viernes, febrero 21, 2014

Puñado de Post It

He pasado la gripe Z como un campeón: cigarrillo, ventolín, cigarrillo, ventolín, e-cig, aerososol de pulmicort, e-cig, hierba, codeína...

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Uno de lo problemas de comprar por internet es que no calibras bien los tamaños reales con una foto, así que cuando me llegó el paquete con el cigarrillo electrónico dije: mierda, qué grande. Aquello más que un piti parecía el flasheador de «Men in Black» (mola).

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Toda la vida descojonándome de lo no científico y de las terapias alternativas y resulta que lo único que me está consolando de los jodidos dolores de espalda y cuello en estos últimos años es la acupuntura, y eso que antes hasta me daban miedo las agujas.


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Agotado, al final de la semana pude valorar plenamente toda la enormidad de aquel e-cigarrón vicario cuando telefoneé a mamá, sorprendiéndome su largo silencio al otro lado de la línea (tal cual si me estuviese entrevistando Jesús Quintero).
Hasta que caí en la cuenta de que estaba intentando darle una calada al celular y al observar —incrédulo— que tenía el e-cig en la oreja .

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En la Baja Edad Media la edad media era baja.

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Gasté todas mis balas. Contaron el la tele que una persona puede enamorarse hasta en una docena de ocasiones durante su vida. Recuerdo que cuando vivía en Madrid, cada vez que me pillaba atasco en la M-30 me enamoraba tres o cuatro veces diarias de las distintas conductoras cercanas.

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Qué rara casualidad que en un folleto publicitario que me colocan en el limpia del coche se anuncie una academia de una ciudad cercana, en la que viví anteriormente. Lo curioso e inquietante es cuando te das cuenta de que el número de teléfono de contacto es... tu antiguo número. 

Y antes de mí lo fue de un mamón que dejó a deber dinero a mucha gente, lo cual me incomodaba porque cuando llamaban y trataba de explicarles que ese número ahora pertenecía a otro abonado (yo) y no al tipo por el que preguntaban (el mamón), sospecho que se quedaban siempre con la sensación de que se trataba de una vulgar excusa del caradura anterior para no pagarles.


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Del bacalao me gustan hasta sus nadares.

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No me constan datos demográficos acerca de la Alta Edad Media.


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Me imagino que aún hoy alguno llamará a la academia reclamando las deudas del mamón.

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Zamburguesas tecnológicas. En "Humor amarillo" había una prueba en la que los concursantes tenían que cruzar una extensión de agua saltando de piedra en piedra, pero algunas eran falsas. Tal que así me siento tratando de ahorrar algún dinero y preservar una mínima privacidad: icq, messenger, whatsapp (resbalón), telegram...

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Si yo fuese el cobrador del frac y me presentara en esa nueva academia para intentar cobrar la deuda del mamón... volvería sin el dinero y matriculado en un curso de pilates, fijo.

2 comentarios:

  1. Buenas carcajadas he soltado con tus ocurrencias. Supongo que estarás de tan buen humor porque ya estás completamente restablecido. También yo pasé hace poco la gripe (creo que pillé la del pollo). Es una alegría volver a estar sana.

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  2. Te veo siempre fuerte como un roble, con ese delicioso blog que mantienes tan bien nutrido de interesantes entradas que nunca me pierdo.
    ¡Que la buena salud nos acompañe!

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