de 2023

Donna Reed en Beyond Mombasa

Adiós, Netflix, que te follen

Estando uno hasta las narices del jodidamente tedioso buenismo woke de estos tiempos de autocensura y cancelación (la última payasada la nueva redacción en las reediciones de Roald Dahl) y estando no menos cabreado con la estúpida Netflix —que primero te calienta para que compartas tu cuenta y luego se pone en plan soviético a controlar desde dónde te conectas para evitar que compartas—, pues uno decide pasar de la carísima y mediocre Netflix (pese a estar con ellos desde primeros de siglo cuando distribuían pelis en DVD por correo postal) y pasarse a bucear en el catálogo de Prime Video y de la excelente Filmin, e incluso tirar de la vieja e-mulita para deleitarse en la contemplación de pelis antiguas sin tanta tontada de personajes multirraciales en contextos insólitos y de supermujeres empoderadas/facturadoras en tiempos en los que no pintaban demasiado. No es que cualquier tiempo pasado fuese mejor —que normalmente es al contario—, pero hay tonterías del presente que prefiero sortear.

Poster de la película Más allá de Mombasa

Beyond Mombasa, poster original


Así que me puse a navegar a ciegas en el enorme catálogo de pelis de Amazon y fui a parar en una de aventuras africanas: Beyond Mombasa (estrenada en España como Más allá de Mombasa) una peli de 1956 con un metraje de 90 minutos, dirigida por George Marshall e interpretada por Cornel Wilde, Donna Reed y Leo Genn.

Es lo que estaba buscando. Una película de las de antes. En este filme los blancos son los protagonistas, como ocurría antes siempre, las mujeres son hermosas y los hombres caballeros que tratan de seducirlas. Los negros tienen un papel secundario y principalmente son los encargados de llevar las maletas de los blancos cuando se incursionan en la selva. El argumento trata sobre un estadounidense que viaja a Kenia para averiguar acerca de la misteriosa muerte de su hermano. Allí conoce a Ann Wilson, una maestra que le ayuda en su aventura. Juntos se enfrentan a tribus hostiles y otras amenazas insospechadas.

fotograma de Más allá de Mombasa

fotograma de Más allá de Mombasa

fotograma de Más allá de Mombasa

fotograma de Más allá de Mombasa

Foto de Donna Reed en el rodaje de Más allá de Mombasa


En fin, el truco funcionó. No es que sea una gran película, pero sí que da gusto poder regresar a un momento del pasado sin censura, con todas las incorrecciones de la época sin maquillar.

Además, gracias a este visionado quedé prendado de la actriz protagonista. ¿Que qué hagó colgándome de una actriz que lleva muerta treinta y siete años? ¡Lo que me da la gana! ¿Qué más da ser fan de ella o de cualquier otra gran actriz del presente si tiene uno las mismas posibilidades de seducirlas y vivir un idilio con ellas? Lo del enamoramiento cinéfilo siempre ha sido algo platónico.

Así que busqué información de la actriz y comprobé que llegó a actuar hasta en la serie televisiva Dallas y que es la protagonista de la célebre It’s a Wonderful Life (¡Qué bello es vivir!). Así que decidí que este era un buen momento para darle otro visionado al clásico de Frank Capra. Pero de eso hablaré en una próxima entrada...

martes, 31 de enero de 2023

Las mejores películas de 2022 (ranking Top 30)

Coloco mis pelis favoritas en orden de mejor a peor, al final pongo las cinco mejores españolas:


Cartel de la película Bardo


Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades

Todo a la vez en todas partes

Licorice Pizza

La peor persona del mundo 

Eo

Drive my car

Vortex

¿Qué vemos cuando miramos al cielo?  

Sin novedad en el frente

Las ocho montañas 

Un polvo desafortunado o polvo loco  

Belfast

Argentina, 1985

X

Doctor Strange en el multiverso de la locura

The Wonder

Pinocho de Guillermo del Toro

CODA

Kimi

El acontecimiento  

El menú 

Apolo 10 y ½ una infancia espacial

RRR

¡Nop!  

Red Rocket  

 

Mejores pelis españolas:

As bestas

Alcarràs

Modelo 77

Mantícora

Pacifiction

miércoles, 11 de enero de 2023

Religiosidad ante la adversidad

Mi reciente visita, mil veces pospuesta perezosamente desde hace más de una docena de años, al convento dominico de Santo Domingo finalmente ha resultado de lo más inoportuna. 

Claustro de Santo Domingo de Guzmán

Iglesia de Santo Domingo de Guzmán

Coro de Santo Domingo de Guzmán

Aclaremos el asunto: la iglesia, el coro y el claustro son preciosos y da gusto pasear por allí, pero en el espectáculo audiovisual con el que exhiben su hermoso Belén han tenido la pésima idea de incluir el recitado de un penosísimo texto presuntamente religioso que da puta vergüenza ajena escucharlo, de secta horrible. En El Vaticano van a tener que cambiar un poco el márquetin del catolicismo porque está mega rancio, a ver si fichan al community manager de la policía aunque sea, porque con una religión tan escasamente atractiva la gente está pidiendo la portabilidad a otras religiones menos cavernícolas. Yo estoy por pasarme al budismo...

Belén

En fin y todo esto viene a cuento de que hay quienes afirman que en momentos de desconsuelo y temor o cuando uno se aproxima a las inmediaciones de la muerte surge o renace en nosotros una cierta religiosidad que viene a ofrecernos algún consuelo o esperanza.

Dentro de unas horas entraré a un quirófano y lamentablemente no podré acogerme a este comodín de  miedosos porque mi religión, la que me ha tocado mamar en mi espacio y tiempo, la católica, es tan siniestra que prefiere uno que no exista ese repulsivo dios que patrocinan. Que igualmente no existe, gracias a dios, nótese el cachondeo.

La Muerte

Menos mal que yo viví mi propia experiencia religiosa en cierta ocasión en la que estuve temporalmente fuera de mi cuerpo y me encontré en un lugar idílico, levitando cómodamente en un océano de paz y tranquilidad ajeno a cualquier dolencia o preocupación, donde todo era amor y todo era Uno.

Cuando regresé a mi cuerpo lo hice contra mi voluntad, no quería abandonar aquel lugar celestial maravilloso —¡al que sentía pertenecer!— y sólo regresé porque sabía que podría volver allí en otro momento; no albergaba ninguna duda al respecto. La vuelta a mi individualidad corporal resultó violenta y dolorosa, pero es que uno tiende a agarrarse a lo conocido.

Y aquí me tienen bien sujeto a la rama del árbol de la vida, porque por muchos éxtasis religiosos que uno tenga siempre le pasa un poco como al personaje del célebre chiste del coleccionista de mariposas que contaba Eugenio: "Pero... ¿hay alguien más?"

En fin, deséenme suerte y a ver si en un tiempo puedo regresar a este blog más fuerte y animado, si es que queda algún lector/a ahí. Feliz año y eso.

Introducción a las ciencias noéticas y otros saberes prohibidos

De escéptico convencido a explorador de la conciencia no local Desde que tengo uso de razón he leído, indagado e investigado acerca del sent...