jueves, 10 de octubre de 2019

Una casa en Bleturge, de Isabel Bono

De vez en cuando me gusta bucear en la internet antigua y rescatar lo que pueda de los naufragios de gloriosas comunidades que llevan mucho tiempo muertas. Una de mis favoritas es el antiguo grupo de noticias de usenet es.humanidades.literatura.

Por allí escribíamos mucha gente: Sergi Puertas, Purranki Sandongui, Francisco Rodríguez Criado (morris), Alejandro Pareja, Eloy M. Cebrián, jorfasan, Azucena Paradox, Albaroth, coppelius, Sapristi (Sap), Flantains, O'Flaherty, McDyver, Mar, Indah, zinnia, faber, Tony Jobim Brazil, Sus Kiin, Arianrhod, Martí Lloveras Serracanta, Anahís, Pul, Fleishman, Mario Marqués, Leopoldo Perdomo, Maoke, Lunamar, Elagus, Morelliana, Pas, José Puentes, Guns, Poncho Negro, Blanca Barojiana, Runspect, La Maga, Bubi, Vichoff, Znôrt, Zoref, Faisanes, Amelie, alaluzdelalunalunera, Bego Watford, Ninovska, PacoZ, Manuel Molina, Fw, Heura, Alondra... y tantos otros que me resulta imposible recordarlos ahora a todos.

Fragmento de la novela Una casa en Bleturge, de Isabel Bono (Premio Café gijón de novela 2016)

De repente me dio por preguntarme qué habría sido hoy día de aquellas jóvenes promesas que por entonces despuntaban por allí cuales Ansu Fati's literarios: un tal Sergi Puertas y otro que firmaba como Purranki Sandongui. Pero uno propone y Google dispone y el buscador me recondujo para conocer una novela ganadora del Premio de Novela Café Gijón en 2016 Una casa en Bleturge, de Isabel Bono (que era faber en El Patio de usenet).

Una casa en Bleturge, de Isabel Bono (Premio Café gijón de novela 2016)
Yo apenas recordaba a faber porque ella escribía poesía y suelo huir de la poesía como de la peste (me desconfigura el cerebro y me explotan las neuronas, culpa mía). Este mismo prejuicio me hizo temerme que la novela no fuera muy de mi agrado: una poeta metida a novelista... ummmm.

El caso es que me acordé de una experiencia anterior de poeta metido a narrador que me fue bastante bien: Agustín Fernández Mallo y sus recomendables Nocillas (Dream, Experience y Lab) y la Trilogía de la guerra. Entre eso y las buenas críticas que veía me animé a hacerme con la premiada novela.

Y fue una gran idea porque he disfrutado un montón de esta lectura. No me canso de decir a menudo que menos es más y hete aquí una buena prueba de ello: una novela minimalista, con una extensión ligera, con capítulos cortos —algunos brevérrimos—, con frases muy bien podadas y desprovistas de innecesarios adornos... ¡y funciona de maravilla!

Y pese a esta aparente ligereza hay una profundidad enorme con este estilo tan directo y tan concentrado en la psicología de estos poquitos personajes tan bien dibujados con sus acciones cotidianas. Es la manera tan particular y original de Isabel al expresarse lo que le da ese toque mágico que seduce al lector (sirva como ejemplo la frase que he copiado en el post it anterior... qué manera tan original de decirnos que una adolescente aparentaba ser mayor de lo que realmente era).

En fin, que me alegro de que la casualidad me haya conducido hasta este libro que me ha hecho quedarme con ganas de más, ojalá la autora acabe pronto esa segunda novela que se trae entre manos. Les recomiendo que acampen unos días en Bleturge, ese espacio sin dimensiones ni memoria ni dolor, me lo agradecerán. De nada.


Fragmento de la novela Una casa en Bleturge, de Isabel Bono (Premio Café gijón de novela 2016)



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