jueves, 11 de junio de 2020

La profanación y el fantasma

Nunca tuve ocasión de echar raíces.

Desde pequeño nos íbamos mudando de un lugar a otro y no tuvimos una casa fija. No reniego de mi vida, ni siquiera estoy seguro de que sea beneficioso aferrarse a un espacio. 

El caso es que, a diferencia de muchas otras personas —como mi mujer—, no dispongo de ese refugio o santuario que puede representar en algunas ocasiones volver al lugar donde te criaste, en el que creciste; esa especie de alivio vicario de regresar a la protección y la seguridad del útero materno.

Utero materno, caldo primordial primigenio
Soy tan pobre que no dispongo ni de un lugar para la nostalgia...

El único piso en el que duramos un montón de años fue el de Madrid. Una casa estupenda, enorme, situada en una zona privilegiada de la capital, con el metro justo al lado. Estuvimos allí cerca de treinta años.

Recuerdo el día que llegamos a verlo por primera vez: estaba totalmente vacío y resonaban allí nuestras voces aún infantiles jugueteando por aquellos largos pasillos... A mis padres se los veía muy ilusionados porque era el primer piso que "estrenaban".

Llegó un momento en el que había que decidir entre seguir alquilándolo o comprarlo a un precio inferior al del mercado. Mi padre no quería líos y pretendía seguir así, de alquiler a un precio ridículo, pero sus hijos le convencimos de que se trataba de una gran oportunidad. Y lo era.

Pero, ay, vino la crisis y las subidas del Euribor. Mi padre no estaba a gusto con esa espada de Damocles de que llegara un momento en que no pudiese pagar esas cuotas altísimas crecientes y antes de que se produjese tal posible ruina decidió malvender la casa. Una pena. Acabó echándola de menos, lo sé, aunque no tenía sentido andar recordándolo.

Y ahora me ha dado por pensar que si el fantasma de mi padre anduviere por el mundo —atrapado de alguna manera, como en las películas de fenómenos paranormales— regresaría a esa casa, a su lugar favorito en el mundo: el sillón frente a la tele.

Allí me senté con mi padre tantos viernes por la noche a finales de los setenta para ver juntos el programa de José Luis Balbín «La Clave»...

Fotograma de la película de Howard Hawks 'Only Angels Have Wings'
Fotograma de la película de Howard Hawks 'Only Angels Have Wings'

Recuerdo también otra noche, con mi padre lejos de casa, viendo con mi madre aquella vieja peli de Howard Hawks en blanco y negro: Only Angels Have Wings.

Asimismo puedo visualizarme en el verano de 1985 o 1986 jugando a videojuegos conectando a la tele el ZX Spectrum mientras en la radio suena a todas horas el We Are The World.

Y ese mismo verano viendo pelis en el reproductor VHS de madrugada yo solito, con un auricular en un oído para no despertar a nadie ni molestar a los vecinos.

ZX Spectrum, reproductor y cinta VHS y disco de We Are The World
ZX Spectrum, reproductor y cinta VHS y disco de We Are The World

Me desentendí de aquella triste historia de la venta del piso y ni siquiera he vuelto por allí.

Pero hace unos años mi madre me dijo que había visto en internet unas fotos de la casa. Se ve que los nuevos propietariarios habían encargado las reformas a una decoradora y habían puesto las fotos en alguna revista o algo así. Le pedí que me pasara el enlace. Y allí estaba mi  piso. Mi habitación profanada, como todas las demás.


El salón de mi antigua casa, donde se ambientaba 'La hija del coronel'
El salón de mi antigua casa, donde se ambientaba 'La hija del coronel'


Y así lucía tan modernillo nuestro antiguo salón. Al fondo había antes una terraza, desde las columnas hacia el fondo. Parece pequeño por la perspectiva, pero era una gran terraza. El lugar donde está la chaise longue es justo el sitio donde se sentaba mi padre en su sofá: su sitio. Sí, en plan como Sheldon Cooper, si venían amigos a casa había que prevenirles: eh, quita de ahí, que es el sitio de mi padre. Sagrado. Ahora profanado. 

Este es el salón familiar donde tantas comilonas multitudinarias celebramos. Donde está inspirado el relato de La hija del coronel. El lugar del mundo del que puedo sentir mayor nostalgia.

Si los nuevos habitantes de la casa empezáis a observar fenómenos extraños.... ¡huid, insensatos!

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Maifadas *

* Las Maifadas son respuestas disuasorias —por absurdas— para intentar evitar en el futuro más preguntas que le obliguen  a uno a discurrir....